Hora Santa. ¿En qué Mesías creemos nosotros?

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EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Creemos en ti, Padre, porque nos liberas de la muerte eterna, en tu Hijo amado, que está a nuestro lado y nos fortalece en la tristeza y aflicción. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo, porque nos liberas al sufrir fuertemente, sobre todo en la cruz, y nos invitas a tomar nuestra cruz siguiéndote a ti. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo, porque nos liberas después de la resurrección de Cristo al tercer día y nos prometes encontrarnos en la vida nueva. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Oración: Padre: Que sepamos aceptar la insegura oscuridad de la humildad y el sufrimiento como el precio a pagar por la luz y la alegría. Enséñanos el camino de tu Hijo Jesucristo, que murió por propia y libre voluntad para que nosotros tengamos nueva vida. Te lo pedimos en el nombre del mismo Jesús, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

Monición: Jesús vino para hacer que la gente se abra a Dios, de forma que puedan alabarle por sus grandes obras. Nos ponemos de pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Marcos: En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”. Entonces Él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie. Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día. Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”. Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. Palabra del Señor.

Oración Personal.

1. Durante largo tiempo, los pintores, músicos, poetas, escritores, escultores y sobre todo teólogos, han intentado dar respuesta a la pregunta que hace Jesús: ¿quién dicen que soy yo? Se dan respuestas incluso a través de distintas congregaciones religiosas y movimientos, por el carisma que ven a lo largo de su vida y de sus acciones. Hoy vuelve el evangelio a la pregunta y en él encontramos dos partes: en la primera, Jesús nos dice quién es él y cómo debemos pensarlo. En la segunda, él mismo indica quién somos nosotros en cuanto seguidores suyos. Veamos: “Ellos le contestaron: Unos, Juan Bautista; otros Elías, y otros, uno de los profetas”. Antes, sus paisanos habían contestado: “el hijo del carpintero”, sus familiares: “está fuera de sí”, los fariseos: “es un poseso y endemoniado”. Hay, como hoy, opiniones para todo: el Hijo de Dios, un revolucionario, un mito que no existió, un gran hombre, un líder, un reformador social, algo cósmico… Las respuestas son de una variedad desconcertante. Así era ya en tiempos de Jesús, por eso la pregunta es para nosotros hoy: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”

Oración Personal.

2. ¿En qué clase de Mesías creemos nosotros? Es esta una pregunta que nosotros debemos hacernos frecuentemente a nosotros mismos. Porque los mismos apóstoles tuvieron que hacérsela a sí mismos muchas veces, después de la muerte del Maestro. En un principio los apóstoles creían en un Mesías triunfante y arrollador, que instauraría un reino de Dios en el que ellos serían los primeros ministros. Y cuando Jesús les dice que no va a ser así, sino que el Mesías tendría que padecer mucho, ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días, Pedro le corrige seriamente y trata de corregirle. Jesús responde a Pedro airadamente y le reprende: “¡Quítate de mí vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios”! ¡“El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”! Jesús le indica que ha construido en su corazón algo que corresponde a sus deseos, pero no a la realidad de lo que Él es. Nuestra fe está siempre en peligro de quedarse en una pura confesión de palabra y dejar fuera la realidad desagradable.

Oración Personal.

3. En la segunda parte del texto evangélico, Jesús no se dirige sólo a los apóstoles, sino a todos los que quieran seguirlo y nos marca el camino: “El que quiera venir conmigo…”. Negarse a sí mismo, cargar con la cruz, perder la vida… es una invitación: “El que quiera”. El cristiano sacrifica todo, renuncia a todo, por la libertad de amar sin medida. La cruz ya está en nuestra sociedad y en nosotros, pero nadie nos podrá cargar con ella. Hay que entender que el plan de Dios sobre nuestra vida muchas veces no coincide con nuestras ideas y si coincide demasiado, hay que sospechar. Ser discípulo de Jesús significa seguir su camino, no los propios deseos. No significa buscar la cruz, sino aceptarla, ni esperar ser perseguido; estas son consecuencias que vendrán si le seguimos con coherencia.

Oración Personal.

4. Ser discípulo de Jesús es no tender en la comodidad de Pedro que dice: “Hagamos tres tiendas” o a pensar y anidar en nuestro corazón sueños como los de él: que Cristo está para resolvernos los posibles problemas que tengamos, sea la salud, o el trabajo, o la familia…etc. Esto es algo bastante normal entre nosotros, pero debemos pensar en la respuesta que Cristo dio a Pedro: “él que quiera venir conmigo”. Esto no quiere decir que Cristo no sepa premiar las obras buenas de los que le siguen y que sólo prometa cruz y dolor. La religión cristiana no puede ni debe ser una religión victimista; también Cristo ha prometido a los que le siguen obtener en esta vida cien veces más y, después, la vida eterna. Debemos saber que, como Cristo, también nosotros tendremos en esta vida nuestra propia pasión, pero no debemos dudar que el final será siempre la resurrección gloriosa. ¡Por la cruz a la luz! Con esta esperanza firme debemos vivir.

Oración Personal.

5. Cada cristiano ha de ser como Cristo. Diciendo con él: yo no me he rebelado, ni me he echado atrás. También cuando la oscuridad de la tentación nos cubra con su sombra. Entonces llorar y callar. Y rezar. Caminando, y cayendo, por ese camino que la sabiduría grande y el amor hondo de Dios nos ha señalado como nuestro camino de la Cruz, nuestro Vía Crucis personal. Sin quejas, sin complejo de víctimas, serenos, fuertes… La fuerza de Dios está en el secreto de ese vigor extraordinario, de ese cambio personal. Si el Señor me ayuda, ¿quién podrá desalentarme? Es como un desafío que brota de los labios del hombre justo. Y lo que era débil se vuelve fuerte. Y lo que aparecía como insuperable, se supera finalmente. San Pablo se hace eco de estos sentimientos: Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? El que aun a su hijo no perdonó sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente con él todas las cosas? Siendo Dios quien justifica, ¿quién será el que condene?. Esta es la respuesta que quiere Jesús al preguntarnos sobre nuestra libertad en seguirle, para darnos la fortaleza que proviene de su espíritu y así permanecer firmes en su camino.

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie) Oremos a nuestro Dios de vida y amor, que nos ha creado para ser felices, que aprendamos a afrontar las responsabilidades y dificultades de la vida, y digamos:

R/ ¡Señor escucha el clamor de tu pueblo!

1. Por la Iglesia, para que no sienta vergüenza de predicar a Cristo crucificado y de ser ante el mundo humilde y modesta como él, oremos.

2. Por nuestra diócesis y su administrador apostólico con los sacerdotes y la vida consagrada, que prediquen con alegría y fidelidad a Cristo crucificado a su pueblo, en espera de un pastor santo y sabio, oremos.

3. Por los gobernantes y los políticos, para que tenga el valor de levantarse en su favor de los pobres y necesitados y llevarles a la justicia, al amor y a la paz, oremos.

4. Por los jóvenes y los ancianos, por los pobres que “no cuentan” a los ojos del mundo, para que no sean inhumanamente pisoteados por los grandes y poderosos, oremos.

5. Por los enfermos y discapacitados, para que saquen fuerza espiritual al saber cuán cerca están del Señor sufriente, reconociendo en nuestras acciones sensibles y delicadas el amor de Dios, oremos.

Señor Jesús, Dios nuestro, sabiendo que tú cargaste con la cruz salvadora, haz que nuestra cruz sea llevadera. Te lo pedimos a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

6. No me pidas demasiado, Señor, porque tengo miedo a perderte si, en el camino me encuentro contrariedades. Porque, mi vida, a veces cómoda y caprichosa se mueve más con los impulsos del mundo que con la fuerza de la fe. Porque, temo decirte que “te amo” cuando, tal vez, sin quererlo o sabiendo me amo demasiado a mí mismo alejándome de ti y de tus mandatos. Porque, diciéndote que “te quiero” me cuesta manifestar públicamente que, tu camino y mi amistad contigo, no siempre ha de estar lleno de reconocimientos por los poderes del mundo. Porque digo “creo en Ti” y miro hacia otro lado. Proclamo “espero en Ti” y me guío por otras estrellas. Grito “eres lo más grande” y te dejo, pequeño e insignificante, con mis obras. Como Pedro, Señor, yo te digo que tú eres el Hijo de Dios. El que rompe los ruidos de la violencia, con la fraternidad. El que quita el odio, con la fuente de tu amor. Por eso, Señor, no me pidas demasiado, pero, ayúdame, a crecer en mi trato contigo. Como al Señor, lo más querido en mi vida y en mi corazón. Amén.

BENDICIÓN Les diste Señor, el pan del cielo. Que contiene en sí todo deleite.

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES: *Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

RESERVA Oremos por las intensiones de nuestro Santo Padre y nuestra Diócesis.

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