Sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia

Creemos en ti, Padre porque pones tu confianza en la debilidad de los hombres, dejándolos al frente de la Iglesia de tu Hijo. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque preguntas quién dice la gente que eres tú y reconoces a Pedro como el elegido por el Padre, para dirigir tu Iglesia. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque guías a Pedro, sus sucesores y a todos los que formamos la Iglesia, para guiarla y dar testimonio de ella. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Te damos gracias porque nos has regalado el don de la fe en tu Hijo Jesucristo, Señor y Salvador nuestro. Haz que esta fe crezca en nosotros para seguirte. Danos también una profunda comprensión y confianza en tu Iglesia, para que junto con el Papa y nuestros obispos fortalezcamos la comunidad de tus fieles y juntos demos testimonio al mundo de tu misericordia y amor salvador. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: San Mateo, en el evangelio, manifiesta que con Pedro y como Iglesia expresamos nuestra fe en Dios y en Jesús, nuestro Salvador. Escuchemos. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”. Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías. Palabra del Señor.

Oración Personal.

1. La lectura del Evangelio se centra en la figura de Pedro, el portavoz de los apóstoles. San Mateo presenta la famosa “confesión de Pedro” y la respuesta de Jesús a esa confesión de fe. Esto pasó en Cesarea de Filipo, región pagana en el antiguo territorio de Palestina, como algo que Jesús tiene previsto en la misión de Pedro y los apóstoles, pues no se quedará limitada a su propio país. Deben estar dispuestos a alcanzar las regiones paganas y seguir al Maestro donde quiera llevarles. Él es el amigo y con él compartieron muchos momentos. Una verdadera amistad se ve en la confianza ilimitada. El amigo de verdad es el que está junto a ti cuando más lo necesitas. Jesús quiere saber hasta qué punto sus discípulos están dispuestos a seguirle. De ahí la doble pregunta. Primero lo que dicen tanto los del pueblo de Israel, como los paganos de la persona de Jesús y, Segundo, lo que dicen sus discípulos de Él, en cuanto la amistad para la misión.

Oración Personal.

2. Jesús comienza con una pregunta impersonal. ¿Quién dice la gente que soy yo? ¿Qué impresión tienen los otros de mí? ¿Cómo me ven? La gente percibe a Jesús como un hombre santo, en línea con los profetas y también, en ese momento crítico de la historia, le ven como portavoz de Dios; pensemos en la cananea. “Y ustedes ¿Quién dicen que soy yo?” Jesús no deja a los apóstoles sólo en un nivel superficial. Quiere una relación más personal: “¿quién piensan ustedes que soy yo?” Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.” Es una profesión de fe de más alcance que la expresada por la gente. Jesús no es un simple profeta; es mucho más. Es el Mesías largamente esperado, el Ungido de Dios, realmente el Hijo mismo de Dios. Conociéndole y permaneciendo con él, Pedro y los apóstoles poseen la auténtica presencia de Dios, aquella “luz atractiva” imposible de despreciar y de renunciar. Esta misma pregunta nos la hace Jesús a cada uno de nosotros: ¿Y tú, quién dices que soy yo? En otras palabras te está preguntando ¿para ti, quién soy yo? Debes pensar antes de responder, no se trata de contestar con palabras bonitas aprendidas del catecismo, se trata de responder con la vida. ¿Cómo va tu fe? ¿Cómo es? ¿Qué encuentra el Señor en nuestros corazones? ¿Un corazón firme como la piedra o un corazón arenoso, es decir, dudoso, desconfiado, incrédulo?

Oración Personal.

3. Jesús no pasó desapercibido entre la gente de su tiempo. Todos hablaban de él, unos a favor y otros en contra. Algunos le llegaron a llamar endemoniado y blasfemo, otros lo confundían con Elías, el gran profeta de Israel. También hoy se habla de Cristo y de su obra, la Iglesia. A favor y en contra. Y con frecuencia se aplican en esos juicios unos criterios incorrectos, se emplea una visión materialista y temporal que no llega ni a des-cubrir la grandeza divina del Señor y la naturaleza sobrenatural del misterio de la Iglesia. Sólo desde la visión de la fe se puede entender la verdadera naturaleza del mensaje que Jesús ha traído, la salvación que él ha iniciado con su muerte en la cruz y que la Iglesia proclama y transmite a los hombres de todos los tiempos. Y en esa Iglesia, en ese Pueblo de Dios, una piedra de fundamento. En ese rebaño un pastor. Es cierto que el único Sumo Pontífice es Cristo Jesús, el único Rey, la Piedra angular, el Buen Pastor, la única Cabeza. Sin embargo, Jesús quiso dejar a Pedro y sus sucesores, como continuadores de su obra.

Oración Personal.

4. Pedro, es esa piedra sobre la que Jesucristo edifica su Iglesia, en la que selló con su sangre la fidelidad del Padre. Por eso, en él quiso que estuviera la fuerza de atar o desatar, dándole un nombre nuevo, significando su nueva vocación y misión. Participa ahora de la misión misma de Cristo, es decir Pedro se convierte en trabajador compañero de Jesús para la reconstrucción del nuevo Israel, la nueva casa y familia de Dios. Jesucristo es realmente la piedra angular de este nuevo “edificio”. Comenzando desde Pedro, todos los apóstoles y sus seguidores están destinados a participar en esta vocación y misión de Cristo, su Maestro, reconocido por ellos como el Hijo de Dios vivo. La legitimidad de su función nace de este mandato dado a Pedro por Jesús. De aquí surge también la seguridad de que, mientras permanezcan fieles a este mandato, ningún poder, ni terreno ni sobrehumano, prevalecerá sobre ellos. De esta manera el Señor quiso que su Iglesia fuera una sociedad visible y organizada, con una jerarquía y un supremo jerarca, un pueblo, el Nuevo Israel, regido por Pedro y los otros once apóstoles y ahora por sus sucesores.

Oración Personal.

5. Ahora podemos preguntarnos sobre nuestra misión en la Iglesia, sobre nuestra vocación, porque también a nosotros va dirigida la afirmación, sobre en ti edificaré mi Iglesia. ¿Qué quiso Jesús para su comunidad? Para que la Iglesia sea signo del Reino de Dios, debe expresar en su misma estructura aquello que es el Reino y que hemos visto en los domingos anteriores: expresión de amor entre todos los hombres, de unidad entre los diversos pueblos, de perdón de los pecados, de reconciliación. Pues el Señor quiere que su iglesia sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando. Como dice el Papa Francisco: “Si el Señor encuentra en nuestro corazón una fe, no digo perfecta, pero sincera, genuina, entonces Él ve también en nosotros piedras vivas con las cuales construir su comunidad. De esta comunidad, la piedra fundamental es Cristo, piedra angular y única. Por su parte, Pedro es piedra, en cuanto fundamento visible de la unidad de la Iglesia; pero cada bautizado está llamado a ofrecer a Jesús su propia fe, pobre, pero sincera, para que Él pueda seguir construyendo su Iglesia hoy, en todas partes del mundo”.

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Oremos a Dios nuestro Padre, de quien procede toda autoridad en el cielo y en la tierra, y digamos:

R/ Señor, haznos servidores de tu amor.

Por el Santo Padre, el papa Francisco, para que el Espíritu Santo le fortalezca al dirigir la Iglesia con sabiduría y valor, en corresponsabilidad con todos los obispos. Oremos.

Por los obispos de la Frontera de USA y MÉXICO, para que hablen con valentía palabras de aliento y esperanza; siendo la mano que apoye a los migrantes en su caminar. Oremos

Por los gobernantes y políticos de la Frontera de USA y MÉXICO, para que no abusen del poder o recurran a la opresión o a la violencia, y defiendan los derechos de los migrantes. Oremos.

Por todos los padres y educadores, para que respeten siempre la dignidad humana y promuevan la verdad, la justicia y la paz. Oremos.

Por nuestra comunidad, para que Jesucristo, el Señor, siga siendo la piedra angular sobre la que se edifiquen, construyendo la Iglesia con generosidad y servicio. Oremos.

Padre, ayúdanos a respetar a cada persona como a alguien por quien Jesús dio su vida y sepamos construir con fe y valor, con confianza y esperanza, la Iglesia de tu Hijo, que vive y reina, por los siglos de los siglos.

Te confieso, que no lo sé, Señor. Digo amarte cuando, media hora en tu presencia, me parece demasiado. Presumo de conocerte y, ¡cuántas veces! el Espíritu me descubre fuera de juego. Te confieso, Señor, que no sé demasiado de Ti. Que tu nombre me resulta complicado pronunciarlo y defenderlo en ciertos ambientes. Que tu señorío lo pongo con frecuencia debajo de otros señores ante los cuales doblo mi rodilla. Te confieso, Señor, que mi voz no es para tus cosas lo suficientemente fuerte como lo es para las del mundo. Te confieso, Señor, que mis pies caminan más deprisa por otros lugares que el placer, las prisas, los encantos o el dinero me marcan. Te confieso, Señor, que, a pesar de todo, sigo pensando, creyendo y confesando que eres el Hijo de Dios. Haz, Señor, que por donde yo camine lleve conmigo el letrero de “soy tu amigo”. Que donde yo hable se escuche una gran melodía: “Jesús es el Señor”. Que donde yo trabaje con mis manos o con mi mente construya un lugar más habitable en el que tú puedas formar parte. Amén.

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:

*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

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