Sal a darlo todo

Hora Santa.

Este domingo 11, es la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones. El Papa Francisco ha enviado un mensaje a toda la Iglesia y, hemos querido que todos lo escuchen, para que nos pongamos en marcha y seamos pro-motores de la Vocación cristiana.

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

  • Creemos en ti, Padre porque nos das diferentes vocaciones, a hombres y mujeres, que ca-minando en santidad, nos ayuden a entrar en tu Reino. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
  • Creemos en ti, Jesucristo porque nos dices que la cosecha será abundante y en la medida de la gracia con que la acojamos, alcanzaremos el Reino. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
  • Creemos en ti, Espíritu Santo porque nos haces dóciles a la santidad y a ser testigos de la presencia del Reino de Jesucristo entre nosotros. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: tú que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la Resurrección de Jesucris-to, concédenos también la alegría eterna del reino de tus elegidos, para que así el débil reba-ño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Adoración personal
MONICIÓN: San mateo nos dice que el campo que debemos evangelizar es a la humani-dad, nosotros. Y la acción eficaz que es causa del «mucho fruto» es la gracia de Dios, la comunión con él. De pie.
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y pue-blos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades. Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor. Y dijo a sus discípulos: «La cose-cha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha.» Palabra del Señor.
Oración Personal.
1. La oración que Jesús pide a la Iglesia se refiere a la petición de acrecentar el número de quienes están al servicio de su Reino. San Pablo, que fue uno de estos «colaboradores de Dios», se entregó incansablemente por la causa del Evangelio y de la Iglesia. Con la concien-cia de quien ha experimentado personalmente hasta qué punto es difícil entender la voluntad salvífica de Dios, y que la iniciativa de la gracia es el origen de toda vocación, nos recuerda a los cristianos: «Ustedes son campo de Dios». Así, primero nace dentro de nuestro corazón el asombro por una trigo abundante que solo Dios puede dar; luego, la gratitud por un amor que siempre nos aventaja; por último, la adoración por la obra que él ha hecho y que requiere nuestro libre compromiso de actuar con él y por él. Muchas veces hemos rezado con las palabras del salmista: «Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño»; o tam-bién: «El Señor se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya». Pues bien, nosotros somos «propiedad» de Dios no en el sentido de la posesión que hace esclavos, sino de una unidad fuerte que nos une a Dios y entre nosotros, según un pacto de alianza que permanece eter-namente «porque su amor es para siempre».
Oración Personal.
2. En el relato de la vocación del profeta Jeremías, por ejemplo, Dios recuerda que él vela continuamente sobre cada uno para que se cumpla su Palabra en nosotros. La imagen elegi-da es la rama de almendro, el primero en florecer, anunciando el renacer de la vida en prima-vera. Todo procede de él y es don suyo: el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro; pero asegura san Pablo: «ustedes son de Cristo y Cristo de Dios». He aquí explicado el mo-do de pertenecer a Dios: a través de la relación única y personal con Jesús, que nos dio el bautismo desde el inicio de nuestro nacimiento a la vida nueva. Es Cristo, por lo tanto, quien continuamente nos llama con su Palabra para que confiemos en él, amándole «con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser». Toda vocación, en la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagra-ción religiosa y en las vocaciones, testimonio de la verdad en la vida sacerdotal, es nece-sario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios.
Oración Personal.
3. La vocación es un «éxodo que nos conduce a un camino de adoración al Señor y de servicio a él en los hermanos y hermanas». Por eso, todos estamos llamados a adorar a Cristo en nuestro corazón para dejarnos alcanzar por el impulso de la gracia que anida en la semilla de la Palabra, que debe crecer en nosotros y transformarse en servicio con-creto al prójimo. No debemos tener miedo: Dios sigue con pasión y maestría la obra, fruto de sus manos en cada etapa de la vida. Jamás nos abandona. Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro consentimiento y nuestra colaboración. También hoy Jesús vive y camina en nuestras realidades de la vida ordinaria para acercarse a todos, comenzando por los últimos, y curarnos de nuestros males y enfermedades. Me dirijo ahora a aquellos que están bien dispuestos a ponerse a la escu-cha de la voz de Cristo que resuena en la Iglesia, para comprender cuál es la propia voca-ción.
Oración Personal.
4. Les invito a escuchar y seguir a Jesús, a dejarse transformar interiormente por sus palabras que «son espíritu y vida». María, madre de Jesús y nuestra, nos repite también a nosotros: «Hagan lo que él les diga». Les hará bien participar con confianza en un camino comunitario que sepa despertar en ustedes y en torno a ustedes las mejores energías. La vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno. ¿Acaso no dijo Jesús: «En esto conocerán todos que son discí-pulos míos: si se aman unos a otros»? Queridos hermanos y hermanas, vivir este «“alto grado” de la vida cristiana ordinaria», significa algunas veces ir a contracorriente, y comporta también encontrarse con obstáculos, fuera y dentro de nosotros. Jesús mismo nos advierte: la buena semilla de la Palabra de Dios a menudo es robada por el Maligno, bloqueada por las tribulacio-nes, ahogada por preocupaciones y seducciones mundanas. Todas estas dificultades podrían desalentarnos, replegándonos por sendas aparentemente más cómodas.
Oración Personal.
5. La verdadera alegría de los llamados consiste en creer y experimentar que él, el Señor, es fiel, y con él podemos caminar, ser discípulos y testigos del amor de Dios, abrir el corazón a grandes ideales, a cosas grandes. «Los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces. Vayamos siempre más allá, hacia las cosas grandes. Pongan en juego su vida por los grandes ideales». Papás, Acompañen a sus hijos jóvenes por itinerarios de santidad que, al ser personales, «exigen una auténtica pedagogía de la santidad, capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe integrar las riquezas de la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Igle-sia». Dispongamos por tanto nuestra familia y en los corazones de los hijos, a ser «terreno bueno» para escuchar, acoger y vivir la Palabra y dar así fruto. Cuanto más nos unamos a Jesús con la oración, la Sagrada Escritura, la eucaristía, los sacramentos celebrados y vivi-dos en la Iglesia, con la fraternidad vivida, tanto más crecerá en nuestra comunidad la alegría de entender la vocación y de esta manera, los jóvenes sean testigos de la verdad, con Dios al servicio del Reino de misericordia y de verdad, de justicia y de paz. Sólo así la cosecha será abundante y en la medida de la gracia ellos sabrán acoger con docilidad el llamado de Dios.
Oración Personal.
ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
Con la confianza puesta en Dios, convencidos de que el Señor nos llama y da la gracia necesaria para responder, elevemos nuestras peticiones, diciendo:
R/ Dueño de la vida, escúchanos

  • Por el papa Francisco y nuestros obispos, para que, a ejemplo de Jesús, Buen Pastor, guíen a tu Iglesia por la senda del Evangelio. Oremos.
  • Por los sacerdotes, para que sean siempre fieles testigos del don recibido y transmitan el amor de Dios a todo el pueblo. Oremos.
  • Por los religiosos, para que sus vidas sean ejemplo de entrega, confianza y cercanía con todos los que trabajan desde su propia espiritualidad y carisma. Oremos.
  • Por los laicos, para que el quehacer de su vida diaria sepan construir el reino de Dios y muestren al mundo el esplendor del Evangelio. Oremos.
  • Por los matrimonios cristianos, para que la familia sea siempre símbolo de fe, unidad y generosidad, y sus vidas sean testimonios para muchos otros. Oremos.
  • Por todos aquellos que, tras escuchar la llamada de Dios, se preparan en los seminarios y noviciados para, con generosidad y gratuidad, entregar su vida al Señor y a los hermanos. Oremos.
  • Por los jóvenes, para que abran su corazón al Señor y sepan descubrirlo en su vida y dar una respuesta a la llamada que Dios les hace. Oremos.
  • Por todos nosotros, para que con la gracia de Dios respondamos con generosidad y entre-ga a la misión que el Señor nos confía. Oremos.

Acoge, Padre, estas súplicas que confiados en tu bondad y misericordia te presenta-mos. Te lo pedimos, por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
6. Señor, hoy, como en todo tiempo, tú no dejas de decirnos: «Salgan, sin miedo, para servir». Nosotros, los bautizados, respondiendo a nuestra vocación, manifestamos tu iniciativa. So-bre todo, aquellos que dan un paso en respuesta a este Amor primero descubren que tú les esperas con los brazos abiertos. Señor, acompaña y anima la vida fraterna y litúrgica de las comunidades cristianas. Que ella encienda en cada uno, especialmente en los más jóvenes, el deseo de entender cuál es su vocación para ponerse plenamente al servicio de Dios y de la evangelización. Señor, da luz y fortifica a aquellos que tú llamas a consagrarte plenamen-te su vida en el camino del matrimonio, del presbiterado y de la vida consagrada. Amén.
BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo.
Que contiene en sí todo deleite
OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.
ACLAMACIONES:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asun-ción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén

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