El sueño de Dios es su pueblo amado

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Creemos en ti, Padre porque nos amas y nos has confiado esta tierra como una hermosa viña, en la que debemos dar frutos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque nos amas y nos has confiado hermanos para que cuidemos de ellos con amor. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque nos amas y cuidas de nuestra fe como una planta que debe crecer y dar frutos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Tú nos dices: ¿Qué más hubiera podido hacer por ti? Enséñanos a responder con todo nuestro ser a tu perdón y paciencia, a la vida traída por tu Hijo, a las mociones del Espíritu Santo, para que seamos un pueblo que dé frutos eternos. Danos la gracia de llevar a todos la justicia animada por el amor, de aprender a compartir como tú lo haces con nosotros. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: El evangelio nos subraya nuestra gran responsabilidad como cristianos, pues somos el pueblo querido de Dios y somos responsables ante Dios. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. Ahora díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Palabra del Señor.

Oración Personal.

1. El Evangelio usa la imagen de la viña del Señor. La viña del Señor es su «sueño», el proyecto que él cultiva con todo su amor, como un campesino cuida su viña. La vid es una planta que requiere muchos cuidados. El «sueño» de Dios es su pueblo: Él lo ha plantado y lo cultiva con amor paciente y fiel, para que se convierta en un pueblo santo, un pueblo que dé muchos frutos buenos de justicia. Sin embargo, este sueño de Dios queda frustrado. Isaías dice que la viña, tan amada y cuidada, en vez de uva «dio disgustos»; Dios «esperaba derecho, y encuentra: asesinatos; esperaba justicia, y encontró: lamentos». En el Evangelio, en cambio, son los labradores quienes desbaratan el plan del Señor: no hacen su trabajo, sino que piensan en sus propios intereses. Es una parábola dura, porque Jesús se dirige a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo, a la clase dirigente. A ellos ha encomendado Dios de manera especial su «sueño», a su pueblo, para que lo cultiven, lo cuiden, lo protejan de los animales salvajes. El quehacer de los jefes del pueblo es: cultivar la viña con libertad, creatividad y laboriosidad.

Oración Personal.

2. Jesús dice que aquellos labradores se apoderaron de la viña; por su codicia y soberbia, quieren disponer de ella con maldad, quitando así a Dios la posibilidad de realizar su sueño sobre el pueblo que se ha elegido. La tentación de la codicia siempre está presente. La codicia del dinero y del poder. Y para satisfacer esta codicia, los malos pastores cargan sobre los hombros de las personas cargas insoportables, que ellos mismos ni siquiera tocan con un dedo. También nosotros estamos llamados a trabajar por “el suelo” del Señor. La religión no sirve para discutir ideas brillantes y originales, o para ver quién es más santo o devoto… Sirve para cultivar y guardar mejor la viña del Señor, para cooperar en su sueño, su proyecto de amor por su pueblo. En este caso, el Señor nos pide que cuidemos de la familia, que desde los orígenes es parte integral de su designio de amor por la humanidad.

Oración Personal.

3. También nosotros podemos tener la tentación de «apoderarnos» de la viña, a causa de la codicia que nunca falta en nosotros, seres humanos. El sueño de Dios siempre se enfrenta con la hipocresía de algunos servidores suyos. Podemos «frustrar» el sueño de Dios si no nos dejamos guiar por el Espíritu Santo. El Espíritu nos da esa sabiduría que va más allá de la ciencia, para trabajar generosamente con verdadera libertad y humilde creatividad. También a nosotros, hermanos, se nos invita a cultivar y guardar bien la viña, para eso, es preciso que nuestro corazón y nuestra mente estén custodiados en Jesucristo por la «paz de Dios, que supera todo juicio», como dice san Pablo. De este modo, nuestros pensamientos y nuestros proyectos serán conformes al sueño de Dios: formar un pueblo santo que le pertenezca y que produzca los frutos del Reino de Dios.

Oración Personal.

4. El pueblo es nuestra Iglesia, esa viña que ha sido plantada por Dios donde nuestro trabajo debe está en función del Reino y no de nuestros intereses. Podríamos repasar la historia de la Iglesia que tiene un solo dueño: Dios; pero que a lo largo de los tiempos, en ella se han mezclado intereses personales y mezquinos, reformadores que fueron maltratados, por la no aceptación de los cambios. Es verdad que todo esto ya se encargan de resaltarlo nuestros acusadores, pero la parábola de hoy es una seria advertencia a todos los que, de una manera u otra, nos sentimos los dueños de la comunidad, más preocupados de llevar adelante nuestros proyectos que de pensar cuales son los proyectos de Dios para su “sueño”, la Iglesia. El estar dentro de la Iglesia no nos da garantías de estar trabajando para Dios si nuestra actitud profunda no se adecua a los criterios del Reino. No tengamos miedo a leer nuestra propia historia a la luz de esta parábola, muchas cosas incomprensibles pueden resultar más claras y trasparentes de nuestra vida y de nuestra fe.

Oración Personal.

5. El Reino que se da, sólo es conocido por el mismo Dios y la Iglesia no acapara el Reino, todas las piedras sirven para la construcción del Reino, no podemos pensar que lo nuestro es lo mejor y lo que Dios quiere y bendice. No quedan lejos los tiempos en los que un régimen o una ideología fueron presentados como los auténticos intereses de Dios. No intentemos construir el edificio de la comunidad del Reino seleccionando nosotros las piedras, como si sólo unas fueran válidas y otras despreciables, lo que a nuestros ojos no es válido, puede serlo a los ojos de Dios; y viceversa. No debemos excluir a todos los que con buena voluntad aunque con sus ideas y esquemas, intentan agregar un granito de arena a la construcción de una humanidad mejor. La actitud realmente evangélica es saber que los bienes de Dios pertenecen a todos los hombres, sean bienes del espíritu o bienes materiales. Sin embargo se nos podrá quitar el Reino y éste será entregado a gente con más deseos de servir a sus hermanos. Es tiempo de reflexión, pertenecer al sueño de Dios y conocer a Jesús es lo mejor que nos ha pasado, pero debemos de estar atentos, abiertos y con humildad reconocer nuestros pecados y deformaciones. Entremos en diálogo con otros y aportar lo que podamos, para que “todos tengan vida y vida en abundancia” y el “sueño” de Dios, su pueblo “produzca abundantes frutos”.

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Como sarmientos unidos a Jesucristo, pidamos al Padre por la Iglesia y el mundo, diciendo:

R/ Señor, escucha al pueblo que amas.

1. Por la Iglesia, para que se mantenga siempre joven y fiel e inspire a sus miembros y al mundo entero con un sentido de esperanza y profundo amor. Oremos.

2. Por los gobernantes que vuelvan sus ojos al Señor, para que enriquezcan con amor y misericordia el sentido de la justicia hacia los pueblos. Oremos.

3. Por el pueblo de Dios, para que sepamos aceptar y mostremos compasión con los hermanos que van por caminos descarriados y con los que nos defraudan. Oremos.

4. Por los jóvenes, que con sinceridad y con valor se esfuercen en llevar felicidad y bondad a la gente que les rodea, siendo verdaderos misioneros evangelizadores. Oremos.

5. Por nuestra comunidad, para que seamos agradecidos con el Señor, dueño de la viña y sepamos responder con generosidad a sus exigencias. Oremos

Padre, que lleguemos a ser aquello para lo que nos has llamado: tu viña, tu pueblo santo, que respondamos a tu amor en Cristo, nuestro Señor. Amén.

6. Señor, ayúdame a reflexionar, si en el fondo de mi corazón, brota la maldad o la bondad, si abunda la alegría o la tristeza, el deseo de venganza o el don de la misericordia. Que recapacite siempre, Señor, sobre si soy siervo o dueño e interesado de tu herencia. Que siempre te dé gloria y no me quede con aquello que no me corresponde. Que en lo tuyo, sea siempre dócil y nunca pretenda buscar mi interés. Que en lo tuyo, actúe con la verdad y no fabrique mis propios intereses. Señor, ayúdame a no tirar los planes que has diseñado para mí. Que no estorbe a tu gracia con mis pecados. Que no frene tu Espíritu con mis malos modos. Que no esconda los buenos frutos de mi ser cristiano. Que comprenda que lo que Tú me das, no es mío…sino totalmente tuyo. Señor, ayúdame a que no vuelva la espalda a tantos signos de tu presencia. Que no presente mil excusas para dejarme llevar por tu Palabra. Que no viva como si tú no existieras. Que no camine dudando, una y otra vez, de si “esto es cosa tuya”. Que no se cumpla mi voluntad, sino la tuya Que no avance por mi camino, sino por tu senda. Que no descalifique a los que me rodean, sino que los comprenda. Que no trabaje para mi causa… sino siempre para Ti, con lo tuyo y para tu Reino. Amén.

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:

*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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