¡Jesús se tú nuestro Camino, Verdad y Vida!

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Creemos en ti, Padre porque en la alianza del Sinaí preparaste la Alianza definitiva de Cristo, sellada con su Sangre y hecha presente en la Eucaristía. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque el Sacrificio que realizaste en la última cena, es el que celebramos en la eucaristía que nos envía a ser testimonio. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque el cáliz y el pan partido que celebramos en la eucaristía, nos hace iglesia en comunión por medio de tus frutos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Tu Hijo Jesús, ahora vivo entre nosotros, insiste en que nos perdonemos unos a otros. Enséñanos a perdonar como tú perdonas, completamente y sin reservas. Te damos gracias porque nos has perdonado mucho y porque no has tenido ya en cuenta el castigo merecido por nuestros pecado. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Adoración personal

MONICIÓN: Jesús instituye la Eucaristía como nueva Pascua, y el sacerdocio para continuar su obra en el mundo, inaugurando el pueblo, hijos de Dios, nacidos en la Cruz. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”. Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”. Palabra del Señor.
Oración Personal.

1. ¡Estás aquí, Señor! Y, ante un mundo indiferente a tu presencia, nuestras voces aclaman lo que el corazón siente: Estás como alimento y vida. No permaneces al margen de nuestra vida; te ofreces como bastón que da firmeza a el caminar. No nos dejas de tu mano a pesar de que hemos quitado la nuestra. No permites que otras luces sean más potentes que los rayos de tu verdad y de tu justicia. Sí, Señor; ¡estás aquí, y nos basta! Manifestamos públicamente que, nada ni nadie, podrá ofrecernos la alegría que Tú nos das. Y cantamos, a los cuatro vientos, que tu voz, por ser divina y humana, habla en medio de nuestras miserias o nos levanta en las caídas. Sí, Señor; estás presente en el pan y el vino, para que, la mesa de nuestra vida, cuente siempre con el principal sustento: la fe, la esperanza, la caridad, ofrecida como Cuerpo y Sangre de Cristo. ¡Estás aquí y te damos gracias! Porque te haces ofrenda por el hombre y compartes sus preocupaciones y necesidades Y sales, con tu mano poderosa, bendiciéndonos. Amén
Oración Personal.

2. ¡Vas por delante, Señor! Porque, conociendo la debilidad del hombre, sabes que necesita de tu mano y de tus huellas para no perder el camino de la verdadera vida. Que, sin Ti, cae, de la desilusión y el desencanto a la tibieza, al pesimismo o a la asedia. Vas por delante, porque empujas con la fuerza o el secreto del amor, nuestra humanidad. Inyectas con tu sangre nuestro mundo y nuestro débil cuerpo. Hoy te decimos: ¡Danos siempre de tu Cuerpo y de tu Sangre, para caminar hacia la vida eterna. Señor, somos tus amigos los que queremos llevarte como el mejor tesoro al mundo. Los que, envueltos en contradicciones, somos miembros de tu Cuerpo y anunciadores de tus buenos y santos misterios. Mira al enfermo que, desde su sufrimiento, te grita: ¡ten compasión de mí! Detén tu mirada sobre el que, muerto aun estando vivo, te pide un poco de esperanza en su caminar. No dejes de bendecir a los que, abriendo su corazón, te dicen que, entre todo lo conocido, Tú eres lo mejor y digno de ser adorado. Gracias, Jesús, por compartir nuestras prisas y ofrecernos un poco de calma. Gracias, Jesús, por no ser indiferente a nuestra vida y colmarnos con tus dones. Gracias, porque tu Cuerpo y tu Sangre nos redime, nos hace fuertes, decididos, valientes, entusiastas, comprometidos y nos hace sentir hoy, más que nunca, que merece la pena caminar y vivir contigo. Amén
Oración Personal.

3. Con emoción, Señor, te alabamos y te exaltamos en el altar, pero en las calles, en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en nuestro vivir, no siempre estamos preparados para acoger. Tú siempre vienes, Señor, personalmente a cada uno de nosotros. Observas nuestra vida, y ves que le falta algo de amor. Entras en nuestros corazones, y ves que, no siempre hay lugar para ti. Convierte nuestras almas en una morada para tu presencia. Ilumina nuestros corazones con la luz de tu verdad. Abre nuestros ojos con el resplandor de tu Cuerpo. Dirige nuestros pies por los caminos de tu Verdad. Fortalece nuestro interior cuando, las idolatrías nos prueben, nos persiguen o nos hacen rechazarte. ¡Danos, Señor, a beber tu vida!, pues sin tu vida, nuestra vida se desangra y queda insatisfecha, vacía y llena de desilusión. Señor no dejes de bendecirnos, de tocarnos con tu gracia de inspirarnos oportunamente con tu Palabra de hacernos invencibles con tu Sacramento de llenarnos con el Pan de la Vida de saciarnos con la Sangre que corre por tus venas. Bendícenos, Señor; haznos vivos y valientes, haznos entusiastas y decididos para que, a la multitud que espera tu llegada, sepamos anunciarles y llevarles tu Reino tu presencia, tu pan multiplicado, tu mano sanadora y tu corazón compartido. Amén.
Oración Personal.

4. Sales, Señor, de tu templo a nuestras calles, a nuestras casas, para hacernos entender que la fe hay que llevarla a la vida y que, la vida, se hace más santa cuando se hace encuentro con el cáliz de tu sangre y se hace más fuerte cuando se come el pan que deja de serlo para ser tu mismo Cuerpo. Sales a nuestros trabajos, nuestras escuelas y te seguimos de cerca, como lo hicieron tus amigos entonces y, al tocar tu túnica como el enfermo, quedamos sanos, al estrechar tus manos, como el ciego recobramos la vista, al sentir tu aliento, como el moribundo volvemos a la vida y, al escuchar tus palabras, caemos de rodillas. Sales a nuestra Diócesis y nuestra Parroquia para recordarnos que no todo, aquí y ahora, es justicia ni verdad, para pro-clamar tu reino aun a sabiendas de dificultades para observar, muy de cerca, las heridas y curarlas y los corazones rotos y restaurarlos. Sales en medio de nuestra vida, durante todo el tiempo, para convertirnos en verdaderos altares que miren hacia el cielo y nuestro testimonio sea escaleras para que muchos puedan ascender hasta ti y puedan contemplar la gloria de Dios en la tierra. Amén.
Oración Personal.

5. No dejes de salir, Señor, porque, sin Ti, el mundo se enfría, el hombre se envilece, olvidamos que el amor es fuente de felicidad. No dejes de salir, porque seguimos necesitando tu pan multiplicado, porque somos tan débiles como ayer. Y, si ves que nos alejamos de ti, sé un imán que nos atraiga hacia la fuente de la verdad, alcánzanos de frente para nunca más olvidarte, acércanos el cáliz de tu amor y de tu perdón. Sí, Señor; no dejes de salir y deja que nos arrodillemos ante Ti, cuando Tú lo hiciste ante nosotros en Jueves Santo, deja que te hablemos al corazón, cuando Tú, lo hiciste en cada uno de los nuestros, deja que presentemos al mundo este manjar, cuando, Tú, nos lo dejaste en sencilla mesa, deja que nos miremos los unos a los otros para cantar contemplando este Misterio. Que nadie ocupe el lugar que te corresponde en el mundo. Que nadie turbe la paz y la calma del día del Corpus. Que nadie, creyéndose rey, se sienta más importante que Aquel otro. Señor, aquí tienes nuestros corazones, haz de ellos una patena; nuestras mentes, un altavoz; nuestras manos, una carroza; nuestros ojos, dos diamantes; nuestros cuerpos, las más auténticas custodias que nunca se cansen de anunciar por todo el mundo que sigues viviendo y permaneciendo eternamente presente en el gran milagro de la Eucaristía. Amén.
Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
Padre, que por el ministerio de los sacerdotes se hace presente tu Hijo, para ser nuestro alimento espiritual, te presentamos nuestras necesidades para llenarnos de esperanza, diciendo:
R/ Padre, plenitud del amor y de la esperanza, escúchanos.

Por la Iglesia que no deje de asombrarse ante el misterio de la Eucaristía, y enseñe a sus hijos que no se puede vivir cristianamente sin participar de esta gran celebración. Oremos.

Por los gobernantes que busquen siempre abrirse al misterio de la Eucaristía y abran su mente y su corazón, al clamor del pueblos. Oremos.

Por los niños que se preparan para completar a la Confirmación o Comunión, que descubran la importancia de la Eucaristía y perseveren en este gran propósito. Oremos.

Por los jóvenes que participar de la Eucaristía, que descubran la riqueza contenida en la Palabra de Dios y quieran servir desde el sacerdocio a los hermanos. Oremos.

Por ancianos, los enfermos y los agonizantes, que el viático robustezca su esperanza, sea consuelo y fuerza en su angustia, y prenda de resurrección en su tránsito. Oremos.

Por toda nuestra comunidad parroquial, que nuestro testimonio de fidelidad a Cristo Eucaristía, sea una motivación para que muchos encuentren y quieran vivir la Eucaristía. Oremos.

Padre en esta gran solemnidad, concédenos alabar a nuestro Pastor y guía, y por medio de él, concédenos cuanto con fe te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Señor, desciende a los áridos y complicados caminos de nuestra vida, donde se debate el presente y el futuro del hombre. Baja y comparte la existencia de aquellos que buscan, en la vida y con su vida, una razón para nunca perderte. No te quedes en el silencio, que algunos pretenden imponerte: ¡Habla! ¡Bendice! ¡Camina junto a nosotros! Nunca, como hoy, el mundo vacío necesita llenarse de algo. No permitas, Señor, que tu Cuerpo se haga invisible después de haberte multiplicado en la gran mesa de tus invitados. No permitas que tu Sangre quede paralizada por la vergüenza y la falta de valentía, de aquellos que decimos creer y seguirte. No permitas que tu Palabra quede enmudecida por otras que son falsas y que no conducen a nada. ¡Quédate, Señor, con nosotros! Sin tu Eucaristía, el corazón se enfría. Sin tu Palabra, el pensamiento se racionaliza y endurece. Sin tu presencia, se hace menos fraterno y más egoísta el caminar de cada día. Quédate, Señor, con nosotros y bendícenos. Fortalécenos con un nuevo afán evangelizador. Llénanos de vitalidad evangélica. Danos y
auméntanos el gusto por la Eucaristía. Amén.

BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo.
Que contiene en sí todo deleite
OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.
ACLAMACIONES:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.
ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

Los comentarios están cerrados