El recorrido de la vida cristiana para llegar al Reino

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EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Creemos en ti, Padre porque con la venida de tu hijo, preparas un lugar en el cielo para los que creen en ti y viven en tu amor. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
Creemos en ti, Jesucristo porque te fuiste elevado a la gloria del Padre y permaneces presente donde nos reunimos en tu nombre. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
Creemos en ti, Espíritu Santo porque nos envías para ser tus testigos y compartir la Buena Nueva del amor del Padre. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: No te hemos visto nunca, pero por medio de tu Hijo, Jesús, hemos llegado a conocerte. Él vive ahora en tu gloria. Danos la gracia de no sentirnos abandonados, sino más bien fortalécenos con la convicción de que él permanece con nosotros hasta el fin de los tiempos. Que su Espíritu nos guíe y fortalezca para dar testimonio de que él está vivo en nuestras comunidades de fe y de amor proclamando a todo el mundo su Buena Noticia de Salvación. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Adoración personal
MONICIÓN: La Ascensión nos recuerda a donde vamos, al Reino definitivo de Dios. “Donde nos ha precedido Cristo, que es nuestra cabeza. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Marcos: En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer y se bautice, se salvará; el que resista a creer, será condenado. Estos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y estos quedarán sanos”. El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todos partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían. Palabra del Señor.
Oración Personal.

1. Hemos celebrado la Ascensión del Señor y hay que entender su significado. Para poder ascender hay que descender primero. Para llegar a Dios hay que acoger al hermano. Así lo hizo Jesucristo, que se abajó para subir al Padre. El camino del cristiano tiene que ser igual que el suyo. Primero hay que estar al lado del hermano que sufre, que pasa dificultades, que está solo y abandonado. Sólo así podremos ascender. Porque también a nosotros como a los discípulos, se nos dice: ¿qué hacen ahí plantados mirando al cielo? Nos está diciendo que no nos quedemos contemplando, que hay que ser sus testigos por todo el mundo. En nuestra acción, debemos saber contemplar la cruz de Jesús, que tiene un vértice y que mira y se eleva hacia el cielo, pero también tiene un lado horizontal que mira a la tierra. Contemplar la cruz, nos hace siempre estar mirando hacia el cielo, como el deseo que tenemos de ir hacia la casa del Padre y lo hacemos con los brazos extendidos, para acoger y amar al prójimo. Si queremos seguir el ejemplo de Jesús no hay otra cosa que asumir la propia cruz, pero con los dos brazos, amando y perdonando al hermano y teniendo siempre la presencia de Dios en tu vida.
Oración Personal.

2. “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”. Es el último mensaje de Jesús en el día de la Ascensión. La Buena Noticia que el discípulo tiene que anunciar irá acompañada de estos signos: echarán demonios, hablarán lenguas nuevas, las serpientes no les harán daño, curarán enfermos. ¿Cómo se traduce esto ahora? Hay muchas barreras que nos impiden realizar la misión de llevar la Buena Noticia y que se haga realidad; estas barreras son: el egoísmo que nos oprime, el materialismo que nos rebaja, el desinterés que nos hace insolidarios y el indiferentismo religioso por el que nos alejamos de Dios. Las lenguas nuevas son las que sirven para el diálogo, las que nos ayudan a entendernos y a comprendernos. Las serpientes venenosas son las mentiras y trampas que nos tiende la sociedad hedonista y que sólo con la presencia de Jesucristo en nuestra vida podemos vencer. La enfermedad de nuestro tiempo es el desamor, las prisas y el encontrar solo el valor monetario a las cosas y al esfuerzo, el descarte como único valor donde prevalece el más poderoso. Necesitamos renovar el Bautismo, reorientar nuestra vida cristiana, sentirnos de nuevo enviados por Cristo.
Oración Personal.

3. ¿Cuál sería el significado de ser testigos valientes hoy? San Agustín nos recuerda que la necesidad de obrar seguirá en la tierra, pero el deseo de la ascensión ha de estar en el cielo: “aquí la esperanza, allí la realidad”. Hemos de poner atención a los mismos asuntos humanos. Con frecuencia se ha acusado a los cristianos de desentenderse de los asuntos de este mundo, mirando sólo hacia el cielo. No podemos vivir una fe desencarnada de la vida. La Iglesia somos todos los cristianos, luego todos debemos implicarnos más en la defensa de la vida, de la dignidad del ser humano, de la justicia y de la paz. ¿Cómo vivo yo el encargo que Jesús me hace de anunciar su Evangelio?, ¿qué estoy haciendo para que mi fe me lleve a la transformación de este mundo?, ¿cómo asumo el compromiso de la Eucaristía y la misión que cada domingo se me encomienda en la mesa del compartir, la eucaristía dominical?
Oración Personal.

4. No es fácil la tarea que nos determina el Señor. Soplan vientos contrarios a todo aquello que esté relacionado con el Evangelio. La cultura de hoy ridiculiza la fe, confunde a las personas sencillas y desorienta mediante la ceremonia de la confusión y la burla. Muchos cristianos mueren hoy día por confesar su fe. Nadie hace una manifestación para protestar por ello. Parece como si el cristiano hoy no pudiera hablar ni manifestarse. Sin embargo, Jesús nos pide que seamos sus testigos. No hay que temer a nada ni a nadie. Contamos con el apoyo de la gracia de Dios. Caminemos confiados hacia la esperanza del cielo por-que es veraz quien ha hecho la promesa; pero vivamos de tal manera que podamos decirle, con San Agustín y con la frente bien alta: “Cumplimos lo que nos mandaste, danos lo que nos prometiste” o, ¿es que no tenemos fe?.
Oración Personal.

5. Empieza el tiempo del Espíritu, el hombre llevado por este viento, puede desear llegar al cielo, entrever el objetivo supremo de la vida humana, intentar ser Hombre Nuevo, superar la pesadez de una vida plantada en la tierra, buscar la transcendencia. Es un esfuerzo que durará toda la vida. Hoy pidamos que la presencia eucarística nos anime a
aspirar a lo más alto, a llevar al mundo, con nosotros hacia arriba, en esa ilusionada y a veces dura marcha de la humanidad hacia los cielos nuevos y la tierra nueva, en los que habite la justicia. Así, los cristianos debemos ser grandes pretenciosos, porque si hemos creado aviones y naves que llegan cerca del sol, sabemos que dependemos de la fuerza del Espíritu y él nos permite soñar y volar para llegar hasta la meta. Que podamos decir con san Pablo: “Hemos corrido hacia la meta” con la esperanza de ser mejores, de alcanzar esa meta de paz y amor que es la sintonía total con ese Jesús, amigo y maestro que asciende entre aclamaciones al son de trompetas, como volverá un día.
Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
Jesús, el Señor, nos ha confiado su misión. Él está con nosotros y actúa en noso-tros por medio de su Espíritu, de modo que podamos hacer todo en su nombre, por eso le decimos:
R/. Quédate con nosotros, Señor.
1. Hazte presente en tu Iglesia, Señor, para que ella difunda la Buena Nueva de tu amor y de tu reino a todos los pueblos, lenguas y culturas, oremos.
2. Hazte presente a todos los gobernantes y líderes de las naciones, Señor, cuando inten-tan establecer una paz casi imposible a un mundo roto por la violencia y la guerra. Que sus esfuerzos no sean en vano, oremos.
3. Hazte presente a todas las familias y en los jóvenes, para que proclamen sin miedo tu mensaje de justicia, verdad y misericordia incluso a los que no tienen deseos de escucharte, oremos.
4. Hazte presente a los que sufren, Señor; reaviva en ellos su esperanza en ti y en los hermanos; abre los ojos y las manos de tus seguidores para otorgarles tu amor y cuidado llenos de ternura, oremos.
5. Hazte presente a nosotros y a todas las comunidades cristianas, Señor; dales señales de tu presencia por su espíritu de oración, su unidad, su amabilidad y paciencia de unos con otros, oremos.

Señor Jesús, por la fuerza de tu Espíritu guíanos en nuestra peregrinación al hogar donde tú vives en la gloria con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

6. San Isidro: ejemplar varón y de buen corazón nos invita, lejos de perdernos en la tierra de cada día, a mirar más allá del simple arado o dulce siembra. Danos, San Isidro, ilusión por el trabajo del alma. Encontrar en la oración, el mejor arado para nuestra vida de piedad. Entender que, en la lluvia de la Gracia, es donde está el futuro de nuestra exis-tencia. Ayúdanos, con tus manos curtidas, a trabajar no solamente por el alimento de cada día sino, también, en soñar el cielo que nos espera más allá del duro surco de la tierra. Tú que cavaste pozos para sembrar la semilla, haz que también broten en nuestro diario vivir los frutos de la caridad para los que necesitan, la esperanza para los que sufren y la fe para los que dudan. Tú que acudías hasta el sagrario, empújanos a postrarnos y no permanecer de pie, ante Jesús eucaristía. Tú que supiste de engaños y de traiciones, de mentiras y de envidias, de celos y de habladurías inspíranos un corazón dulce y afable para soportar la contrariedad cuando sabemos, que un día se asomará la verdad. Ayúdanos a cuidar la espiga de la fe para que, cuando Dios aparezca por la cosecha, la encuentre dorada y en su punto y fortalecida por la Palabra, la justicia, la alegría, la esperanza y el deseo de vida eterna. Amén.

BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo. Que contiene en sí todo deleite
OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.
ACLAMACIONES: *Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sa-cratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísi-mo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Ma-dre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

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