La economía sacramental

Muy queridos lectores:

Seguimos adelante con el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica. Ya terminamos la primera parte, que trata sobre la Profesión de Fe; ahora iniciaremos nuestra reflexión con la segunda parte, referente a “La celebración del misterio cristiano”. Sólo tocaremos la primera sección, cuyo título es “La Economía Sacramental”.

En esta sección, el catecismo nos dice que La liturgia es la celebración del misterio de Cristo y en particular de su misterio pascual. Mediante el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo, se manifiesta y realiza en ella, a través de signos, la santificación de los hombres. La liturgia es la cumbre hacia la que tiende la acción de la Iglesia y la fuente de la que emana su fuerza vital. La economía sacramental consiste en la comunicación de los frutos de la redención de Cristo, mediante la celebración de los sacramentos de la Iglesia, de modo eminente la eucaristía, «hasta que él vuelva» (1 Co 11, 26).1

CAPÍTULO PRIMERO: EL MISTERIO PASCUAL EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA 

La liturgia, obra de la Santísima Trinidad.2 

En la liturgia el Padre nos colma de sus bendiciones en el Hijo encarnado, muerto y resucitado por nosotros, y derrama en nuestros corazones el Espíritu Santo. La Iglesia bendice al Padre mediante la adoración, la alabanza y la acción de gracias, e implora el don de su Hijo y del Espíritu Santo.

En la liturgia Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual. Al entregar el Espíritu Santo a los apóstoles, les ha concedido, a ellos y a sus sucesores, el poder de actualizar la obra de la salvación por medio del sacrificio eucarístico y de los sacramentos, en los cuales Él mismo actúa para comunicar su gracia a los fieles. El Espíritu Santo prepara a la Iglesia para el encuentro con su Señor, recuerda y manifiesta a Cristo a la fe de la asamblea de creyentes, hace presente y actualiza el misterio de Cristo, une la Iglesia a la vida y misión de Cristo y hace fructificar en ella el don de la comunión.

El misterio pascual en los sacramentos de la Iglesia.3  

“Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se nos otorga la vida divina”. Son siete: bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, orden sagrado y matrimonio.

Los misterios de la vida de Cristo constituyen el fundamento de los sacramentos, los cuales ha confiado a su Iglesia. Son «de la Iglesia» en cuanto son acciones de la Iglesia, la cual es sacramento de la acción de Cristo; y «para ella», en el sentido de que edifican la Iglesia.

El carácter sacramental es un sello espiritual, conferido por los sacramentos del bautismo, confirmación y orden, y constituye promesa y garantía de la protección divina. Por este sello, el cristiano queda configurado a Cristo, participa de diversos modos en su sacerdocio y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversos; queda consagrado al culto divino y al servicio de la Iglesia. El carácter es indeleble, por lo que los sacramentos que lo imprimen sólo pueden recibirse una vez en la vida.

Los sacramentos no sólo suponen la fe, sino que con las palabras y los elementos rituales la alimentan, fortalecen y expresan. Los sacramentos son eficaces, porque es Cristo quien actúa en ellos y quien da la gracia que significan, independientemente de la santidad personal del ministro, pero sus frutos dependen también de las disposiciones del que los recibe. Para los creyentes en Cristo, los sacramentos son necesarios para la salvación, porque otorgan la gracia sacramental, el perdón de los pecados, la adopción como hijos de Dios, la configuración con Cristo Señor y la pertenencia a la Iglesia.

La gracia sacramental es la gracia del Espíritu Santo, dada por Cristo y propia de cada sacramento. Esta gracia ayuda al fiel en su camino de santidad, y también a la Iglesia en su crecimiento de caridad y testimonio. En los sacramentos la Iglesia recibe ya un anticipo de la vida eterna.

CAPÍTULO SEGUNDO: LA CELEBRACIÓN SACRAMENTAL DEL MISTERIO PASCUAL 

Celebrar la liturgia de la Iglesia: quién y cómo.4

En la liturgia actúa el «Cristo total», Cabeza y Cuerpo. En cuanto sumo Sacerdote, Él celebra la liturgia con su Cuerpo, que es la Iglesia del cielo (los ángeles, los santos, la Virgen María, los apóstoles, los mártires, etc.) y de la tierra. Cuando celebramos en los sacramentos el misterio de la salvación, participamos de la liturgia eterna. La Iglesia en la tierra celebra la liturgia como pueblo sacerdotal, cada uno según su propia función, en la unidad del Espíritu Santo: los bautizados se ofrecen como sacrificio espiritual; los ministros ordenados celebran según el orden recibido para el servicio de todos los miembros de la Iglesia; los obispos y presbíteros actúan en la persona de Cristo Cabeza.

La celebración litúrgica está tejida de signos y símbolos, cuyo significado, enraizado en la creación y en las culturas humanas, se precisa en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo. Estos signos, asumidos por Cristo, se convierten en portadores de la acción salvífica y de santificación. Aunque las acciones simbólicas son ya por sí mismas un lenguaje, es preciso que las palabras del rito acompañen y vivifiquen estas acciones.

La música y el canto deben de tener: una conformidad de los textos a la doctrina católica, con origen preferiblemente en la Sagrada Escritura y en las fuentes litúrgicas; la belleza expresiva de la oración; la calidad de la música; la participación de la asamblea; la riqueza cultural del pueblo de Dios y el carácter sagrado y solemne de la celebración.

Celebrar la liturgia: lugar y tiempos.5 

La imagen de Cristo es el icono litúrgico por excelencia. Ésta y las demás imágenes proclaman el mismo mensaje evangélico que la Sagrada Escritura transmite mediante la palabra, y ayudan a despertar y alimentar la fe de los creyentes.

El centro del tiempo litúrgico es el domingo, fundamento y núcleo de todo el año litúrgico, que tiene su culminación en la Pascua anual, fiesta de las fiestas. La función del año litúrgico es celebrar todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación hasta su retorno glorioso. En días determinados, la Iglesia venera con especial amor a María, la bienaventurada Madre de Dios, y hace también memoria de los santos, que vivieron para Cristo, con Él padecieron y con Él han sido glorificados.

La Liturgia de las Horas, oración pública y común de la Iglesia, es la oración de Cristo con su Cuerpo, la Iglesia. Por su medio, el misterio de Cristo, que celebramos en la eucaristía, santifica y transfigura el tiempo de cada día. Se compone principalmente de salmos y otros textos bíblicos, además de lecturas de los santos padres y maestros espirituales.

Cristo es el verdadero templo de Dios, por medio del cual también los cristianos y la Iglesia entera se convierten en templos del Dios vivo. Sin embargo, el pueblo de Dios, en su condición terrenal, tiene necesidad de lugares donde la comunidad pueda reunirse para celebrar la liturgia. Los edificios sagrados son las casas de Dios, lugares de oración, en los que la Iglesia celebra sobre todo la eucaristía y adora a Cristo realmente presente en el tabernáculo. Los lugares principales dentro de los edificios sagrados son: el altar, el sagrario o tabernáculo, el receptáculo (para los santos óleos), la sede del obispo (cátedra) o del presbítero, el ambón, la pila bautismal y el confesionario.

Diversidad litúrgica y unidad del misterio.6 

Desde los orígenes de la Iglesia la liturgia ha encontrado en los distintos pueblos y culturas expresiones variadas y complementarias. Para asegurar la unidad, el criterio es la comunión en la fe y en los sacramentos recibidos de los apóstoles, significada y garantizada por la sucesión apostólica. En la liturgia, sobre todo en la de los sacramentos, existen elementos inmutables por ser de institución divina, así como elementos susceptibles de cambio, que la Iglesia puede y a veces debe incluso adaptar a las culturas de los diversos pueblos.

Hasta aquí nuestra síntesis de esta segunda parte del catecismo, en su primer sección sobre la economía sacramental, donde hablamos de la liturgia como un todo y de lo general de los sacramentos. Ya en la siguiente sección reflexionaremos más directamente sobre cada uno de los siete sacramentos. No olviden que pueden profundizar más leyendo los números referidos sobre el catecismo. Por lo pronto espero que este material les haya ayudado a conocer un poco más sobre la celebración de nuestra fe.

Los espero en la siguiente edición y pido a Dios los llene de bendiciones.

Por PBRO. GUSTAVO ZAMORA CARREÑO

 

1Cfr. CEC 1066-1076

2Cfr. CEC 1077-1112

3Cfr. CEC 1113-1134. 2003

4Cfr. CEC 1135-1137; 1140-1144;1187-1191

5Cfr. CEC 1159-1161; 1163-1186; 1192-1199

6Cfr. CEC 1200-1209

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