“Alegrarse con el bien de los demás”

“Creemos en ti, Padre porque con tu bondad nos abres el camino de la salvación desde la Iglesia de tu Hijo.” (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
“Creemos en ti, Jesucristo porque con tu bondad entregaste tu vida por todos los pecadores y nos invitaste a participar de tu reino, desde tu Iglesia.” (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
“Creemos en ti, Espíritu Santo porque con tu bondad nos concedes dones, desde la Iglesia, para alcanzar el reino.” (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Gracias por aceptar tanto a los pequeños como a los grandes, a los que vuelven a ti a última hora como a los que, por tu amoroso llamado, han trabajado duro en tu viña toda la vida. Ábrenos más a los dones gratuitos de tu gracia; haz que los aceptemos con gratitud y que apreciemos cuando das generosamente a otros. Transforma nuestros caminos egoístas en tus caminos de amor. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: Dios nos llama en todo momento de nuestra vida a trabajar en su viña. Escuchemos. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: `¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’. Ellos le respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’. Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’. Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno? De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”. Palabra del Señor.

Oración Personal.

1. Antes de este pasaje, el versículo dice: “en efecto” que es muy importante, porque Jesús afirma que “los primeros serán los últimos y los últimos los primeros” con las mismas palabras que repetirá al final de esta parábola. Palabras, por tanto, importantísimas, fundamentales, que nos quieren indicar la dirección que hay que tomar. Jesús es el Reino de Dios, el reino de los cielos; Él es el mundo nuevo, al cuál estamos invitados a entrar. Pero el suyo es un mundo al revés, donde nuestra lógica de poder, ganancia, recompensa, habilidad, esfuerzo, no vale y se substituye por otra lógica, la de la gratuidad absoluta, del amor misericordioso y sobreabundante. Podemos preguntarnos de manera personal.: ¿Me creo ser el primero, ser fuerte y capaz?; ¿Me he colocado en el primer puesto en la mesa del Señor? Si es así, es mejor que me levante y me vaya a ocupar el último puesto. Allí el Señor vendrá a buscarme, y llamándome, me levantará, me colocará en el mejor puesto hacia Él.

Oración Personal.

2. Jesús se compara aquí a un dueño de casa, usando una figura particular, que aparece muchas veces en el evangelio. El dueño de casa es el amo de la viña, que se cuida de ella, rodeándola con un muro, excavando un foso, cultivándola con amor y sudor, para que pueda dar sus mejores frutos. Es el dueño de casa que ofrece una gran cena, con muchos invitados, llamando a su mesa a los más abandonados, los cojos, los ciegos. Es el que vuelve de las bodas y al que debemos esperar vigilando, porque no sabemos ni el día ni la hora; es el dueño de casa que ha salido para un largo viaje, que ha mandado vigilar, para estar preparados para abrirle, en cuanto regrese y toque a la puerta a la tarde, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada. Comprendemos, pues, que el Señor está esperando, el fruto bueno; que nos ha elegido como invitados a su mesa; que volverá y vendrá a buscarnos y llamará a nuestra puerta…¿Estoy preparado para responderle? ¿Para abrirle? ¿Para ofrecerle el fruto del amor que Él espera de mí? O por el contrario ¿estoy durmiendo, preocupado con otros miles intereses, esclavizado por otros dueños de casa, diversos y lejanos de Él?

Oración Personal.

3. El Señor Jesús, dueño de la casa y de la viña, sale repetidamente para llamarnos y enviar: al alba, a las nueve, a mediodía, a las tres de la tarde, a las cinco, cuando ya la jornada está por finalizar. Él no se cansa; viene a buscarnos, para ofrecernos su amor, su presencia, para estrechar un pacto con nosotros. Él desea ofrecernos su viña, su belleza. Cuando nos encontremos, cuando Él fijándose en nosotros, nos ame, ¿qué le responderemos? ¿Me entristeceré porque tengo muchos bienes? ¿Le pediré que me dé por excusado, porque yo ya tengo otros compromisos? ¿Huiré corriendo desnudo, perdiendo lo poco de felicidad que me ha quedado para cubrirme? O, más bien, le diré: “Sí, sí” y luego no iré. Siento que esta palabra nos pone en situación difícil, nos escruta hasta el fondo, nos revela nuestra vida… quedo asustado por mi libertad, pero decido, delante del Señor que me habla, hacer como María y decir: “Señor, hágase en mí como tú has dicho” con humilde disponibilidad y abandono.

Oración Personal.

4. También el evangelio nos coloca de frente a nuestra relación con los otros, los hermanos y hermanas que comparten con nosotros el camino del seguimiento a Jesús. Todos estamos llamados a estar con Él, a la tarde, después del trabajo de cada día: Él abre su tesoro de amor y comienza a distribuir, a repartir gracia, misericordia, compasión, amistad, todo Él mismo. Mateo hace notar en este punto, que alguno murmura contra el dueño de la viña, contra el Señor. Nace la indignación, porque Él trata a todos igualmente, con la misma intensidad de amor, con la misma sobreabundancia. Quizás está escrito también de nosotros estas líneas: el evangelio sabe poner un nudo a nuestro corazón, la parte más escondida de nosotros mismo. Quizás el Señor dirige precisamente a mí aquellas palabras cargadas de tristeza: “¿Acaso tú también eres envidioso?.” Me debo dejar interrogar, debo permitir que Él entre dentro de mí y me mire con sus ojos penetrantes, porque sólo si Él me mira, podré ser curado. Ahora le pido: “Señor, te ruego, ven a mí, pon tu palabra en mi corazón para que germine nueva vida, vida de amor”.

Oración Personal.

5. Por último, en la figura de la viña, aparentemente sencilla y cotidiana, Mateo condensa una realidad, mucha más rica y profunda, siempre más fuerte de significado, a medida que los textos se acercan a la revelación plena en Jesús. En el primer libro de los Reyes, en el cap. 21, se narra el hecho violento que envuelve a Nabot, un simple súbdito del corrupto rey Acab, el cuál poseía una viña, plantada, para su desdicha, precisamente junto al palacio del rey. La narración nos hace comprender cuánto fuera importante la viña, una propiedad inviolable: por nada del mundo Nabot la hubiera cedido, como dijo: “¡Me guarde el Señor de cederte la heredad de mis padres!”. Por amor a ella, él perdió la vida. Como se ve, la viña representa el bien más precioso, la heredad de la familia, por cierta parte, la identidad de la persona; no se la puede malvender, ceder a los otros, cambiarlo por otros bienes, que no consiguen igualarla. Ella esconde una fuerza vital, espiritual. Pregúntate: ¿Estás dispuesto a vigilar y trabajar la viña que te está entregando el Señor? ¿Cuánto tiempo le dedicas a esa viña, para que esperes la recompensa del denario prometido?

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
Oremos a Dios nuestro Padre, cuya generosidad es siempre mayor de lo que esperamos o podemos imaginar, diciendo:
R/ Señor, tu amor es eterno y sin medida.

  • Por la Iglesia, para que la fe de los nuevos conversos despierte e inspire a los nacidos en familias tradicionalmente cristianas. Oremos.
  • Por los gobernantes, para que haya más justicia en nuestro mundo, pero que esté siempre imbuida de mucho amor. Oremos.
  • Por los cristianos, para que contribuyan al bien de nuestro mundo, compartiendo con generosidad y bondad todos los bienes que de ti hemos recibido. Oremos.
  • Por los jóvenes, para que cada uno sea aceptado tal como es; que no excluyamos a nadie de nuestro amor, y que sean generosos en el llamado que les haces. Oremos.
  • Por nuestras comunidad, para que no seamos celosos de los dones y talentos de otros, sino que permitamos y apoyemos a los demás a usar los suyos al servicio de la unidad y del crecimiento de todos. Oremos.

Señor, todavía tenemos que aprender muchísimo de ti. Haznos generosos para que vivamos en plenitud y llevemos a otros a la vida, por Jesucristo nuestro Señor.

6. Gracias, Señor: Porque en mi comodidad yo estaba un día sentado cuando, por tu nombre, salí hacia tu encuentro. Porque en mi egoísmo estaba un día cerrado cuando, por tu nombre, comprobé que la mayor riqueza es el dar y no recibir. Porque en mi particular justicia estaba yo confundido cuando, por tu nombre, aprendí a diferenciar la verdad de la mentira. Porque en mi aburrimiento estaba una tarde desanimado cuando, por tu nombre, me sentí llamado a la alegría de tu misión. Porque en mi envidia estaba un amanecer asomado cuando, por tu nombre, acepté que es grande el servirte sin juzgar ni exigir la suerte que tú repartes. Porque en mis ideas tejía proyectos y planes cuando, por tu nombre, vi que los tuyos daban dignidad al hombre. Por todo, eso y por mucho más, te doy las gracias, Señor. Amén.

BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo.
Que contiene en sí todo deleite
OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

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