El Padre muestra su amor a todas las naciones

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EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Creemos en ti, Padre porque a través de una estrella mostraste que tu Hijo, Jesús resplandecía sobre todas las naciones de la tierra. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque en el pesebre te muestras misericordioso con los débiles y salvas la vida de los pobres. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque mueves nuestros corazones a la justicia y a la paz, para que seamos personas que lleven luz a los demás. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: éste es el día que tú has hecho radiante y luminoso con tu luz y tu amor para todos. Guíanos en los nuevos caminos de tu Hijo. Que tu luz bondadosa brille en todas partes, para que todos los pueblos te alaben en su propio lenguaje, conforme a su cultura, y enriquezcan a tu Iglesia con sus propios dones. Te lo pedimos en nombre del mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: La estrella que aparece en el cielo enciende en la mente y en el corazón de los magos una luz que los lleva a buscar la gran Luz de Cristo. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Mateo: Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”. Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”. Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Palabra del Señor.

Oración Personal.

 

  1. Los Magos siguen fielmente aquella luz que los ilumina interiormente y encuentran al Señor. En este recorrido que hacen los Magos de Oriente está simbolizado el destino de todo hombre: nuestra vida es un camino, iluminados por luces que nos permiten entrever el sendero, hasta encontrar la plenitud de la verdad y del amor, que nosotros cristianos reconocemos en Jesús, Luz del mundo. Y todo hombre, como los Magos, tiene a disposición dos líneas para encontrar la luz, el evangelio y la propia vida. Para esto, lo más importante es estar atentos, vigilantes, escuchar a Dios que nos habla, siempre nos habla. Como dice el Salmo, refiriéndose a la Ley del Señor: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero». Sobre todo, escuchar el Evangelio, leerlo, meditarlo y convertirlo en alimento espiritual nos permite encontrar a Jesús vivo, hacer experiencia de Él y de su amor.

Oración Personal.

 

  1. El profeta Isaías, hace una llamado: «¡Levántate, brilla!». Jerusalén está llamada a ser la ciudad de la luz, que refleja en el mundo la luz de Dios y ayuda a los hombres a seguir sus caminos. Ésta es la vocación y la misión del Pueblo de Dios en el mundo. Pero Jerusalén puede desatender esta llamada del Señor. Nos dice el Evangelio que los Magos, cuando llegaron a Jerusalén, de momento perdieron de vista la estrella. No la veían. En especial, su luz falta en el palacio del rey Herodes: aquella mansión es tenebrosa, en ella reinan la oscuridad, la desconfianza, el miedo, la envidia. De hecho, Herodes se muestra receloso e inquieto por el nacimiento de un frágil Niño, al que ve como un rival. En realidad, Jesús no ha venido a derrocarlo a él, sino al Príncipe de este mundo. Sin embargo, el rey y sus consejeros sienten que su poder se resquebraja, temen que cambien las reglas de juego, que las apariencias queden desenmascaradas. Todo un mundo edificado sobre el poder, el prestigio, el tener, la corrupción, entra en crisis por un Niño. Y Herodes llega incluso a matar a los niños. Es así: tenía temor, y por este temor pierde el juicio.

Oración Personal.

 

  1. Los Magos consiguieron superar aquel momento crítico de oscuridad en el palacio de Hero-des, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que señalaba Belén como el lugar donde había de nacer el Mesías. Así escaparon al aturdimiento de la noche del mundo, reemprendieron su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella, y el Evangelio dice que se llenaron de «inmensa alegría». Esa estrella que no se veía en la oscuridad de la mundanidad de aquel palacio. Hoy en día existe mucha oscuridad en la vida del hombre: hombres que caen en la depresión, en el consumismo, en el hedonismo, en las falsas expectativas de espera, sin esfuerzo, sin caminar. Hombres que manifiestan un sinsentido por la vida y que van arrastrando a muchos en su mismo caminar. Familias, matrimonios que se vuelven también como Herodes, que queriendo su propio beneficio, llegan a cometer el crimen del aborto, del abandono de los ancianos, del rompimiento de las familias.

Oración Personal.

 

  1. Un aspecto de la luz que nos guía en el camino de la fe es también la santa “astucia”. Es también una virtud, la santa “astucia”. Se trata de esa sagacidad espiritual que nos permite reconocer los peligros y evitarlos. Los Magos supieron usar esta luz de “astucia” cuando, de regreso a su tierra, decidieron no pasar por el palacio tenebroso de Herodes, sino marchar por otro camino. Estos magos venidos de Oriente nos enseñan a no caer en las asechanzas de las tinieblas y a defendernos de la oscuridad que pretende cubrir nuestra vida. Ellos, con esta santa “astucia”, han protegido la fe. Y también nosotros debemos proteger la fe. Protegerla de esa oscuridad. Esa oscuridad que a menudo se disfraza incluso de luz. Porque el demonio, dice san Pablo, muchas veces se viste de ángel de luz. Y entonces es necesaria la santa “astucia”, para proteger la fe, protegerla de los cantos de las sirenas, que te dicen: «Mira, hoy debemos hacer esto, aquello…» Pero la fe es una gracia, es un don. Y a nosotros nos corresponde protegerla con la santa “astucia”, con la oración, con el amor, con la caridad. Es necesario acoger en nuestro corazón la luz de Dios y, al mismo tiempo, practicar aquella astucia espiritual que sabe armonizar la sencillez con la sagacidad, como Jesús pide a sus discípulos: «Sean sagaces como serpientes y simples como palomas».

Oración Personal.

 

  1. La Epifanía nos recuerda la manifestación de Jesús a la humanidad en el rostro de un Niño, sintamos cerca a los Magos, como sabios compañeros de camino. Su ejemplo nos anima a levantar los ojos a la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no contentarnos con una vida mediocre, sino a dejarnos fascinar siempre por la bondad, la verdad, la belleza… por Dios, que es todo eso en modo siempre mayor. Y nos enseñan a no dejarnos engañar por las apariencias, por aquello que para el mundo es grande, sabio, pode-roso. No nos podemos quedar ahí. Es necesario proteger la fe. Es muy importante en este tiempo: proteger la fe. Tenemos que ir más allá, más allá de la oscuridad, más allá de la atracción de las sirenas, más allá de la mundanidad, más allá de tantas modernidades que existen hoy, ir hacia Belén, allí donde en la sencillez de una casa de la periferia, entre una mamá y un papá llenos de amor y de fe, resplandece el Sol que nace de lo alto, el Rey del universo. A ejemplo de los Magos, con nuestras pequeñas luces busquemos la Luz y protejamos la fe.

Oración Personal.

 

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

En este día en que pueblos lejanos vinieron a adorar a Jesús, el Señor, que nuestra oración sea tan amplia como el mundo entero. Digamos al Padre:

R/ Que la luz de Cristo nos ilumine.

  1. Por Para que la luz de Cristo ilumine a todas las naciones y que la Iglesia las acoja con la diversidad de sus culturas. Oremos.
  2. Para que en nuestros días florezca la justicia, y la paz se establezca en todo el mundo, por medio de sus gobernantes. Oremos.
  3. Para que nosotros, como pueblo de Dios, oigamos a los pobres cuando lloran, tengamos compasión de los débiles y abramos nuestro corazón a sus necesidades. Oremos.
  4. Para que los que persiguen al Señor en los que intentan seguirle como discípulos vean su luz y lleguen a convertirse. Oremos.

Para que todos los que buscan una estrella que les guíe en su vida descubran la bondad y la presencia cercana del Señor en personas llenas de fe y amor. Oremos.

Para que en nuestras comunidades cristianas aprendamos, como los Magos, a compartir con los hermanos los tesoros de nuestros bienes y nuestros corazones. Oremos.

Señor Dios nuestro, nos regocijamos de que tú te hayas hecho cercano a nosotros en Jesucristo tu Hijo. Que él sea para nosotros luz y vida, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

 

¡Seamos tres! los que busquen y nunca se detengan a la hora de encontrar al rey de reyes al que es fuente de paz y de alegría. Porque, sólo los que cabalgan, sobre el caballo de la fe, un horizonte de estrellas espera en medio de las dificultades. Como aquellos, regios personajes, que dejando palacios y vasallos quisieron ser siervos de un pequeño Rey. Con tres palabras de aliento: alegría, amor e ilusión. Con tres huellas en el camino: servicio, entrega y generosidad. Con tres miradas hacia el cielo: La fe, esperanza y caridad. Y, como los Magos, siempre en marcha y sin temor hacia la meta, en la que nos espera, el amor que ha bajado del cielo, el amor que se deja adorar, el amor que se deja tocar el amor que habla sin hablar. Con el incienso de nuestra oración. Con el oro de nuestra caridad. Con la mirra de nuestra fragilidad. Para que, Jesús desde el Portal, pueda una ves más comprobar que en el mundo siguen existiendo hombres y mujeres que dejan, lo que tienen y no lo que son, para ponerse en camino siguiendo la ruta que marca la estrella de Belén. Que proclaman, manifiestan y dicen que, como Jesús, no hay otro igual. Que el mundo conozca, sienta y vea la Salvación que viene de nuestro Dios. Amén.

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite.

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES: *Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

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