“Servir a Dios es identificarse con Jesús”

HORA SANTA

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO

  • Creemos en ti, Padre porque estando tan lejos de amarte con todo el corazón, nos mandas tu Espíritu, para que cumplamos tus mandamientos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
  • Creemos en ti, Jesucristo porque estando tan lejos de amarnos, nos dejas tu Espíritu, para que ideemos nuevas formas de amar al prójimo. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
  • Creemos en ti, Espíritu Santo porque estando tan lejos de escucharte, lleno de amor nos impulsas a formar la comunidad en la que compartamos nuestro compromiso y nuestra esperanza por un mundo mejor. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Tu Hijo nos prometió que no nos dejaría huérfanos. Danos el Espíritu de la Verdad, para que esté con nosotros y viva en nosotros, y sigamos a Jesucristo en el camino que conduce a ti y a los hermanos. Que este Espíritu encienda en nosotros el amor de Jesús, para que hagamos visible a todos la Buena Noticia de su amor. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: Amar a Dios, es amar su Palabra. San Juan nos invita a mostrar ese amor, cumpliendo los mandamientos, y esto lo haremos, si el Espíritu está en nosotros. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes. No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”. Palabra del Señor.

Oración Personal.

1. Jesús nos hace vivir a nosotros con la misma vida que Él tenía antes y después de su muerte; y que ahora se manifiesta de una manera nueva. Se trata de la misma vida de Dios, a través del Paráclito. “Si me aman, guardarán mis mandamientos”. Mandamientos que lo podemos reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni al Padre. Los mandamientos son exigencia del amor y las exigencias no son obligaciones impuestas desde fuera, sino respuesta del amor, que se debe manifestar en cada circunstancia concreta. Así, el pecado del mundo es opresión, que se manifiesta en toda clase de injusticias. El amor es también único, que se extiende en toda clase de solidaridad y entrega a los demás. “Yo pediré al Padre que les mande otro defensor que esté con ustedes siempre”. Cuando Jesús dice que el Padre mandará otro defensor, no está hablando de una realidad distinta de lo que Él es o de lo que es Dios Padre. Habla de una nueva manera de manifestar y experimentar el amor, que será mucho más cercana y efectiva que su presencia física durante la vida terrena. Mandará al Espíritu y también estará con nosotros, pues el Padre y Él vendrán y se quedarán. Esto significa que estaremos siempre bendecidos por que Dios se manifiesta en una realidad múltiple y a la vez única, Dios. Este es el verdadero amor de Dios.

Oración Personal.

2. Paráclito, defensor, el que ayuda en cualquier circunstancia. La defensa para nuestra vida, no viene de otro lugar, sino que es la misma fuerza de Dios-Espíritu que actuará desde dentro de cada uno de los discípulos y tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús, darnos seguridad y guiarnos como discípulos y misioneros de Jesucristo. Jesús, mientras estaba en la vida, comía, enseñaba y defendía a sus discípulos; ahora, cuando Él se despide, el defensor será el Espíritu Santo, pero será mucho más eficaz, porque defenderá desde dentro. Esta es la respuesta de amor de Jesús: “No los voy a dejar desamparados”, huérfanos, es decir, en aquellos con quienes se pueden cometer abusivamente toda clase de injusticias. Jesús no nos deja indefensos ante el poder del mal. Por eso nos afirma que: el mundo dejará de verlo; en cambio, los discípulos sí lo verán, porque Él tiene vida y también regala la vida a quien Él quiere. La profundidad del amor puede dejarnos en lo superficial de la letra. “Dejarán de verme” y “me verán”, no hace referencia a la visión física, se trata de verlo resucitado, de descubrirlo que sigue dando vida. Esta idea choca al mundo, pero es clave para entender bien la resurrección: el mundo dejará de verlo, porque solo es capaz de verlo corporalmente.

Oración Personal.

3. La fuerza del amor de Jesús está en mostrarnos al Padre y dárnoslo, porque somos de Él. Al participar de la misma vida de Dios, de la que el mismo Jesús participa, experimentaremos completamente la unidad con Jesús y con el Padre. Es una experiencia de unidad e identificación tan viva que nada ni nadie podrá arrancárnosla. Es una comunión de ser incondicional entre Dios y el hombre. Por eso, podemos hacer esta relación: si el Espíritu está en nosotros y Él nos une al Padre, podemos afirmar que cuando amamos, es el mismo Padre quien ama. De esta manera, el amor-Dios se manifiesta en nosotros como se manifestó en Jesús. “El que acepta mis mandamientos y los guarda ese me ama de verdad; a quien me ama le amará mi Padre y le amaré yo y yo mismo me manifestaré a él”. Su mensaje es el del amor al hombre. La presencia de Jesús y del Padre se experimenta como una cercanía interior, no externa. El amor brota del corazón que está inundado por el Espíritu Santo.

Oración Personal.

4. En todo el tiempo, leyendo las Escrituras, podemos encontrar esa cercanía de Dios, en el Evangelio vemos cómo Jesús va preparar a los discípulos y con ellos a nosotros, para llevar-nos a la casa del Padre. Esa relación que Dios tiene con el hombre, es una relación de amor, pues quiere que todos vivamos con Él. Dios acompañó al pueblo a través de la columna de fuego y ahora lo hace por medio de su Espíritu Santo. Con esta lectura podemos entender que Dios Padre y Jesús vinieron a vivir con los discípulos. Anteriormente, la presencia de Dios se localizaba en un lugar, la tienda del encuentro o el templo, ahora cada miembro de la comunidad, cada discípulo de Jesucristo será morada de Dios. No será sólo una experiencia interior; el amor manifestado hará visible esa presencia. “Les dejo dichas estas cosas mientras vivo con ustedes”. El evangelista san Juan quiere dejarnos claro que lo que Jesús quiere expresar con esto es que Él nos prepara para vivir como Iglesia y como discípulos la nueva etapa en la que Él ya no estará con nosotros en su cuerpo, pero sí en su Espíritu; siendo nosotros los depositarios “del dulce huésped del alma”. Este es el plan de Dios para el hombre, que nunca el amor, se separará de nosotros.

Oración Personal.

5. La total comprensión del mensaje de Jesucristo, nos llegará por la ayuda del Espíritu. Así lo vivieron las primeras comunidades. Esta experiencia, de vivir en la comunión con Dios, por el Espíritu Santo, hará de los discípulos hombres y mujeres santos, porque el mismo Espíritu los santificará o separará del mundo, porque en su corazón vivirá el deseo del amor y no el deseo de las tinieblas-muerte. La enseñanza del Espíritu es la misma de Jesús. Mientras el Espíritu no nos separe del mundo injusto, no comprenderemos a Jesús. “El Espíritu se los irá enseñando todo, recordándoles todo lo que les he dicho”. Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. “Yo y el Padre somos uno” A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos uno solo con Dios, en el Espíritu y que no está en nosotros como parte proporcional de un Yo, sino como necesario de mi ser, sin el cual el discípulo no puede vivir. El vivir esta realidad es lo que hace la plenitud del que se hace llamar “discípulo misionero” de Jesucristo.

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Fieles al mandamiento de Jesús, que nos llama a amar a todos, unámonos en oración con el mismo Jesús nuestro Señor, y digámosle:

R/ Señor, danos tu Espíritu.

  1. Por el Santo Padre, los obispos y sacerdotes, para que reciban el Espíritu de fortaleza y den testimonio de la esperanza que está viva en la Iglesia. Oremos.
  2. Por los gobernantes y políticos, para que reciban el Espíritu de poder y guiados en su con-ciencia, por él, vivan y defiendan la integridad de todos los pueblos. Oremos.
  3. Por todos los jóvenes, para que reciban el Espíritu de luz y conozcan al Señor y sepan seguirle, buscando su vocación para servirle mejor. Oremos.
  4. Por todos los que están extraviados y desviados del camino del bien y hacen el mal, no pro-curando la paz, sino la violencia, para que reciban el Espíritu de paz y concordia reconozcan a Dios como Padre y dejen de hacer daño a los propios hermanos. Oremos.
  5. Por todos los enfermos y los que sufren alguna pena o tristeza, para que reciban el Espíritu de amor y crezcan en el amor de Dios y de los hermanos. Oremos.
  6. Por todos los que estamos en oración, frente a Jesús Sacramentado, para que recibamos el Espíritu de unidad con fe y comprensión. Oremos. Señor Jesús, derrama tu Santo Espíritu sobre nosotros, para que crezcamos en la esperanza y nos ayude a construir contigo nuestro futuro, pues tú eres nuestro Dios que vive por los siglos de los siglos. Amén.
  7. Por ti, Señor, lo haré. Guardaré tus mandamientos, porque al hacerlo así, soy consciente de que cuido lo más santo y noble que Dios, en tu comunión contigo, nos dejó. Amaré tus mandamientos, porque al amarlos, sabré que amó lo que Tú, estando con nosotros, amaste, defendiste y llevaste en tu mente y corazón. Esperaré al Espíritu Santo, porque en esa espera, estará la fuerza que me auxiliará en el duro combate de mi vida y de mis luchas. Viviré, bajo el soplo de tu Espíritu, porque en la carrera de mis días siento que no puedo llegar al final si, ese Espíritu, lo dejo de lado agarrándome a otros dioses. Señor, miraré hacia el cielo cada vez que me encuentre en cruel batalla con mi soledad. Buscaré respuestas en tu Palabra cuando el discurso del mundo sea promesa hueca. Aceptaré tus mandamientos, porque al aceptarlos, reverenciarlos y vivirlos sé que se encuentra el secreto para dar contigo, para amar al Padre y vivir en el Espíritu. Por ti, y porque lo necesito, lo haré Señor. Amén.

 

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

 

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:

*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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