El que no arriesga no ama

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¿Qué tanto estoy dispuesto a arriesgar por mi fe? “¿Por qué en otras religiones la gente está dispuesta a sacrificarse y a entregarse y los católicos no?”

 

Hace pocos días, en una ciudad leía en una barda una frase de “Acción Poética” que llamó fuertemente mi atención. Decía –parafraseando un refrán- lo siguiente: “El que no arriesga no ama”. No puedo negar que me gustó como lema para un trabajo pastoral, y como un punto de reflexión en este Año de la Fe. Me brotó una pregunta personal –que hasta puede ser comunitaria- ¿Qué tanto estoy dispuesto a arriesgar por mi fe? Hace poco, un sobrino me cuestionaba: “¿Porqué en otras religiones la gente está dispuesta a sacrificarse y a entregarse y los católicos no?”. En la cárcel es frecuente encontrar a los mismos internos que dan testimonio de su fe, pero ninguno es católico. Y el duc in altum ¿Lo hemos olvidado? La respuesta es simple. No hemos arriesgado lo suficiente, y, por lo menos en mi caso, es un cuestionamiento fuerte: arriesgo poco porque poco amo.

El Papa en su visita a Brasil dijo unas palabras que no tienen desperdicio: “No podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad cuando  tantas personas están esperando el Evangelio. No es un simple abrir la puerta para acoger, sino para salir a buscar y encontrar. Pensemos con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados, los que no suelen frecuentar la parroquia. También ellos están invitados a la mesa del Señor”

En conformismo es el enemigo del amor. Si bien es cierto que hemos encontrado en nuestras parroquias que nos sorprenden por su valor y audacia, quienes con su entrega y compromiso no solamente son para nosotros un ejemplo, sino hasta un cuestionamiento para nuestro ministerio.

Es cierto, nos han tocado tiempos difíciles, pero, revisando la historia ¿ha habido tiempos fáciles para el Evangelio? Siglo tras siglo nos daremos cuenta de que todos aquellos que decidieron seguir a Jesús encontraron fuertes dificultades, incluso más que las nuestras.. Inclusive, en las actividades diocesanas, a pesar del ambiente, la asistencia a eventos diocesanos y la participación van en aumento: los encuentros de jóvenes, las peregrinaciones y las pláticas de matrimonios, superando a las expectativas de los propios organizadores que no se dejaron abatir por el fácil recurso de un pesimismo disfrazado de realismo.

“Lo que nos guía –prosigue el Papa-, es la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y trasformado por la verdad que es Cristo y no puede dejar de proclamarlo. Queridos hermanos y hermanas, estamos llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio y a promover con valentía la cultura del encuentro”

Un agradecimiento a todos aquellos que han tomado en serio el llamado de Jesús y que se han constituido como ejemplos para nosotros. En el pasado encuentro de Pastoral Penitenciara Nacional, fue ejemplar el compromiso de muchos laicos que desempeñaban con alegría y compromiso su anuncio edn muchas partes del país, cuyo reto principal es el de encontrar a Jesús precisamente en los ambientes más hostiles. En la Basílica de Guadalupe, nuestro Obispo compartió con nosotros un fragmento de la carta de un preso que testimoniaba la manera que encontraba en su fe fuerza ante las dificultades

El que no arriesga no ama. Asumamos el reto. ■

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