El Señor, es mi alegría, mi gozo es el Señor.

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EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Creemos en ti, Padre porque tú nos has traído la alegría del perdón total en tu Hijo. ¡Ven, Señor, Jesús! (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque tú sigues compartiendo con nosotros la Buena Nueva de la vida y del amor del Padre. ¡Ven, Señor, Jesús! (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque tú nos preparas para una alegría eterna que nadie nos podrá arrebatar. ¡Ven, Señor, Jesús! (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

 

ORACIÓN: Padre: Ayúdanos a reconocer el rostro de tu Hijo en los pobres y humildes. No permitas que lo pasemos por alto en los tristes y en los débiles. Que el Espíritu Santo nos dé valor para llevar su Buena Nueva de esperanza y alegría a todos los que lo esperan y lo necesitan de corazón. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Adoración personal

MONICIÓN: La lectura nos invitan a repensar nuestra condición de criaturas, limitadas pero con posibilidades infinitas de alegría. De pie.

 

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Juan: Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. Él no era la luz, sino testigo de la luz. Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?”. Él reconoció y no negó quién era. El afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” Él les respondió: “No lo soy”. “¿Eres el profeta?”. Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”. Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿Por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?”. Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”. Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba. Palabra del Señor.

Oración Personal.

 

  1. Hoy el tono de nuestra hora santa debe de ser festiva, de alegría. La verdadera alegría nace del descubrimiento de lo que somos en Dios. Por eso se nos descubre que no solo tenemos derecho a estar alegres, sino que tenemos la obligación de ser alegres. Y hoy, ya muy cerca de la Navidad, debemos de preguntarnos: ¿Qué alegría buscamos en esta fiesta? El primer paso sería diferenciar el placer y el dolor de la alegría y la tristeza. El placer y el dolor son mecanismos, que nuestra naturaleza evolutiva ha desarrollado para asegurar nuestra supervivencia como individuos y como especie. Es decir, son respuestas automáticas del organismo ante lo que es bueno o perjudicial para nuestra naturaleza. Todos deseamos la alegría, cada persona, cada familia, cada pueblo aspira a la felicidad. ¿Pero cuál es la alegría que el cristiano está llamado a vivir, está llamado a testimoniar? Es aquella que viene de la cercanía de Dios, de su presencia en nuestra vida. Desde cuando Jesús entró en la historia, con su nacimiento en Belén, la humanidad recibió el germen del Reino de Dios, como un terreno que recibe la semilla, promesa de la futura cosecha. ¡No es necesario buscar en otro lugar! Jesús vino a traer la alegría a todos y para siempre.

Oración Personal.

 

  1. No se trata de una alegría solamente esperada en el Paraíso y mientras aquí en la tierra estamos tristes. No, eso sería falsear una verdad, se trata de una alegría ya real y experimentable ahora, porque Jesús mismo es nuestra alegría, y la casa donde habita Jesús, es alegre Todos nosotros bautizados, hijos de la Iglesia, estamos llamados a acoger siempre nuevamente la presencia de Dios en medio de nosotros y a ayudar a los otros a descubrirla o a redescubrirla en el caso de que la hubieran olvidado. Se trata de una misión similar a aquella que tuvo Juan Bautista: orientar a la gente a Cristo, porque es Él la meta hacia la cual tiende el corazón del hombre cuando busca la alegría y la felicidad. La alegría es un estado que debemos alimentar desde dentro de nosotros. Y para poder hacerlo necesitamos descubrir un verdadero conocimiento de nuestro propio ser y de la estructura de nuestro yo profundo que se relaciona con Dios. Descubrir una alegría que perdure, que se fundamente en nuestro ser profundo, lo que llamamos espíritu, no en lo accidental que podemos tener hoy y perder mañana.

Oración Personal.

 

  1. En Jesús, por el Espíritu es posible encontrar la paz interior y la fuerza para afrontar cada día las diversas situaciones de la vida, también aquellas más pesadas y difíciles. Dice el Papa Francisco que nunca se ha escuchado de un santo triste o de una santa con cara de funeral. ¡Jamás se ha escuchado! Sería un contrasentido. El cristiano es una persona que tiene el corazón rebosante de paz porque sabe poner su alegría en el Señor, también cuando atraviesa los momentos difíciles de la vida. Tener fe no significa no tener momentos difíciles, sino tener la fuerza de afrontarlos sabiendo que no estamos solos. Y ésta es la paz que Dios da a sus hijos. Hoy debemos tomar conciencia que nuestra alegría no se puede apoyar en los diferentes ídolos que nos marca el mundo sin Dios, donde se nos muestra un dios de apariencia y temporal como son: la riqueza, la fama, los honores; realidades que vienen de fuera de nosotros mismos, y que más que alegría lo que en verdad producen es placer. Pero tampoco se puede apoyar en la salud, en la belleza, en el cuerpo, porque también esas realidades son pasajeras y antes o después las perderemos.

Oración Personal.

 

  1. Nuestra principal tarea como seres humanos es aprender a diferenciar las cosas que nos dan placer, de aquellas realidades que nos hacen realmente estar alegres. Si lo sabemos hacer entonces nuestra alegría será completa y nuestra felicidad absoluta y duradera. Entendamos que ser felices o desgraciados, no depende de las circunstancias que nos rodean, sino de la manera como cada uno responde a esas influencias de lo externo y de lo interno. Hacer esto es hacerle caso al Bautista que hoy nos ha dicho: “Enderecen el camino del Señor”. Lo que debemos tener en cuenta hoy es que “el Señor” no tiene que venir de fuera sino dejarle surgir desde dentro. ¿Cómo conseguirlo? Apartando de nosotros todo lo que impide esa manifestación de lo divino en nosotros, el egoísmo e individualismo. No dejándonos llevar por las cosas que nos causan placer, sino por aquellas que en verdad nos causan alegría, que son capaces de llenarnos el Espíritu de tal forma que en ellas podamos ver a Dios.

Oración Personal.

 

  1. ¿Cuáles son esas cosas que nos dan alegría y nos hacen ver a Dios? La más grande alegría la podemos encontrar en la amistad con Jesús. Sentirte comprendido y acompañado por Él, descubrir que hay un corazón abierto que siempre está dispuesto a ayudar-nos a sonreír cuando estamos tristes. Por eso, con la mirada dirigida a la Navidad ya cercana, el Bautista nos invita a testimoniar que Jesús no es un personaje del pasado; Él es la Palabra de Dios que hoy continúa iluminando el camino del hombre. Una conclusión para ser testimonio, es vivir a Jesús en los sacramentos, porque encontramos para nosotros la manifestación de ternura, de consolación y del amor del Padre y, para el mundo, la fuerza para encontrarnos como hermanos y vivir la alegría de la esperanza de esta próxima Navidad. Que la Virgen María, “Causa de nuestra alegría”, nos haga siempre dichosos en el Señor, que viene a liberarnos de tantas esclavitudes interiores y exteriores.

Oración Personal.

 

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Pidamos a nuestro Señor Jesucristo que nos dé la gracia de estar atentos a su presencia y que su salvación venga a todo nuestro mundo, diciendo:

R/ ¡Señor, ven Jesús! .

1.Enriquece a tu Iglesia con la alegría, para que muestre el camino a todos los que bus-can compasión y refugio. Oremos

2.Enriquece a los gobernantes con la alegría, para que trabajen eficazmente por la paz y la justicia en sus respectivas naciones y a nivel internacional. Oremos

3.Enriquece a los que sufren con la alegría, para que perciban cuánto les amas y encuentren hermanos que muestren tu compasión y comprensión. Oremos

4.Enriquece a los matrimonios, a sacerdotes y religiosos con la alegría, para que no pierdan el sentido de su compromiso. Oremos

5.Enriquece nuestras comunidades con tu alegría, para que nos respetemos y apreciemos unos a otros, estemos unidos, en el corazón de Jesús y en el Inmaculado Corazón de María. Oremos

 

Señor Jesucristo, tú eres quien viene a renovarnos. Sé nuestra alegría, nuestra paz, toda nuestra esperanza, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

 

6.¿Por qué tengo que estar alegre, Señor? Entre otras cosas, porque sé que Tú llegas por mí y para mí. Porque ves el vacío que existe en el hombre si Tú no estás dentro. Sé que, ante los problemas, no es bueno acobardarse, ni reprimirse, no es cristiano acomplejarse: hay que sonreír, incluso, en la aflicción. Sí, Señor requiero estar alegre por tu llegada, alegre por tu Nacimiento, alegre porque, Tú, me das la fuerza. Alegre porque vienes a levantarme. Alegre porque mi alegría eres Tú. Alegre porque mi ilusión eres Tú. Porque al final de la oscuridad brillas Tú. Porque en los problemas tu mano me socorre. Porque en las dudas, envías certezas. en la soledad, eres eterna compañía. Porque vienes, y si vienes, es para estar conmigo. Porque, sin alegría, algo faltará en mi corazón. Sin alegría, puede que pases de largo, sin alegría, la vida no es vida, sin alegría, falta la luz a cada uno de mis días. Tu Nacimiento y tu llegada es la causa de mi gozo, la música de mi alma, la alegría de mi rostro. Señor, en una oración te digo: ¡Tú eres la causa de mi felicidad! Amén.

 

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

 

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES: *Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

 

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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