Somos diferentes, pero no estamos separados

sarmiento

Creemos en ti, Padre porque tu vida fluye en nosotros, en tu Hijo, por eso te decimos: ¡A ti toda alabanza! (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque tu amor se desborda en nosotros, en el Padre, por eso te decimos: ¡A ti toda alabanza! (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque tu entrega a nosotros por el Padre en Jesús, nos desborda en bien a los demás, por eso te decimos: ¡A ti toda alabanza! (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Tú has querido hacerte cercano a nosotros en tu Hijo Jesús. Por medio de él podemos vivir tu vida generosa, y que fortalece a los hermanos, ya que Jesús vive en nosotros y nosotros podemos vivir en él. Que tu Hijo nos reúna a todos y que todos lleguemos a ser tus sarmientos que demos vino nuevo de justicia y amor, de alegría y paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal

MONICIÓN: Nuestra fe es mucho más que creer en una serie de verdades. Nuestra fe debe ser una unión con una persona viva, unidad de vida con Jesús nuestro Señor. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Del evangelio según san Juan: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.» Palabra del Señor.

Oración Personal.

  1. Todos podemos permanecer unidos a Jesús de manera nueva. Dice el Papa Francisco: “Si por el contrario uno perdiese la comunión con Él, se volvería estéril, es más, dañino para la comunidad. Y para expresar esta realidad Jesús usa la imagen de la vid y de los sarmientos”. Jesús quiere ponernos en guardia frente a las “ilusiones” místicos que tienen poca raíz y que desaparecen al mismo tiempo que llegan. Y lo hace en el contexto de la Ultima Cena, después de haber lavado los pies de los discípulos como gesto de amor y de servicio. Pronuncia entonces unos discursos de despedida, a modo de testamento espiritual. En el primer discurso que sin Él no podemos hacer nada. Nos pide que permanezcamos en Él. El artista que quiere permanecer en el candelero de los espectáculos, tiene que cuidarse, al igual que el futbolista que no quiere ser flor de un día y morir en el olvido.

Oración Personal.

  1. Jesús es la vid, nosotros los sarmientos y el Padre es el labrador. Quiere decirnos con estas palabras que no podemos subsistir como cristianos alejados de Él, que es nuestra vida. Tenemos experiencia de momentos en los que hemos intentado vivir sin contar con Dios, hemos creído que podíamos conseguirlo todo con nuestras fuerzas, pero algo nos ha devuelto a la realidad. Sin Él no somos nada… Es el orgullo y la vanidad lo que nos lleva a pensar que estamos por encima de todo y no hay nada que se nos resista. Somos necios e insensatos…Si cortamos el contacto con la fuente, nuestra vida de fe y nuestro entusiasmo se secan. Los sarmientos, es decir nosotros, necesitamos su presencia provechosa. Así lo constata San Agustín al comentar este evangelio: “En efecto, los sarmientos están en la vid de tal modo que, sin darle ellos nada a ella, reciben de ella la savia que les da vida; a su vez la vid está en los sarmientos proporcionándoles el alimento vital, sin recibir nada de ellos. De la misma manera, tener a Jesús y permanecer en Jesús es de provecho para los discípulos, no para Jesús; porque, arrancando un sarmiento, puede brotar otro de la raíz viva, mientras que el sarmiento cortado no puede tener vida sin la raíz”.

Oración Personal.

  1. Injertados en Jesús con el Bautismo, hemos recibido gratuitamente de Él el don de la vida nueva; y gracias a la Iglesia podemos permanecer en comunión vital con Jesús. Por el bautismo estamos unidos a Jesús y por lo tanto damos fruto de buenas obras. Es decir, amar no de palabra o de boca, sino de verdad y con obras. ¿De qué obras está hablando? De guardar sus mandamientos y de amarnos unos a los otros, tal como nos lo mandó. Entonces experimentaremos que Él permanece en nosotros. Por tanto, permanecer en Jesús no es sólo estar muchas horas en la capilla contemplándole. Es, sobre todo, contemplar el rostro de Dios en el hermano que sufre. Como dice San Agustín, “que cada uno examine su obra y vea si brota del manantial del amor y si los ramos de las buenas obras germinan de la raíz del amor”. Hay personas que sufren mucho en este mundo, padres que ven como sus hijos se lastiman, esposos traicionados, pobres que no tienen nada que comer, inmigrantes que no acaban de encontrar un trabajo digno, personas que sufren por enfermedad, pero sin embargo, mantienen siempre la confianza en Dios. ¿Cuál es su secreto? Si examinamos su vida descubriremos la causa de su paz interior: están unidos a Dios.

Oración Personal.

  1. Continúa el pensamiento del Papa Francisco: “Si uno está íntimamente unido a Jesús, goza de los dones del Espíritu Santo, que – como nos dice san Pablo – son «amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia» y en consecuencia hace tanto bien al prójimo y a la sociedad, como un verdadero cristiano. De estas actitudes, de hecho, se reconoce que uno es un verdadero cristiano, así como por los frutos se reconoce al árbol. Los frutos de esta unión profunda con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona es trasformada por la gracia del Espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos, y también el cuerpo, porque somos unidad de espíritu y cuerpo. Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Jesús se convierte también en la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. Entonces, con su corazón, como Él lo ha hecho, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y sufrientes, y así dar al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz”.

Oración Personal.

  1. Cada uno de nosotros es un sarmiento de la única vid; y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de esta pertenencia común a Jesús y a la Iglesia. Dice el Papa: “Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que podamos ser sarmientos vivos en la Iglesia y testimoniar de manera coherente nuestra fe, coherencia de vida y de pensamiento”. Que nuestra alianza con Jesús nos aporte esa fuerza que anhelamos para seguir compartiendo, viviendo y proclamando los ideales cristianos. Dios espera pacientemente a que demos fruto: nos hizo sus hijos por el Bautismo, nos da frecuentemente el pan de la Eucaristía, nos perdona en la Penitencia, nos anima por la Unción de Enfermos, nos guía con su Palabra… ¿y todavía queremos más de Dios para ofrecerle algún que otro buen fruto de nuestra vida? Unidos en Jesús, nuestra fuerza, afrontemos la alegría de permanecer en Jesús, para que demos frutos abundantes que lleven a los hermanos al Reino y sea para la gloria de Dios Padre.

Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

Pidamos al Padre, permanecer en Jesucristo como sarmientos de la vid, por eso le decimos:

R/. Escucha a tu pueblo, Señor.

Por la Iglesia universal, para que todos sus fieles permanezcamos unidos en Cristo, vivamos en su amor, difundamos su compasión y su calor, oremos.

Por los gobernantes y políticos, para que sus esfuerzos de servicio, produzca unidad, solidaridad y paz, oremos.

Por los cristianos jóvenes, para que el ejemplo de los cristianos fervorosos en su fe; les ayude a mantenerse firmes y se apoyen unos a otros, oremos.

Por los que se han alejado de la Iglesia y de Cristo, para que el ejemplo de buenos cristianos les haga regresar de nuevo al camino del Señor, oremos.

Por todas las comunidades cristianas, la nuestra y otras por igual, para que nos llenemos de alegría, sabiendo que Cristo nos ama y comparte nuestras preocupaciones y nuestros momentos felices, oremos.

Señor Jesús, vid en la que vivimos, permanece siempre con nosotros, guárdanos siempre unidos contigo y con los hermanos, hasta llegar al Padre. Tu que vives y reina, por los siglos de los siglos. Amén.

  1. Señor, siento que soy algo, y resulta que soy poco y nada. Veo, que me creo, grande e imprescindible. ¿Cuándo entenderé que, sin Ti, no hay luz ni vida? ¿Cuándo comprenderé que si me separo de Ti, mi vida es fracaso, cruz, pena sin gloria? Sí; Señor, sin Ti, aunque no me lo crea a veces, siento que soy nada y que me aguarda la nada. Perdóname por las veces que rompo contigo. Por aquellos momentos en que, siendo solo hombre, presumo de ser un “dios” pequeño. Perdón, Señor, vid verdadera, por presentarte frutos de segunda o de tercera, cuando tu esperas todo de primera. Señor: acompáñame y aliméntame con tu Palabra: que sea savia que corra por mis venas cristianas. Auxíliame con tu Gracia, y corta todo aquello que hace estériles mis caminos. Ayúdame a permanecer unido a Ti, pues Tú eres la vida, el camino, la fuente del amor y, permíteme mirar hacia el cielo: donde tú me esperas en la eternidad. Amén.

BENDICIÓN

Les diste Señor, el pan del cielo. Que contiene en sí todo deleite OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES: *Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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