Levántate de la oscuridad y Jesús será tu Luz

HORA SANTA
Levántate de la oscuridad y Jesús será tu Luz

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Creemos en ti, Padre porque nuevamente tocas nuestros corazones y abres nuestra mente a tu amor y tu verdad, manifestada en tu Hijo. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
Creemos en ti, Jesucristo porque hace barro con tu saliva para tocar nuestros ojos y abrirlos para contemplar tu presencia siempre cercana a nosotros. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
Creemos en ti, Espíritu Santo porque derramas tu gracia y toca nuestros corazones y los abres a tu amor y tu verdad para llevarlos al prójimo. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Tú ciegas los ojos de los que piensan que ven porque sólo confían en sus propias actitudes; que tu Hijo abra nuestros ojos para ver tu luz. Que Jesús, luz del mundo, nos cure y nos dé fe y comprensión. Que renueve nuestra visión para encontrar el camino que nos conduce a ti y a los hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Adoración personal

MONICIÓN: Jesús nos busca para abrir nuestros ojos, nuestra mente y corazón a Él mismo y a su Buena Nueva de salvación, con el ejemplo del ciego de nacimiento. De pie.
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?” Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo”. Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé”. Él fue, se lavó y volvió con vista. Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. Y le preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?” Él les respondió: “El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Entonces fui, me lavé y comencé a ver”. Le preguntaron: “¿En dónde está él?” Les contestó: “No lo sé”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”. Le dicen al ciego: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”. Contestó él: “Si es pecador, yo no lo sé”. “Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”. Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró. Palabra del Señor.
Oración Personal.

1. Contemplemos al hombre ciego de nacimiento, a quien Jesús dona la vista. Llama la atención cómo Juan manifiesta que esto sigue siendo en nuestro tiempo, sobre todo, en aquellas personas que se dejan interrogar, curar por Jesús y así se hace una acción buena en él. Sin embargo, de la misma forma que el ciego curado es en primer lugar interrogado por la multitud sorprendida, han visto el milagro y lo interrogan; luego por los doctores de la ley; y éstos interrogan también a sus padres, así suceden en nuestros días ante la incredulidad de muchos. Al final el ciego curado llega a la fe, y ésta es la gracia más grande que le viene dada por Jesús: no sólo poder ver, sino conocerlo y reconocerlo como «la luz del mundo». Esta experiencia la vivimos cuando permitimos que la luz inunde nuestro corazón y todas nuestras acciones van encaminadas e iluminadas por la misma luz. Esto es lo que ven muchos y entre ellos, algunos se quedan sorprendidos y vuelven a la fe y otros, solamente se quedan en la murmuración y en la separación cada vez más fuerte de Dios.
Oración Personal.

2. Mientras el ciego se acerca gradualmente a la luz, los doctores de la ley, quienes están llenos de conocimiento pero no de gracia, como quien duda de la existencia de Dios, se hunden cada vez más en su ceguera interior. Encerrados en su presunción, creen tener ya la luz; por esto no se abren a la verdad de Jesús. Ellos hacen todo lo posible por negar la evidencia, llegando incluso a dudar que aquel hombre hubiese nacido ciego. Su cerrazón a la luz se vuelve agresiva y desemboca en la expulsión del hombre curado del templo. Expulsado del templo. El Papa Francisco va viendo la dureza del corazón del hombre y por lo mismo nos dice: “¡Tantos cristianos detenidos! Tenemos tantos detrás que tienen una esperanza débil. Sí creen que existe el Cielo y que todo irá bien. Está bien que lo crean, ¡pero no lo buscan! Cumplen los mandamientos, los preceptos: todo, todo… Pero están detenidos. El Señor no puede hacer de ellos luz para su pueblo, porque no caminan. Y esto es un problema: los detenidos. Después hay otros entre ellos y nosotros, que se equivocan de camino: todos nosotros algunas veces nos hemos equivocado de camino, esto lo sabemos. El problema no es equivocarse de camino; el problema es no regresar cuando uno se da cuenta de haberse equivocado”.
Oración Personal.

3. El camino del ciego va por etapas, que parte del conocimiento del nombre de Jesús. No conoce a otro que a Él; de hecho dice: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos». Luego, como consecuencia de las insistentes preguntas de los doctores, lo considera un profeta y después un hombre cercano a Dios. Como podemos entender, esta es una catequesis que todos nosotros debemos recorrer, para manifestar que Jesús es “MI” Señor y así pueda siempre doblegar mi vida hacia Él. El alejamiento del ciego, del templo, salir de sus costumbres, salir de su miramiento de incapacidad, le hace que pueda encontrar-se con Jesús y éste le “abre los ojos” por segunda vez, revelándole la propia identidad: «Yo soy el Mesías». Esta es la gran experiencia, pues no sólo es curado de su cuerpo, sino de su espíritu. Por eso el que había sido ciego exclama: «¡Creo, Señor!» y se inclina ante Jesús . Este es un relato del Evangelio que hace ver el drama de la ceguera interior de tanta gente: también nuestra, porque nosotros tenemos, algunas veces, momentos de ceguera interior.
Oración Personal.

4. Por el relato del texto, estamos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para llevar fruto a nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son cristianos: todos somos cristianos, comportamientos que son pecados. Por eso, en el tiempo cuaresmal, debemos arrepentirnos de esto y eliminar este comportamiento para caminar decididamente sobre el camino de la santidad, que tiene su inicio en el Bautismo, y en el Bautismo hemos sido iluminados, para que, como nos recuerda san Pablo, podamos comportarnos como «hijos de la luz», con humil-dad, paciencia, misericordia. Nosotros, como los doctores de la ley, en muchas ocasiones no
tenemos ni humildad ni paciencia ni misericordia. Tiempo de cuaresma, es tiempo de contemplar nuestra ceguera para poder entrar en la luz. Tiempo de preguntémonos: ¿cómo es mi corazón? ¿Tengo un corazón abierto o cerrado hacia el prójimo? ¿Tengo siempre alguna razón nacida del pecado, nacida de los errores que me hace juzgar a los demás? ¡No tengamos miedo! Abrámonos, como el ciego, a la luz del Señor: Él nos espera siempre, para hacernos ver mejor. Para darnos más luz, para perdonarnos.
Oración Personal.

5. El camino de la fe que cada uno de nosotros recorre tiene, como punto de partida, el bautismo; y el punto de llegada será el encuentro definitivo con Dios, Padre. Caminamos guiados por la escucha de la Palabra y la participación en la vida sacramental de la Iglesia y vivimos la justicia y la solidaridad con nuestros hermanos. En este camino de la fe pidamos al Padre ver nuestra propia realidad, superando la superficialidad de las apariencias, agudizando nuestros sentidos interiores para descubrir la acción de Dios que se manifiesta de múltiples maneras. Los fariseos tuvieron la oportunidad de ver y escuchar a Jesús, pero sus prejuicios les impidieron percibir su identidad como Mesías y Salvador. Pidámosle a Dios que fortalezca nuestra fe vacilante y que seamos capaces de comprender su voluntad.
Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
Oremos a Jesús, nuestra verdadera luz, que infunda en todos nosotros una fe firme, personal y comprometida, y digamos:
R/ Señor, que tu luz brille sobre nosotros.
 Por la Iglesia, el pueblo de Dios, para que ayudemos a que la tu luz brille en este mundo y proclamemos tu mensaje de verdad y amor. Oremos.
 Por nuestros gobernantes, para que no sean ciegos a las necesidades de las víctimas de la violencia y el crimen organizado, y de los migrantes. Oremos.
 Por los jóvenes, muchas veces ciegos espirituales a causa de la duda o las formas que el mundo los hace ver, para que puedan gozar de nuevo la luz de la fe y puedan comprometer-se y ser tus testigos entre los demás jóvenes. Oremos.
 Por nuestra comunidad que afirma ser tu seguidor, para que fortalezcamos la esperanza de la gente en los valores del Padre, la bondad, la santidad y la verdad. Oremos.
 Por nuestros difuntos, para que el Señor los acoja en su luz y alegría eternas. Oremos.
Señor Jesucristo, queremos vivir en tu luz. Haz que te veamos, y veamos las cosas y a los hermanos como tú los ves. Porque tú eres nuestro Señor y Salvador por los siglos de los siglos. Amén
6. ¿Soy ciego, Señor? Digo creer en Ti, y vivo como si no existieras. Pretendo caminar por tus caminos y no siento tu presencia. Presumo conocerte y apenas escucho tu Palabra. Digo que ¡nadie hay como Tú! y tiemblo cuando las dificultades asoman. Sí, Señor. Confieso que Tú eres la luz del mundo y me escondo en oscuridades peligrosas. Rezo mirando al cielo y a la vez confío demasiado de las decisiones del mundo. Sí, Señor. Soy humano y, muchos días, me considero exclusivamente divino. Soy pecador y, queriendo o sin querer, me siento justo y honrado. Afirmo conocer todos los secretos y, a mis ojos, se escapa lo esencial. Conozco las ciencias de mundo y no sé cómo encontrarte en mi vida. Sí, Señor. Porque leo tu Palabra y, pienso que es para los demás. Escucho tu Palabra y creo que no va conmigo. Camino, subo y bajo, corro y avanzo y me tropiezo a cada instante dándome de topes contra mis propias ideas y pensamientos ¡Cámbiame, Señor! Mi naturaleza humana, para reconocerte. La forma de mirar para no perderte de vista. El ritmo en mi caminar para ir a tu lado. El ruido de mi existencia para escuchar tus pisadas. La oscuridad de mis pensamientos para
que Tú seas la luz de todo mi ser. Amén

BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo.
Que contiene en sí todo deleite
OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

Los comentarios están cerrados