La semilla de Dios Padre está en nosotros

elsembrador

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

Creemos en ti, Padre y te alabamos porque has sembrado en nuestros corazones el deseo de conocerte y entrar en tu Reino. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo y te alabamos, porque eres la semilla puesta en nuestra tierra, para que desde la fe, conozcamos al Padre. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo y te alabamos porque nos ayudas a ser tierra fértil dando testimonio del amor del Padre a los hermanos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

 

ORACIÓN:

Padre: Tu Hijo Jesús abrió los oídos de los sordos y dio vista a los ciegos. Danos la gracia de escuchar su mensaje de Buena Noticia de salvación, de saber escuchar su voz, de abrir especialmente nuestro corazón a toda la luz, amor y esperanza en lo que nos dice. Danos también valor para hablar y vivir según nuestra fe, para que su palabra dé abundantes frutos. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: Jesús habla en parábolas, quien la oye, debe hacer realidad la utopía del relato y empezar a vivir de acuerdo con lo escuchado.

De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Mateo: Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que Él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo: “Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga”. Palabra del Señor.

Oración Personal.

1. Dios es el sembrador. De esa manera tan sencilla nos habló Jesús sobre nuestro Padre del cielo. Es un buen Padre, porque que la semilla que él sembró está en la Encarnación de su Hijo. Jesús fue introducido, por el Padre en el mundo, como la semilla que cae en la tierra y cala hasta lo más profundo para dar buen fruto. Dios echa la semilla. Siempre. Todos los días. Dios nos sorprende en su forma de actuar, pues va sembrando por donde nosotros no nos imaginamos. Un sembrador, que conoce la tierra y sabe de tiempos y tierra, no tira la semilla por cualquier lugar; sin embargo, el Padre lo hace y, nos sigue sorprendiendo porque Él espera que crezca algo. Y a lo mejor nos asusta porque no entendemos cómo ni por qué. El Padre, simplemente quiere sembrar en nosotros su amor y la semilla que siembra la hace para todos, esperando que dé mucho fruto, fruto que nos hagan reconocerlo con amor, con misericordia, con esperanza; porque lo que nos trae Jesús es la paz, así nos lo hace saber después de haber estado tres días en el sepulcro, en la tierra: “La paz esté con ustedes”.

Oración Personal.

2. La semilla cae en la tierra. Pero hay “pájaros”, “piedras”, “zarzas” o el “maligno” que van a fastidiar la cosecha. Sin embargo, Dios es más fuerte que todas esas cosas y hace posible que la semilla dé fruto. A pesar de todas las dificultades que encontramos en la vida, debemos poner de nuestra parte, abrirnos a los ritmos de Dios, a sus tiempos, a sus “lluvias”. Dice el refrán que “nunca llueve a gusto de todos”. Y a veces no “llueve” cuando nosotros queremos. Porque Dios no se deja manipular, ni atrapar. Es tan libre y tan cercano como el verdadero amor. La gracia de Dios empapa la tierra, dice Isaías, para que fecunda, dé semilla al sembrador y pan al que come. La palabra de Dios no solo es eficaz y eficiente, sino fecunda. Hace lo que dice. Y lo hace porque es capaz de meterse hasta las entrañas más profundas de nuestro corazón. Ahí es donde Dios actúa, si le dejamos entrar tan adentro. Porque muchas veces nuestra relación con Dios es superficial, que no nos moleste mucho, que no nos quite nuestros planes. Pero la acción de Dios va hasta dentro, hasta el fondo, empapa, cala, fecunda y hace germinar en nosotros las semillas y los frutos que Él quiere.

Oración Personal.

3. El Padre, el sembrador cuida la tierra, la riega, la enriquece, porque el amor de Dios, es sin medida. Nos da lo que necesitamos en cada momento. Cuando vamos a la Eucaristía, esa Palabra se convierte en alimento de vida, en Pan para el camino, para la fe, para el amor, para la entrega, para el servicio a los más pobres. El Padre nos enriquece con la Palabra y nos alimenta con el Cuerpo de su Hijo, nos cuida y nos deja expuesto el cuerpo crucificado de su Hijo en esta hora eucarística, así Dios va haciendo día a día, no debemos desaprovechar lo que Él hace por nosotros, porque quiere que su amor penetre en nuestros corazones. Ese amor no lo dejemos que vuelva al cielo sin empapar y transformar nuestra vida. Sabiendo que el Padre pone la semilla y crece en nosotros para dar frutos abundantes del reino; por eso debemos ser buenos sembradores, de disposiciones, de sentimientos, de pensamientos, de acciones, de hábitos, de destinos.

Oración Personal.

4. ¡Cuántas cosas recibimos de Dios! Hay algunos que dicen que no; que todo lo que son, adquieren, mueven y disfrutan, es fruto de la casualidad o del propio esfuerzo. Los creyentes, sin embargo, sabemos que todo lo que pasa, no ocurre sin el consentimiento de Dios. Nosotros, somos campo y sembradores a la vez. ¡Somos siembra y sembrador! Desde el día de nuestro Bautismo, el Señor, puso en nosotros la semilla de la fe. Con el paso de los años, en el campo de nuestra vida espiritual, el Señor ha ido depositando, una y otra vez, gérmenes de su amor, de su Eucaristía, del Sacramento de la Reconciliación. ¿O es que, los sacramentos, no son esos granos que nos hacen crecer y nos hacen fuertes frente a tantas adversidades? Pero, como en los campos castigados por la sequía o por la cizaña, también con nosotros ocurre algo parecido, cuando queremos y no podemos, o dejamos malograr aquello que Dios depositó en lo más hondo de nuestros corazones. Porque queremos ser del Señor, pero somos muy nuestros; queremos dar la cara por Él, pero tenemos miedo a que nos lastimen; nos gustaría anunciar su Reino, pero preferimos sentarnos frente al televisor y dejarnos seducir por los anuncios de bienes pasajeros. Dejémonos transformar por el Señor.

Oración Personal.

5. Nuestra vida cristiana ha estado muy acostumbrada a recibir. ¿Y cuándo vamos a dar? ¿Cómo San Pablo, sabemos de quién nos hemos fiado? Un campo, como el de los cristianos, no puede estar en permanente vacación. Mejor dicho; una vida, como la de los cristianos, no puede conformarse con mirar hacia el cielo; con esperar a que todo se nos dé hecho. Hemos recibido mucho y, en justicia, por amor a Dios y por coherencia, hemos de dar algo de lo mucho que Dios nos da. Los papás, involucrándose un poco más en la educación cristiana de sus hijos. Los sacerdotes, anunciando el Reino con todas las consecuencias tal como dice Papa Francisco, no siendo más funcionarios que consagrados. Los políticos o quienes tienen algún cargo de responsabilidad, buscando el bien común. Los jóvenes buscando más el reino en su vida, que la pura apariencia, las prisas, el disfrute o la fiesta. Los niños entendiendo lo mucho que otros hacen por ellos. El Señor, sigue observándonos y ¡cuánto espera de nosotros!

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Oremos al Señor que siembra y cosecha, para que los hombres puedan acoger con entusiasmo su palabra y responder a su llamado urgente, diciendo:

R/ Escucha a tu pueblo, Señor.

1. Por la Iglesia: el Papa, obispos, sacerdotes, religiosos, misioneros, catequistas, maestros y padres de familia que siembran y difunden la Buena Noticia de salvación, para que sigan sembrando la semilla aun cuando no vean el fruto, oremos.

2. Por los gobernantes y políticos, que muchas veces no se sienten movidos por la palabra de Dios, para que vean que es importante ser sembradores de paz y amor, para su propia vida y su felicidad, oremos.

3. Por los jóvenes que muchas veces han permanecido sordos a la palabra de Dios, para que se sientan movidos por ella, cuando vean que florece y da fruto en sus vidas, que sean buenos cristianos, siendo sembradores de esperanza para tantos jóvenes necesitados, oremos.

4. Por el P. Aníbal, que celebra junto con la Iglesia, 24 años de vida sacerdotal, para que la palabra de Dios le fortalezca, le infunda su Espíritu y ayude a seguir esperando en nuestro Dios amoroso y misericordioso, oremos.

5. Por nosotros y por todas las comunidades cristianas, para que no permitamos que los afanes de la vida ahoguen la palabra de Dios en nuestras vidas, oremos.

 

Señor, que tu palabra no vuelva a ti sin que tu voluntad se cumpla y que nuestras súplicas no retornen sin que tú las hayas escuchado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

6. Quiero, Señor, ser campo, donde tu mano siembre, y trabajo donde yo me esfuerce. Ser camino por donde tú te acerques, y sendero por el que otros, al avanzar con ellos, puedan llegar a conocerte y amarte. Quiero que las piedras que entorpecen tu gran obra las deje a un lado, con la ayuda de tu Palabra. Que la superficialidad en la que me encuentro, dé lugar a la profundidad de tu Misterio. Que nunca se seque en mí lo que, en mi Bautismo, tú iniciaste. Que las cizañas del materialismo no ahoguen la vida del Espíritu, que en mi alma vive. Que el sol abrasador, de la comodidad, nunca sean más grandes que mi deseo de amarte, seguirte y ofrecer mi vida por ti. Quiero dar el diez, o el veinte o el treinta por ciento por ti y por tu Reino, porque tú lo sabes, eres el dueño de mi vida, el responsable de mis campos, la mano de mis sembrados. Quiero que lo que me des, esté dispuesto a entregarlo a todos aquellos que todavía no te conocen. Amén.

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:

*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA

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