¡Iglesia de Nuevo Laredo, Consagra a las Familias!

TALENTOS[1]

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Creemos en ti, Padre porque confías en nosotros dándonos el talento de la fe y del futuro de la Iglesia y del Reino proclamado por tu Hijo. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque confías en nosotros liberándonos de todo miedo y temor y nos diste el talento de la Esperanza del Reino. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque confías en nosotros y nos haces responsables con el talento de la caridad para el servicio de los hermanos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Es muchísimo lo que nos has confiado, incluso el futuro de tu Reino de justicia y amor. Con la gracia de los sagrados corazones, permítenos ser misericordiosos con nuestra familia, para estar unidos con todos los que te buscan con sincero corazón, siendo testimonio de alegría para todos. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: El Señor, confía en nosotros más de lo que quizás nosotros confiamos en nosotros mismos, nos confía muchísimos talentos y cualidades. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue. El que recibió cinco fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el talento de su señor. Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores. Se acercaron los que habían recibido los talentos, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado’. Luego se acercó el segundo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado’. Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: ‘Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’. Palabra del Señor.

Oración Personal.

 

  1. Los talentos son las cualidades que Dios nos ha dado como el que recibió cinco talentos y su compañero, que negoció con dos. Cada uno debe producir al máximo según lo que ha recibido de su señor. Por eso, felicita al que ha ganado dos talentos, porque ha obtenido unos frutos en proporción a lo que tenía. Su señor no le exige como al primero, ya que esperaba de él otro rendimiento. Igualmente se aplica a nosotros, según las posibilidades reales de cada individuo. Hay personas que tienen don de gentes, otras son muy serviciales, otras son capaces de entregarse al cuidado de personas enfermas; los hay con una profesión, con un trabajo, con unos estudios, con una responsabilidad concreta en la sociedad. Es un pecado de omisión, que daña al corazón de Cristo, cuando, habiendo recibido los talentos, por pereza, egoísmo, falta de interés y desprecio, no los multiplica. Analízalo en torno a tu familia. ¿Qué has hecho por ella? ¿Qué cualidades pones en práctica? ¿Cuántas veces los haces crecer en la fe, la esperanza y en la caridad, o en el amor, la unidad y la paz?

Oración Personal.

 

  1. El hombre de la parábola representa a Jesús, dice el Papa Francisco, los servidores somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía. ¿Cuál es el Patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celeste, su perdón… en resumen, tantas cosas, sus más preciosos bienes. Este es el patrimonio que Él nos confía. No solamente para custodiar, sino para multiplicar. Los talentos representan los bienes del Señor, que Él nos confía para que los hagamos fructificar. El pozo cavado en el terreno por el «servidor malo y perezoso» indica el temor del riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo de los riesgos en el amor nos bloquea. Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte. Jesús no nos pide esto, sino que quiere que la usemos para provecho de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así se multiplican. Es como si nos dijese: “He aquí mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y úsalos abundantemente”.

Oración Personal.

 

  1. Y nosotros ¿qué hemos hecho con ellos? ¿A quién hemos “contagiado” con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos alentado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestra familia? Son preguntas que debemos hacernos. Cualquier ambiente, también el más lejano y árido, puede convertirse en un lugar dónde multiplicar los talentos. No existen situaciones o lugares excluidos a la presencia y al testimonio cristiano. El testimonio que Jesús nos pide no es cerrado, es abierto, depende de nosotros. Esta parábola nos empuja a no esconder nuestra fe y nuestra pertenencia a Cristo, a no sepultar la Palabra del Evangelio, sino a hacerla circular en nuestra vida, en las relaciones, en las situaciones concretas, como fuerza que pone en crisis, que purifica, que renueva. Así como también el perdón, que el Señor nos dona especialmente en el Sacramento de la Reconciliación: no lo tengamos encerrado en nosotros mismos, sino dejémoslo que desate su fuerza, que haga caer los muros que nuestro egoísmo ha levantado, que nos haga dar el primer paso en las relaciones bloqueadas, retomar el diálogo donde no hay más comunicación… Hacer que estos talentos, estos regalos, estos dones que el Señor nos ha dado, sean para los demás, crezcan, den fruto con nuestro testimonio.

Oración Personal.

 

  1. Como familia nos hemos consagrado al Corazón sagrado de Jesús y al Inmaculado Corazón de María y hoy sería una cosa buena que cada familia lea nuevamente el Evangelio de San Mateo, capítulo 25, versículos del 14 al 30 y lo mediten un poco: “los talentos, las riquezas, todo aquello que Dios nos ha dado de espiritual, de bondad, la Palabra de Dios. ¿Cómo le hacemos para que crezcan en los demás? ¿O solamente los custodiamos en una caja fuerte?”. Además el Señor no da a todos las mismas cosas y de la misma manera: nos conoce personalmente y nos confía aquello que es justo para nosotros; pero en todos, en todos hay algo de igual: la misma, inmensa confianza. Dios se fía de nosotros, Dios tiene esperanza en nosotros. Esto es igual para todos ¡No lo defraudemos! ¡No nos dejemos engañar por el miedo, sino intercambiemos confianza con confianza! La Virgen María encarna esta actitud de la forma más bella y más plena. Ella ha recibido y acogido el don más sublime, Jesús en persona, y a su vez lo ha ofrecido a la humanidad con corazón generoso. Pidámosle ayudarnos a ser “servidores buenos y fieles”, para participar “de la alegría de nuestro Señor”.

Oración Personal.

 

  1. El Papa ha recalcado que no hay que caer en la trampa de calificar a la familia con conceptos de naturaleza ideológica que solamente tienen fuerza en un momento de la historia y luego decaen. La familia es un hecho antropológico. La familia tiene una fuerza en sí misma. Por lo mismo, la familia al haberse consagrado, toma las riendas de su misma familia, pero con corresponsabilidad, lo cual debe hacernos pensar en lo que el hombre y la mujer hacen, desde la complementariedad, es desarrollar sus talentos. Los sagrados corazones de Jesús y de María, vivieron unidos desde el vientre de María, así debe vivir el esposo y la esposa, unidos en un mismo corazón, unidos para que al momento de latir lo hagan con la misma armonía que pide Dios. La complementariedad, es la base del matrimonio y la familia, primera escuela en donde aprendemos a apreciar nuestros dones y aquellos de los otros y en donde se aprende el arte de vivir juntos”. Esta complementariedad entre hombre y mujer, continuó el Papa, asume muchas formas porque cada hombre y cada mujer aporta la propia contribución personal en el matrimonio y en la educación de los hijos. La propia riqueza personal, el propio carisma personal y la complementariedad se transforman así en una gran riqueza, y no sólo es un bien, sino también belleza. Estos son los talentos que la familia debe recibir.

Oración Personal.

 

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Unidos a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, pidamos al Señor que escuche nuestra oración, diciendo:

R/ Que nuestro corazón se inflame de tu amor.

  1. Concede al Papa Francisco y a nuestro obispo Gustavo, un corazón ardiente, semejante al de Jesús y María, para anunciar el Evangelio a todos los pueblos. Oremos
  2. Concede a nuestra Diócesis, en su aniversario XXV, por el amor a los Sagrados Corazones, tu Espíritu Santo, para que anuncie el Evangelio a los que no conocen a tu Hijo. Oremos
  3. Concede a nuestros presbíteros, diáconos, religiosos, que los Sagrados Corazones de Jesús y María acreciente en ellos el celo por tu palabra y la extensión de tu reino. Oremos
  4. Concede a nuestros gobernantes, tu ayuda a través de los Sagrados Corazones, para que puedan establecer entre los pueblos relaciones de amor, de concordia y de paz. Oremos
  5. Concede los matrimonios de nuestra Diócesis, ser modelo para sus hijos de amor a tu Iglesia y a la humanidad y testigos de fidelidad, fruto de la consagración a los sagrados corazones. Oremos.
  6. Concede a los jóvenes, adolescentes y niños, la perseverancia en la iglesia y escuchen el llamado al amor y sirvan como lo hizo Jesús y María, desde una consagración. Oremos.
  7. Concede a quienes nos hemos reunido en esta hora eucarística, vivir la consagración, como familia, retomando las cualidades propias de Jesús y de María. Oremos

Padre santo, concédenos palpar tu amor obteniendo los bienes que te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

  1. Sacratísimos Corazones de Jesús y María, unidos en el amor perfecto, somos la familia: _____________________ mírennos con misericordia y cariño.

Consagramos nuestros corazones, nuestras vidas y nuestras familias a Ustedes bajo la poderosa intercesión de San José.

Conocemos que el ejemplo bello de Su hogar en Nazaret fue un modelo para cada una de nuestras familias. Esperamos obtener, con su ayuda, la unión y el amor fuerte y perdurable que nos dieron.

Que nuestro hogar sea lleno de gozo. Que el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia, el respeta mutuo y el perdón de corazón, sean dados libremente a todos.

Que nuestras oraciones incluyan las necesidades de los otros, no solamente las nuestras. Y que siempre estemos cerca de los sacramentos.

Bendigan a todos los presentes y también los ausentes, tanto los difuntos como los vivientes. Que la paz esté con nosotros, y cuando seamos probados, concédannos la paz cristiana a la voluntad de Dios. Mantengan nuestras familias cerca de sus Corazones; que su protección especial esté siempre con nosotros.

Sagrados Corazones de Jesús y María, escuchen nuestra oración. Amén.

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES: *Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

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