La fe nos lleva a vivir con responsabilidad

domingo11

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

“Creemos en ti, Padre porque ves que tu pueblo no reconoció la llegada de tu reino y lo haces manifiesto para todos en tu Hijo.” (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

“Creemos en ti, Jesucristo porque con tu cruz pediste al Padre que perdonara a los que rechazaban el reino enviado por El.” (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

“Creemos en ti, Espíritu Santo porque mueves nuestros corazones para que busquemos siempre el reino.” (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Tú diriges el mundo y a toda la humanidad hacia el reino. Da a los líderes del mundo y de nuestro país una visión de futuro que sea a la vez realista y respetuosa de la dignidad y de los derechos humanos. Ayúdanos a dar testimonio de los valores del evangelio y a involucrarnos con valentía en el trabajo de libertad, integridad y justicia, para construir una comunidad que anuncie eficazmente el reino. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: El evangelio nos recuerda que un buen cristiano debe ser también buen ciudadano asumiendo sus responsabilidades hacia la comunidad humana. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo. Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”. Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: “Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”. Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Palabra del Señor.

Oración Personal.

1. Abraham siguió la guía de Dios sin saber a dónde lo llevaría. María la madre de Jesús esperaba la venida del Mesías sin saber cuándo iba a suceder. José confió en el propósito de Dios sin saber por qué las circunstancias se dieron como se dieron. Todos ellos se entregaron a Dios por completo. Pero entonces, ¿cómo saber que te entregas verdaderamente? Cuando dependes de Él para que las cosas resulten bien, en lugar de manipular a los demás, imponer tus ideas y controlar la situación, uno suelta las riendas y deja que Dios actúe. Como Jesús, siguiendo los latidos de su corazón, también debemos reaccionar con mucha paz, cuando la crítica viene hacia nosotros y no salir presurosos a defendernos. Un corazón rendido se destaca en las relaciones personales. Una vez que nos entregamos a Dios, ya no criticamos a los demás, no exigimos nuestros derechos y no buscamos nuestro propio bien. La consagración de nuestras personas significa entregar todo lo que somos, lo que tenemos, lo que nos gustaría hacer, nuestros dones, nuestros bienes en todos los aspectos: espirituales, corporales, materiales. Para muchas personas, el elemento más difícil de entregar es el dinero. Muchos han dicho: “Quiero vivir para Dios, pero que Él no se meta con mi familia, con mi salud, con mi bienestar, con mi dinero”. La consagración bien entendida es entregarle todo sin mantener ataduras del César. Que Él disponga de nosotros según su voluntad.

Oración Personal.

2. En la consagración, en la entrega auténtica a Dios, el consagrado dice: Dios y Padre mío, si este problema, dolor, enfermedad y circunstancia son necesarios para cumplir tu propósito y para tu gloria en mi vida o en la de otro, no me libres de este momento. Creo en Ti. Confío en Ti. Dame la fuerza para enfrentar todo lo que venga y no me sueltes. Este grado de madurez no se logra fácilmente. En el caso de Jesús, la agonía en el Huerto de los Olivos fue tanta que sudó gotas de sangre. La entrega implica trabajo duro. En nuestro caso, es un combate intenso contra nuestra naturaleza egocéntrica y contra los ataques del mundo, contra la misma situación social, política y cultural de donde vivimos. Entonces, ¿Qué bondades o beneficios se deben esperar de una consagración? La Biblia no podría ser más clara con respecto a los beneficios que trae una vida completamente entregada a Dios. En primer lugar, experimenta paz. Deja de discutir con Dios. Ponte de acuerdo con Él y por fin tendrás paz y las cosas te irán bien. En segundo lugar, experimenta la libertad: Sométete a los caminos de Dios y serás libre para siempre. En tercer lugar, experimenta el poder de Dios en tu vida. Cristo puede derrotar las tentaciones más difíciles y los problemas más terribles si se los entregas a Él. Ahí tenemos lo que el evangelio nos marca: “Den a Dios lo que es de Dios”.

Oración Personal.

3. La consagración en el contexto que hemos venido explicando significa victoria, el triunfo de Dios sobre los poderes del mal. Cuando Josué el personaje bíblico estaba próximo a la batalla más grande de su vida, se encontró con Dios, se postró en adoración y se puso a sus órdenes, entregándole sus planes. Esa entrega le permitió una victoria grandiosa. Así que la consagración puede resultar para muchos una contradicción. La realidad más clara y decisiva nos dice que la victoria viene de rendirse. La entrega no nos debilita, por el contrario, nos fortalece. Cuando nos entregamos a Dios, no tenemos por qué temer o rendirnos a nada. Existe una frase que dice: “Nunca es más grande el hombre que cuando está de rodillas. Sí, se hace grande en su humildad ante Dios.” Dios eligió a María para ser la madre de Jesús, no porque fuera talentosa o rica o hermosa, sino porque era una persona total y completamente consagrada a Él. Cuando el ángel le explicó el asombroso plan de Dios, ella con calma le respondió que era la sierva del Señor y que estaba dispuesta a aceptar lo que Él quisiera. No hay nada más poderoso que una vida consagrada puesta en las manos de Dios. Así que los consagrados, sin excepción, debemos someternos completamente a Él y no al mundo.

Oración Personal.

4. En nuestra vida todos acabamos rindiéndonos a algo o a alguien. Si no nos entregamos a Dios, nos entregaremos al mundo o expectativas de otros, al dinero, al resentimiento o a nuestro propio orgullo. Dios nos diseñó para adorarlo, si no lo hacemos, creamos nuestros propios ídolos, para entregarles nuestra vida y así el tener, el poder y el placer, se convierten en verdaderos ídolos a quienes servimos. Somos libres de elegir a quién nos rendiremos, pero no podremos librarnos de las consecuencias de esa elección. La verdad es que si la persona no se entrega a Cristo, se entrega al caos. Entregarse, consagrarse, no es la mejor manera de vivir, es la única manera de vivir. Consagrar nuestras vidas, nuestras familias, nuestras situaciones, es la única manera de vivir. Cualquier otra decisión conduce a la frustración, decepción y la propia destrucción. Entregando nuestras vidas a Dios, es la manera más segura de servir a Dios y de que vivamos en paz, confiando que Él nos lleva de la mano. Entregar nuestra vida a Dios no debe ser un impulso emocional y sin sentido, sino una acción inteligente y racional, el acto más responsable y verdadero que podemos hacer con nuestra vida. Recuerda que el mayor estorbo a la bendición de Dios en tu vida no son los demás, sino tú mismo: tu propia voluntad, tu orgullo y tu ambición personal.

Oración Personal.

5. La consagración y tu rendición ante Dios significan también que Dios va a trabajar a fondo contigo. Entrégale todo a Dios: lo que lamentas de tu pasado, tus problemas del presente, tus ambiciones para el futuro; tus temores, tus sueños, tus debilidades, tus costumbres, tus penas y tus complejos. Pon a Cristo en el centro de tu vida y suelta las riendas. No tengas miedo; nada que Él tenga bajo su control puede quedar a la deriva. Si Cristo tiene el dominio podrás enfrentarlo todo, recuerda que así como paga por Simón, también paga por ti. Y serás como Pablo que dijo “estar listo para cualquier cosa y para enfrentar a cualquier circunstancia, gracias a aquel que le infunde la fuerza interior”. La consagración nunca es un acontecimiento transitorio. Pablo dijo “cada día muero”. Con esto, queda claro que hay un instante para la consagración y una práctica de la consagración que es a cada momento y por toda la vida. Es necesario “consagrar y re-consagrar” nuestra vida varias veces al día. La consagración debe hacerse constantemente hasta que se convierta en un hábito diario. Jesús afirmó: “Si alguno quiere seguirme, debe renunciar a las cosas que quiere. Debe estar dispuesto a renunciar a su vida cada día y seguirme”. Es bueno comprender que tener una vida enteramente consagrada, es estar optando cada día por Jesús, por sus enseñanzas y por sus mandamientos.

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Presentemos al Padre nuestra oración, unidos a Jesús, nuestro Señor, diciendo:

R/ Escúchanos, Padre .

Por la Iglesia, los hombres y mujeres de todos los pueblos, especialmente de nuestra Diócesis convocados a participar y a consagrar su vida a los sagrados corazones. Oremos.

Por nuestro obispo, los hermanos del movimiento “la Misión por el amor de Dios en todo el mundo”, que nos ayudan a consagrarnos, que el amor que brota del corazón de Jesús y María les recompense. Oremos.

Por los gobernantes y los políticos, por los que tienen poder en este mundo, que puedan ejercerlos, siguiendo los latidos amorosos de los sagrados corazones. Oremos.

Por los jóvenes, llamados también a participar del banquete preparado, que consagren su vida y se dejen transformar por el amor de Jesús y de María. Oremos.

Por los pobres, los migrantes y los marginados, que encuentren corazones generosos en su diario vivir, que les hagan agradecidos y descubran el amor de Jesús por María. Oremos.

Por los que estamos reunidos en esta hora eucarística, presencia del amor, que aprovechemos la oportunidad de seguir celebrando al consagrar nuestra vida. Oremos

Padre de misericordia, recibe estas peticiones y todas aquellas que llevamos en nuestro corazón, para que caminemos como nos enseñó tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

6. Señor, no sé si deba consagrarme, porque, cuántas veces confundo lo divino con lo humano. Cuántas veces, lleno de lo superficial, olvido que tú existes desde que nací. Cuántas veces, escuchando tu Palabra, me quedo con aquellas escritas en el presente. Entonces, Señor, sólo entonces me doy cuenta que sirvo demasiado al “césar” de este mundo. Señor, cuántas veces, pretendo una iglesia acomodada y no profética, alejada de todo compromiso. Cuántas veces, dedicado al intercambio de moneda no veo que, la mayor riqueza soy yo: como persona y como hijo tuyo, como llamado a la vida y a la gracia, a la santidad, a la sencillez y a la adoración en tu presencia. Cuántas veces, pendiente de lo que pasa a mi alrededor te doy las migajas de unos minutos de oración o las prisas de una misa rutinaria. Cuántas veces, soñando con ser grande dejo de lado aquel cielo en el que, para entrar, he de ser pequeño. Señor, que no me olvide, que tú eres el centro de todo. Que no me olvide de orientarme desde ti y contigo. Que no me olvide que el cielo y la tierra son todo obra de tu mano.

Que no me olvide que entre los “césares” que intentan manipular mi conciencia, sólo tú, Señor, tienes derecho a entrar en ella. Amén.

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:

*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

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