La oración cristiana

La oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre.

Muy queridos amigos lectores:

Llegamos a la cuarta y última parte de nuestro Catecismo de la Iglesia Católica. Ya en las primeras tres partes tratamos los tres ejes de la vida de la Iglesia: El conocimiento, la celebración y la vivencia de la fe. Pero falta una parte más que le da cuerpo a todo el trabajo y vida de la Iglesia: la Oración. De esto es lo que trata esta última parte, de la cual veremos la primer sección: La oración en la vida cristiana.

PRIMERA SECCIÓN: 

LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA

La oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. Es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones.1

 

CAPÍTULO PRIMERO:

LA REVELACIÓN DE LA ORACIÓN

Existe una vocación universal a la oración, porque Dios, por medio de la creación, llama a todo ser desde la nada. Todas las religiones y, de modo particular, toda la historia de la salvación, dan testimonio de este deseo de Dios por parte del hombre.2

La revelación de la oración en el Antiguo Testamento3  

Abraham es un modelo de oración porque camina en la presencia de Dios, le escucha y obedece. Aún en los momentos de prueba, él continúa creyendo que Dios es fiel. La oración de Moisés es modelo de la oración contemplativa: Dios, que llama a Moisés desde la zarza ardiente, conversa frecuente y largamente con él «cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (Ex 33, 11). De esta intimidad con Dios, Moisés saca la fuerza para interceder con tenacidad a favor del pueblo.

A la sombra de la morada de Dios –el arca de la alianza y más tarde el templo– se desarrolla la oración del pueblo de Dios bajo la guía de sus pastores. Entre ellos, David es el rey «según el corazón de Dios» (cf Hch 13, 22), el pastor que ora por su pueblo. Los profetas sacan de la oración luz y fuerza para exhortar al pueblo a la fe y a la conversión del corazón. Los Salmos son el vértice de la oración en el Antiguo Testamento: la Palabra de Dios se convierte en oración del hombre. Indisociablemente individual y comunitaria, esta oración, inspirada por el Espíritu Santo, canta las maravillas de Dios en la creación y en la historia de la salvación.

La oración es plenamente revelada y realizada en Jesús 4

Conforme a su corazón de hombre, Jesús aprendió a orar de su madre y de la tradición judía. En su humanidad santa dirige a su Padre la oración filial perfecta.

El Evangelio muestra frecuentemente a Jesús en oración. Lo vemos retirarse en soledad, con preferencia durante la noche; ora antes de los momentos decisivos de su misión o de la misión de sus apóstoles. De hecho toda la vida de Jesús es oración, pues está en constante comunión de amor con el Padre. Jesús nos enseña así a orar con su ejemplo y con el Padre nuestro. Nuestra oración es eficaz porque está unida mediante la fe a la oración de Jesús.

La oración de María se caracteriza por su fe y por la ofrenda generosa de todo su ser a Dios. Ella ruega a Jesús, su Hijo, por las necesidades de los hombres.

La oración en el tiempo de la Iglesia 5

En la primera comunidad de Jerusalén los creyentes «acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones» (Hch 2, 42). El Espíritu Santo los educa a la Iglesia en la vida de oración, y le hace entrar cada vez con mayor profundidad en la contemplación y en la unión con el insondable misterio de Cristo.

Las formas esenciales de oración cristiana son la bendición (respuesta agradecida del hombre a Dios) y la adoración (prosternación del hombre ante su creador), la oración de petición (de perdón, o por nuestras necesidades) y de intercesión (pedir en favor de otro), la acción de gracias y la alabanza (reconocimiento de Dios como tal). La Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración.

 

CAPÍTULO SEGUNDO: 

LA TRADICIÓN DE LA ORACIÓN 

A través de la tradición viva es como en la Iglesia el Espíritu Santo enseña a orar a los hijos de Dios, ya que la oración implica contemplación, estudio y comprensión de las realidades espirituales que se experimentan.6

Fuentes de la Oración7 

Las fuentes de la oración cristiana son: la Palabra de Dios, que nos transmite «la ciencia suprema de Cristo» (Flp 3, 8); la liturgia de la Iglesia, que anuncia, actualiza y comunica el misterio de la salvación; las virtudes teologales; las situaciones cotidianas, porque en ellas podemos encontrar a Dios.

El Camino de la Oración8

El camino de nuestra oración es Cristo, porque ésta se dirige a Dios nuestro Padre pero llega a Él sólo si, al menos implícitamente, oramos en el nombre de Jesús. El Espíritu Santo es el maestro interior de la oración cristiana y la Iglesia nos exhorta a invocarlo e implorarlo en toda ocasión: «¡Ven, Espíritu Santo!».

En virtud de la singular cooperación de María con la acción del Espíritu Santo, la Iglesia ama rezar a María y orar con María, pues ella nos «muestra el camino» que es su Hijo, el único Mediador.

Maestros de oración

Los santos son para los cristianos modelos de oración, y a ellos les pedimos también que intercedan, ante la Santísima Trinidad, por nosotros y por el mundo entero.

La familia cristiana constituye el primer ámbito de educación a la oración. La catequesis, los grupos de oración, la «dirección espiritual» son una escuela y una ayuda para la oración.

Se puede orar en cualquier sitio, pero el templo es el lugar propio de la oración litúrgica y de la adoración eucarística; también ayudan a orar «un rincón de oración» en la casa familiar, un monasterio, un santuario.

 

CAPÍTULO TERCERO: 

LA VIDA DE ORACIÓN

Todos los momentos son indicados para la oración, pero la Iglesia propone a los fieles ritmos destinados a alimentar la oración continua: oración de la mañana y del atardecer, antes y después de las comidas, la Liturgia de la Horas, la eucaristía dominical, el santo rosario, las fiestas del año litúrgico.

La tradición cristiana ha conservado tres modos principales de expresar y vivir la oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. Su rasgo común es el recogimiento del corazón.10 

Las expresiones de la oración11

La oración vocal asocia el cuerpo a la oración interior del corazón, pero debe brotar siempre de una fe personal; el padre nuestro es una fórmula perfecta de oración vocal. La meditación es una reflexión orante, que parte sobre todo de la Palabra de Dios en la Biblia; hace intervenir a la inteligencia, la imaginación, la emoción, el deseo, para profundizar nuestra fe, convertir el corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo. La oración contemplativa es una mirada sencilla a Dios en el silencio y el amor. Es un don de Dios, un momento de fe pura, durante el cual el que ora busca a Cristo, se entrega a la voluntad amorosa del Padre y recoge su ser bajo la acción del Espíritu.

El combate de la oración 12

La oración es un don de la gracia, pero presupone siempre una respuesta decidida por nuestra parte, pues el que ora combate contra sí mismo, contra el ambiente y, sobre todo, contra el tentador, que hace todo lo posible para apartarlo de la oración. El combate de la oración es inseparable del progreso en la vida espiritual: se ora como se vive, porque se vive como se ora.

Quienes oran pueden desalentarse frente a las dificultades o los aparentes fracasos. Para vencerlos son necesarias la humildad (para evitar la distracción), la confianza (en Dios como un padre al que buscamos obedecer, no sólo para obtener lo que queremos)  y la perseverancia (para vencer la pereza espiritual).

Orar es siempre posible, pues el tiempo del cristiano es el tiempo de Cristo resucitado. oración y vida cristiana son, por ello, inseparables.

 

Hemos terminado la primera sección de la última parte del Catecismo, pero aún nos queda más por reflexionar sobre este aspecto de la oración, y es por ello que los invito a que nos acompañen en nuestra próxima edición, para así seguir conociendo más sobre nuestra fe y la manera de llevarla a nuestra vida.

¡¡¡Dios los bendiga!!! ■

 

1Cfr. CEC 2558-2565; 2590-2591

2Cfr. CEC 2566-2567

3Cfr. CEC 2570-2580; 2592-2597

4Cfr. CEC 2599-2622;  2674; 2679

5Cfr. CEC 2623-2649

6Cfr. CEC 2650-2651

7Cfr CEC 2652-2662; 2658

8Cfr. CEC 2664; 2670-2682

9Cfr. CEC 2683-2696

10Cfr. CEC 2697-2699; 2720

11Cfr CEC 2700-2719; 2722-2724; 2739-2741

12Cfr CEC 2604; 2725-2758

Por PBRO. GUSTAVO ZAMORA CARREÑO

 

 

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