El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO 

Creemos en ti, Padre porque quisiste permanecer fiel a la humanidad, enviando, por noso-tros, a quien tanto amabas, para salvarnos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque tomaste resueltamente el camino hacia Jerusalén, para allí sufrir y morir por nosotros. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque nos invitas a permanecer fieles contigo a nuestra misión en la vida y a caminar con la cruz junto a Jesús. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Hoy te ofrecemos el culto perfecto: tu hijo Jesucristo. Con Él te alabamos y damos gracias ofreciéndonos a nosotros mismos con Él. Que esta ofrenda transforme la vida diaria de cada cristiano, mostrándose por medio de nuestro amor a ti y de nuestro servicio generoso al pueblo que se nos ha confiado, para amarlo y para compartir con él todo lo que somos y tenemos. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal 

MONICIÓN: Para escuchar el evangelio de hoy se necesitan corazones recios, pero desconfia-dos de sí mismos. Escuchemos. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS 

Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípu-los que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!”. Luego Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ga-nar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras”. Palabra del Señor.

Oración Personal. 

1. Llegamos al punto difícil en el que Jesús, después de haber comprobado que Pedro y los otros once habían creído en Él como el “Mesías e Hijo de Dios “, comenzó a explicar-les que “tenía que ir a Jerusalén y padecer mucho y ser muerto, y resucitar al tercer día”. Es un momento crítico en el contraste del pensamiento de Jesús y el de los discípulos. Por lo mismos, vemos como una obligación, por parte de Pedro, de advertir al Maestro, porque no puede ser atribuido al Mesías un fin tan vergonzoso. Jesús, a su vez, corrige duramente a Pedro, por dejarse mover sólo por el pensamiento o sentimiento y lo pone de nuevo “en camino”, porque él no piensa “, según Dios, sino como los hombres”. En otras palabras, como lo diría san Pablo, nuestro deber, el de todo hombre, no es tener los pensamientos o sentimientos conformé a este mundo, sino transformados mediante  la renovación de su forma de pensar, para poder discernir la voluntad de Dios. Esto es lo que le marca Jesús a Pedro, al decirle que se ponga detrás de Él.

Oración Personal. 

2. Los cristianos vivimos en el mundo, totalmente integrado en la realidad social y cultural de nuestro tiempo, y con razón; pero esto trae el riesgo de que nos convertimos en “mundanos”, cayendo en el riesgo de que “la sal pierda su sabor”. ¿Cuál sería la reacción, ahora, de Jesús, al saber que el cristiano “en el mundo”, pierde la carga de la nove-dad y que no es por el Señor y el Espíritu Santo, que viven y se mueven? Los cristianos se mantienen vivos gracias a la fuerza del Evangelio, que transforma “los criterios de juicio, los valores precisos, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida”. Es triste encontrar cristianos “aguados”, que no se sabe si son cristianos o ateos. Es triste encontrar que los cristianos ya no son la sal de la tierra, y sabemos que cuando la sal pierde su sabor, no es necesario más tiempo. La sal ha perdido su sabor, ya que se entregan en el espíritu del mundo y se han convertido en lo mundano viviendo sin valores ni en comunión.

Oración Personal. 

3. Jesús nos muestra el camino que nos puede llevar más lejos en la pretensión de mayor humanidad. La propuesta de Jesús es la única manera de ser hombre. Todo ser humano debe aspirar a ser más; incluso ser como Dios. Pero debe encontrar el camino que lo lleve a su plenitud y lo que Jesús exige a sus seguidores, es que vayan por el camino del amor, es decir, por el camino del servicio a los demás aunque ese camino les traiga su-frimiento e incluso la muerte. Aquí está la esencia del mensaje cristiano. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir en cada momento lo mejor para mí. Si interpreto el men-saje evangélico como renuncia, es que seguimos pensando como los hombres. Jesús no quiere deshumanizarnos como se ha entendido con frecuencia sino llevarnos a la verda-dera plenitud humana. No se trata de sacrificarse, creyendo que eso es lo que quiere Dios. Dios quiere nuestra felicidad en todos los sentidos. Dios no puede “querer” ninguna clase de sufrimiento; Él es amor y solo puede querer para nosotros lo mejor.

Oración Personal. 

4. Cuando Jesús nos dice: «Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?» Quiere que entendamos que nuestra limitación es la causa de que, a veces, el conseguir lo mejor, eso «mejor» exige elegir entre distintas posibilidades, muchas veces ellas nos hacen pasar por encima de los demás, lastimarles, minimizarles, cuando hace-mos esto, lo único que logramos es que mi falso Yo termine imponiéndose sobre lo que mi verdadero Yo puede hacer para potenciarse y así humanizarse. Cuando hemos terminado por elegir lo que creíamos «mejor»; pero con ello hemos causado dolor y sufrimiento a otro u otros, entonces estamos abandonando el verdadero proyecto de Dios para noso-tros, y por tanto estamos exigiendo que mi verdadero ser se someta a los deseos de mi falso yo. Jesús nos propone alcanzar la plenitud quitando todo individualismo. Si descubri-mos lo que nos hace más humanos, será fácil volver hacia esos valores. En la medida que disminuyo mi necesidad de seguridades materiales, más a gusto, más feliz y más humano me sentiré. Estaré más dispuesto a dar y a darme, aunque me duela, porque eso es lo que me hace crecer en mi verdadero ser.

Oración Personal. 

5. Con el evangelio, nos damos cuenta que es necesario renovarnos continuamente.

Y ¿cómo se puede hacer esto en la práctica? En primer lugar, leyendo y meditando el Evangelio todos los días, para que la palabra de Jesús esté siempre presente en nuestras vidas. Como lo dice el Papa Francisco: “Ayudará a llevar el Evangelio siempre en el bolsillo, bolso, y leer un pasaje durante el día. Pero siempre con el evangelio, porque está trayendo la Palabra de Jesús, y ser capaz de leer. En segundo lugar, participar en la misa del domingo, donde nos encontramos con el Señor en la comunidad, escuchar su Palabra y recibir la Eucaristía nos une a Él y con los demás; y en tercer lugar es muy importantes para la renovación espiritual diaria, el recogimiento desde la oración. Gracias a estos dones del Señor, el cristiano no tiene pensamientos o sentimientos conforme al mundo, sino conforme a Cristo, y sólo así, lo seguirá en su camino, el camino de “perder la vida” para encontrarla.

Oración Personal. 

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Nuestro Señor Jesucristo nos llama a seguirle y a cargar nuestra cruz detrás de Él, renunciando a nosotros, por eso le encomendamos todas nuestras necesidades diciendo: 

R/ Señor, sé tú nuestra fuerza . 

Por la Iglesia, para que haga más visible a Cristo por medio de su compromiso de servir a Dios y a los hombres, de su preocupación cariñosa por los pobres y de su constante conversión al evangelio. Oremos.

Por los gobernantes y políticos a quienes les resulta difícil aceptar la voluntad de Dios y su misión cristiana en la vida, para que encuentren amigos que les inspiren a recobrar su confianza en Dios y sirvan con generosidad al pueblo. Oremos.

Por todos los que sufren en nuestra patria debido a tantas y tan variadas circunstancias, para que Dios sea su consuelo y ayuda en sus necesidades y vivan inspirados por el Evangelio de Jesucristo. Oremos

Por todos los jóvenes cristianos que dicen seguir a Cristo, para que vivan sin miedo las exigencias del evangelio y den testimonio del Señor crucificado. Oremos.

Por todos los que trabajan por la justicia y por la paz entre los hombres, para que reconozcan de que son uno con Jesús el Señor en su pasión y en su muerte. Oremos.

Por todos nosotros, reunidos aquí en esta Hora Santa, para que busquemos sincera-mente la voluntad de Dios unidos a Jesús nuestro Señor. Oremos.

 

Señor Jesús, tú nos invitas a seguirte y a ofrecer el sacrificio contigo. Queremos trabajar contigo para llevar tu vida y tu gracia a todos nuestros hermanos. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. 

6. Tomaré tu cruz, Señor, pues su madera, bien lo sé, es escalera que conduce a la Resu-rrección. Su altura, es altura de metas para los que creen en otro mundo, para los que esperan en Dios, para los que, cansándose o desangrándose, saben compartir y repartir en los demás. Tomaré tu cruz, Señor, pues sus clavos, pasan la carne pero no matan la fe. Es la fe, quien a la cruz le da otro brillo y hasta otro color: ni es tan cruel ni es definiti-va, pues después de la cruz, vendrá la vida. ¡Dame tu cruz, Señor! Merece la pena arriesgarse por Ti. Merece la pena sembrar en tu campo. Merece le pena sufrir fracasos. Merece la pena adentrarse en tus caminos sabiendo que, Tú, los recorriste primero. Enséñame dónde y cómo. Indícame hacia dónde. Háblame cuando, por su peso, caiga en el duro pavimento. Quiero coger tu cruz, Señor, porque bien lo sé, hace tiempo que lo aprendí que ideales como los tuyos tienen y se pagan por un alto precio. Quiero coger tu cruz, Señor, porque es preferible en el horizonte de los montes ver tu cruz que el va-cío del hombre errante. Amén.

BENDICIÓN 

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES: 

*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asun-ción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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