“Dios nos creo, hombre y mujer, para el amor”

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Creemos en ti, Padre, porque desde la creación del hombre y la mujer, los pensaste para la felicidad y no para la soledad. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo, porque desde la fidelidad que le mostraste a la humanidad, por amor al Padre, te entregaste sin límites en la cruz. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo, porque desde ti, los corazones de los matrimonios se motivan, para que siempre renueven su compromiso de amor. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Oración: Padre: fuente y origen de todo amor, bendito seas por tu amor inscrito en el corazón de pueblo; bendito seas por darnos a tu Hijo como prueba y señal de tu fiel amor. No permitas que separemos lo que tú has unido para siempre: hombre y mujer en el matrimonio de tu Iglesia. Que todos vivamos en tu amor. Te lo pedimos, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

Monición: Jesús, en el Evangelio nos dice que el amor, si se cuida, no se apagará nunca y, además, contará con la bendición de Dios . Nos ponemos de pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Marcos: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?” Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”. Palabra del Señor.

Oración Personal.

1. La Desde el corazón de Dios podemos ver el deseo de felicidad que tiene para el hombre cuando dice: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude» Desde ahí vemos que nada hace más feliz al hombre que un corazón que se asemeje a él, que le corresponda, que lo ame y que acabe con la soledad y el sentirse solo. Podemos afirmar entonces que Dios no ha creado el ser humano para vivir en la tristeza o para estar solo, sino para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que es su complemento; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos, este es el fin fundamental del matrimonio.

Oración Personal.

2. Cuando Jesús, ante la pregunta, para hacerlo quedar mal ante la multitud que lo seguía y que practicaba el divorcio, responde de forma sencilla e inesperada: se fundamenta desde el origen de la creación, para enseñarnos que Dios bendice el amor humano, él une los corazones de dos personas que se aman para la unidad y la indisolubilidad. La vida matrimonial no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre. Jesús restablece así el orden original y originante. Una sola carne. El amor en el matrimonio es elevado por Dios a un nivel verdaderamente divino, porque Dios ama a cada uno de los esposos a través del amor del otro, y cada uno ama a Dios amando al otro. En el matrimonio, tanto el hombre como la mujer “son una sola carne” y, por tanto, busca siempre el uno la felicidad del otro. Ya no se preguntará si “yo soy feliz”, sino si “estoy haciendo feliz al otro”. Porque en la medida en que el esposo haga feliz a su mujer, será también él feliz y viceversa. Para llevarlo a cabo, recordemos a San Francisco de Asís cuando dice: “Donde haya odio, lleve yo el Amor. Donde haya ofensa, lleve yo el Perdón. Donde haya discordia, lleve yo la Unión. Donde haya duda, lleve yo la Fe. Donde haya error, lleve yo la Verdad. Donde haya desesperación, lleve yo la Alegría. Donde haya tinieblas, lleve yo la Luz.…”.

Oración Personal.

3. ¿Qué calidad tiene este amor divino? Es un amor que toma la iniciativa. No espera que el otro dé el primer paso. Se lanza él primero. Además es comprensivo, disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites. Sabe perdonar porque no busca el propio interés, sino el del otro. Es capaz de decir “¡Perdóname!” y “Te perdono, porque te quiero”. Un amor personal que lleva a aceptar al otro como es, sin pretender cambiarlo, ni dominarlo, ni anularlo. Quiere la realización del otro sin esclavitudes. Es como tener al ser querido en un pedestal, buscando en todo momento su bien. Un amor total que pone en juego todo lo que somos. El amor se dirige a toda la persona, no sólo al cuerpo, de tal manera que la misma relación sexual se convierte en la forma privilegiada de amor y entrega al otro. La persona es corazón: amar es darse. Cada uno ofrece al otro todo su cariño para hacer feliz al otro. Este es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación recíproca.

Oración Personal.

4. Un amor fecundo y fiel. Necesita salir de sí mismo. Dar vida: los hijos, fruto del amor. Pero debe ser fecundo para los demás. No se trata solamente de mirarse el uno al otro, sino también de mirar juntos a los demás, para que el amor sea también bendición para otros muchos. Juntos pueden cambiar el mundo, porque hoy en día se hace más necesaria la presencia de Dios a través de los matrimonios, para que se crea en el amor divino manifestado en ellos: familia, amigos, compañeros. Los esposos se comprometen a vivir siempre juntos. Pero hay que saber priorizar en la vida: el amor es lo más importante, es un tesoro. Tiene que crecer y que hay que cuidar No podemos ser ingenuos y pensar que crece solo. Hay que cuidarlo cada día con: los pequeños detalles de cada día. El diálogo para mantener la confianza mutua y la comunicación. El dedicarse tiempo el uno al otro. Hay que evitar todo aquello que pone en peligro al amor y favorecer lo que le hace crecer. El Papa Francisco ha destacado tres palabras claves: “¿puedo?”, “perdón”, “gracias”. No existe el matrimonio perfecto, ni los padres perfectos, ni los hijos perfectos, pero para mantener ese amor, no olvidemos a San Francisco de Asís: Donde hay caridad y sabiduría, no hay temor ni ignorancia. Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni desasosiego. Donde hay pobreza con alegría, no hay codicia ni avaricia.

Oración Personal.

5. El proyecto de amor según Dios exige permanencia y tiene deseo de plenitud y para siempre, “hasta que la muerte nos separe”. Es bonito pensar que “Dios ha soñado juntos a los esposos”. Pero la realidad es que este ideal no se puede vivir por diversas razones. En este caso la Iglesia debe ser acogedora. Así lo manifestó el Papa Juan Pablo II: “Ante tantas familias rotas, la Iglesia no se siente llamada a expresar un juicio severo e indiferente, sino más bien a iluminar los diversos dramas humanos a la luz de la Palabra de Dios, acompañada del testimonio de su misericordia”. De la misma manera el Papa Francisco apeló a que la Iglesia actúe como una madre que busca el bien y lo haga sin excluir a nadie: “Estas personas no están en absoluto excomulgadas, y no deben ser tratadas como tales: ellas son siempre parte de la Iglesia”. “Acójanlos y aliéntenlos para que vivan y desarrollen siempre más su pertenencia a Cristo y a la Iglesia a través de la oración, la educación cristiana de los hijos y el compromiso por la justicia y la paz”.

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Pidamos a Dios nuestro Padre que complete en nosotros su trabajo de amor y fidelidad, y digámosle:

R/ ¡Señor, guárdanos en tu amor!

1. Por la Iglesia, Esposa de Cristo, para que sea siempre fiel al mensaje del evangelio y del amor liberador del mismo Cristo, oremos.

2. Por nuestra diócesis y su administrador apostólico con los sacerdotes y la vida consagrada, que acojan con fidelidad a los matrimonios y a quienes se han vuelto a casar, mientras esperan de un pastor santo y sabio, oremos.

3. Por los gobernantes y legisladores, para que procuren el bien común de las familias, emitiendo leyes que promuevan la fidelidad del hombre y la mujer en el matrimonio, oremos.

4. Por los hogares construidos sobre un amor desinteresado, para que a través de ellos podamos entender mejor toda la profundidad del amor de Dios, oremos.

5. Por las familias rotas y por los cónyuges infieles, para que la gente sea comprensiva con ellos y Dios les conceda su misericordia, oremos.

6. Por los jóvenes que se preparan para el matrimonio, para que aprendan de la vida que la profundidad y belleza del amor dependen de la mutua generosidad y del sincero compartir, oremos.

Padre, ayúdanos a construir comunidades de amor y amistad. Edifica nuestro amor sobre el fundamento del tuyo, para que perdure, fuerte y fiel, por los siglos de los siglos.

Amén.

6. Ayúdame, ¡Para siempre, Señor! Aunque me digan que es imposible. Aunque me digan necio. Aunque me confundan. Aunque sobrecojan las dudas. Aunque me cueste amar. Aunque lo vea difícil. Aunque se oscurezca el horizonte. Aunque no encuentre lo que busque; sí, Señor, para siempre. Haz que, mi amor sea para siempre. Haz que, mi amor, sea un amor divino. Un amor que brota en el cielo y se rompe cuando toca la tierra. Un amor que perdona las veces que haga falta. Un amor que no es un juego sino una vida. Un amor que no es un capricho y sí bien vivido. Un amor que, cuanto más se da, más crece. Un amor que, cuanto más se ofrece, más devuelve. Un amor que, cuanto más se cuida, se convierte en un gran gigante. Señor, sigue bendiciendo mi casa, mi matrimonio y mi familia, para que nunca falte la luz que clarifique la oscuridad ni el viento que disipe la tormenta ni el amor que todo lo comprende y lo soluciona. Y, cuando me lleguen los intentos de destruirlo, sal a mi encuentro, Señor, para que comprenda, una vez más, que sin amor, la vida no merece la pena ser vivida. Amén.

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo. Que contiene en sí todo deleite.

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES: *Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

RESERVA

Oremos por las intensiones de nuestro Santo Padre y nuestra Diócesis.

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