En Él, Dios nos ama, nos perdona y nos abraza

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

  • Creemos en ti, Padre porque en el sacrificio de amor, de tu Hijo, nos demuestras que has venido al mundo a hacerlo más justo y solidario. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
  • Creemos en ti, Jesucristo porque esperaste lleno de paz la Pascua con tus discípulos y les lavaste los pies como ofrenda de tu gran amor. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
  • Creemos en ti, Espíritu Santo porque nos fortaleces para que hagamos lo mismo que hizo Jesús a sus discípulos lo hagamos con los hermanos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Nos reunimos para participar de la cena que tu Hijo nos legó, de forma que él pudiera permanecer con nosotros con todo su amor. Él nos dio esta cena cuando estaba a punto de morir, y nos mandó celebrarla como el nuevo y eterno sacrificio. Te pedimos que en este encuentro, él sea la fortaleza que nos haga capaces de cumplir tu voluntad y servir generosamente a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Adoración personal

MONICIÓN: Jesús cuando decide lavarle los pies a sus discípulos, nos ofrece un testimonio de la vocación al servicio que tenemos nosotros los cristianos. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”…. Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”. Palabra del Señor.
Oración Personal.

1. Ante la actual situación de crisis, los cristianos tenemos que mirar al futuro con calma y esperanza. Somos hijos de nuestro tiempo y Dios quiere que lo vivamos intensamente, sin huir, siendo luz y sal para este mundo a través del servicio. Al igual que los apóstoles, nos quedamos asombrados, como Cristo que tiene todo el poder y que siendo Dios se pone al servicio del hombre. Un Dios que lava los pies a su criatura. La realidad es que Dios mismo quiere recordarnos que la grandeza de todo cuanto existe no está en el poder y en el dominar a otro, sino en la capacidad de servir y al darse dicho servicio se da gloria a Dios. Tomando en consideración la exhortación del Papa Francisco, vemos una invitación al servicio, por amor, cuando nos dice: “Llama la atención que aun quienes aparentemente poseen sólidas convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que los lleva a aferrar-se a seguridades económicas, o a espacios de poder y de gloria humana… en lugar de dar la vida a los demás por la misión de servir. ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!”.
Oración Personal.

2. La Iglesia siguiendo el ejemplo de Cristo está al servicio del hombre. Por tanto todos los cristianos estamos llamados a servir a los que nos rodean. El amor que Dios nos manifiesta debe convertirse en servicio que dé testimonio de su presencia entre nosotros. El cristiano siguiendo él “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, debe ser como esa levadura que transforma al mundo para que este se renueve y se transforme. El egoísmo del hombre se vence con la entrega generosa a los demás. En el servicio está la verdadera realización personal y la felicidad. Siguiendo el pensamiento del Papa, en-tendemos que no debemos ser como muchos cristianos: “Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza…, finalmente se dejan cautivar por cosas que sólo generan oscuridad y cansancio interior, y que apolillan el salir a servir a los hermanos. Por todo esto, él nos insiste: ¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!”.
Oración Personal.

3. El Obispo Gustavo, nos recordaba en la misa crismal que “Cristo se pone al servicio del Padre para salvar al hombre ofreciendo su propia vida como rescate, del mismo hombre”. Al recordar esta misión: “también vosotros haced como yo he hecho con vosotros” Cristo confiere en especial a ese grupo conocido como apóstoles su propia misión, especialmente el consagrar el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre para el perdón de los pecados al decir “haced esto en memoria mía”. Es en este momento en el que Cristo elige a este grupo como sacer-dotes, es decir instituye el sacerdocio. Cada uno de estos hermanos, frágiles como cualquier otro hombre, a partir de este momento es participante de la misión de Cristo: salvar al hombre por medio de la entrega total al servicio de Dios. Tomando el pensamiento del Papa Fran-cisco, hoy oramos por los sacerdotes, “llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó como fuente de agua viva. Por eso le decimos: Sacerdotes: ¡No se dejen robar la esperanza!”.
Oración Personal.

4. El Papa también nos dice que el gesto de Jesús cumplido en la Última Cena es el extremo agradecimiento al Padre por su amor, por su misericordia. “Agradecimiento” en griego se dice “eucaristía”. La celebración eucarística es mucho más de un simple banquete, es propiamente el memorial de la Pascua de Jesús, el misterio central de la salvación. No significa sólo un recuerdo, sino que quiere decir que cada vez que celebramos este Sacramento participamos en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Eucaristía es la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido para nosotros, derrama sobre nosotros toda su misericordia y su amor, tanto que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con los hermanos. De ahí que entendemos este sacramento como comunión, donde Cristo nos encuentra en la comunión. Por eso con el Papa Francisco: “Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor… ¡Cuánto bien nos hace amar-nos los unos a los otros en contra de todo! … «¡No nos cansemos de hacer el bien!» ¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno!”
Oración Personal.

5. Cuando nos acercamos a este Sacramento, se dice que se “recibe la Comunión”, que se “hace la Comunión”: esto significa que en la potencia del Espíritu Santo, la participación en la mesa eucarística nos conforma en modo único y profundo a Cristo, haciéndonos pregustar ahora ya la plena comunión con el Padre que caracterizará el banquete celeste, donde, con todos los Santos, tendremos la gloria de contemplar a Dios cara a cara. La Eucaristía es un don muy grande y cuando vamos a misa el domingo, no sólo es para rezar, sino para recibir la comunión, este Pan que es el Cuerpo de Jesucristo y que nos salva, nos perdona, nos une al Padre. Y todos los domingos vamos a misa porque es el día de la resurrección del Señor, por eso el domingo es tan importante para nosotros. Y con la Eucaristía sentimos esta pertenencia a la Iglesia, al Pueblo de Dios, al Cuerpo de Dios, a Jesucristo. Y no terminaremos nunca de captar todo el valor y la riqueza. Pidámosle, entonces, que este Sacramento pueda continuar a mantener viva en la Iglesia su presencia y a plasmar nuestras comunidades en la caridad y en la comunión, según el corazón del Padre.
Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
En esta hora de adoración, en el día de la institución de la Eucaristía, el Señor Jesús nos invita a participar de su presencia, por eso le decimos:
R/ Quédate con nosotros, Señor.

  1. Jesús, Cordero de Dios, tú que no viniste hacer tu voluntad y eres fiel a tu misión de amor. Danos la misma fidelidad, para que busquemos hacer la voluntad del Padre. Oremos.
  2. Jesús, en la acción de gracias, Eucaristía, misterio y sacramento permaneces por siempre con los que amas. Danos fuerza y valor para seguir estando del lado de los que necesitan amor. Oremos.
  3. Jesús, en la Última Cena tú nos diste tu mandamiento de amor. Danos la gracia de hacer obras de amor, trabajando por la justicia social, por la paz y por el respeto de la dignidad humana. Oremos.
  4. Jesús, en esta noche santa, tú nos muestras que tu amor no consiste en palabras, sino en entrega total hasta la muerte. Danos fuerza para amarte en los hermanos con un amor ver-dadero fiel y total. Oremos.
  5. Jesús, en esta noche santa, tú nos enseñas que “amor” significa servicio humilde. Danos ese mismo amor para que podamos servir a nuestra comunidad como tú nos lo has enseñado. Oremos. Jesús, Señor de amor, que tus enseñanzas sean para nosotros el pan de cada día y podamos darte las gracias al servir a nuestro prójimo. Amén
  6. Hoy me pongo a tus pies, hermano. Me rendiré, como sacerdote, para recordarme a mí mismo que, un sacerdocio sin obras, son palabras que se lleva el viento. Que una entrega escrita en discursos exige como broche de oro el amor. Un amor que es sacrificio y sufrimiento, incomprensión e incluso rechazo. A tus pies, me inclinaré como cristiano, sabiendo que, si digo ser de Cristo, he de descender a la realidad del que llora o necesita una mano amiga. A tus pies, derramaré el agua de mi tiempo, cuando la soledad de muchos reclame mi atención, mi presencia o mi consejo. A tus pies, caeré envuelto con la toalla de mi comprensión, arreglado con el traje del que sirve, con la jofaina de la oración, enriquecido con el agua de la fe. Hoy, hacia tus pies dirigiré mis ojos, mis manos y mi corazón. Mis ojos para ver en ellos el rostro de Cristo. Mis manos, para ser testigo de la fe y del Evangelio. Mi corazón, para no quedarme disfrazado en palabras. Gracias, Señor, porque al buscar mis pies, me indicas y sugieres el camino que he de seguir, para amarte, servirte y ofrendarte mi vida entera. Amén.

BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo.
Que contiene en sí todo deleite
OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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