Somos invitados a la Fiesta del Señor

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Creemos en ti, Padre porque nos amas y nos has preparado e invitado a la fiesta de la boda eterna del Reino. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
Creemos en ti, Jesucristo porque nos invitas a tu fiesta de amor a los débiles, humildes, a fuertes y sanos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
Creemos en ti, Espíritu Santo porque nos libras de la tristeza del pecado, para buscar la vida eterna. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN:
Padre: Venimos aquí juntos como pueblo para participar en la fiesta de Jesús, nuestro Salvador. Que esta celebración permanezca como signo anticipado de la fiesta eterna que tú has preparado para nosotros. Haz que nos preparemos convenientemente a consagrarnos a los sagrados corazones de Jesús y de María, para que con brazos abiertos acojamos a los hermanos, pues tú nos tienes un lugar especial en tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oración personal

MONICIÓN:
El evangelio nos recuerda que todo en esta vida es una invitación de Dios, pero con frecuencia presentamos excusas. Invitemos a otros, sin excusas, a la fiesta del amor de Dios. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados: ‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados. Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’. Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: ‘Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación’. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”. Palabra del Señor.
Oración Personal.

1. Estamos a punto de consagrarnos o renovar la Consagración (según el caso). Valdría la pena hacer una pequeña reflexión. ¿Cómo defines tu vida? Hay quien dice que la vida es una montaña rusa, un rompecabezas, un viaje, una sinfonía. ¿Cuál es tu visión de la vida? Es muy posible que bases tu vida en una imagen errónea. Para poder cumplir los propósitos que Dios tiene para ti y cada uno de nosotros, tendremos que cuestionar la sabiduría común y sustituirla con enfoques bíblicos de la vida. La Escritura dice: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación (cambio) de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios”. Cambio, significa, cambiar el rumbo, corregir lo que no está bien, lo que es susceptible de mejorar. Si lo hacemos en los asuntos del mundo, con más razón lo podemos hacer en nuestra vida espiritual. Cambiar el rumbo es lo que cada quien debe reflexionar y hacer lo que necesite para lograr el cambio. Cambiamos cuando le rendirnos adoración a Dios, con nuestro amor, con nuestro agradecimiento, con nuestra alabanza y con una vida más santa. Cambiamos cuando amamos a nuestro prójimo y se lo demostramos con cuantas maneras podemos. Cambiamos cuando nos asemejamos a Cristo. Cambiamos cuando hacemos del servicio una forma de vida y nuestros dones los ponemos al servicio de los demás. Cambiamos cuando lo testificamos ante los demás.
Oración Personal.

2. ¿Pero qué es consagrarse? ¿Qué significa en realidad? El corazón de la adoración es rendirse, entregarse. La palabra “rendición” es poco popular porque generalmente recuerda imágenes desagradables. Es decir que se utiliza en un contexto negativo. Sin embargo la cultura actual de la competitividad nos enseña que nunca debemos darnos por vencidos y que no debemos rendirnos. En todas partes escuchamos que debemos superar todas las dificultades. Pero en el contexto en el que en este momento nos encontramos, en su sentido más puro y más elevado, consagrarse es la respuesta natural al asombroso amor y misericordia de Dios. Nos entregamos a Él, no por temor u obligación, sino por amor “porque Él nos amó primero”. Pablo en su carta a los romanos dice: “Entréguense a Dios, preséntenle todo su ser para propósitos justos”. Después de escribir once capítulos de la carta a los Romanos, explicando la increíble gracia de Dios con nosotros, Pablo nos exhorta a entregar nuestra vida a Dios: “Ofrézcanse a Dios como sacrificio vivo, dedicados a su servicio y agradables a Él”. Esta es la verdadera consagración que deben ofrecer. Entonces, la verdadera manera de agradar a Dios se da cuando nos entregamos completamente a Dios. Ofrecernos a Dios mediante la consagración es la esencia de nuestra adoración.
Oración Personal.

3. Al acto de la consagración, de la entrega personal se le llama de diversas maneras: consagración, es decir que Jesús sea el Señor de nuestra vida, tomar la cruz, morir al yo, ponerse en manos del Espíritu. Lo que verdaderamente importa es lo que se haga, no cómo se le llame. Dios quiere nuestra vida: TODA NUESTRA VIDA. El noventa y cinco por ciento no es suficiente. Hay tres obstáculos que bloquean nuestra entrega total a Dios: el temor, el orgullo y la confusión. No nos damos cuenta de cuánto nos ama Dios, queremos controlar nuestra propia vida y mal interpretamos lo que significa la entrega, la consagración. La consagración personal, la de nuestra familia, la de nuestra ciudad, presupone la confianza. Entonces valdría la pena preguntar ¿Puedo confiar en Dios? La confianza es el ingrediente principal de nuestra entrega a Dios. No puedes entregarte a Él si no confías, pero tampoco puedes confiar en Él hasta que lo conozcas mejor. El temor impide entregarnos, pero el “amor echa fuera el temor”. Cuanto más nos demos cuenta de lo mucho que Dios nos ama, más fácil nos resultará la entrega. ¿Cómo sabes que Dios te ama? Él te demuestra su amor de muchas maneras: te dice que te ama, que nunca te pierde de vista, que cuida de ti, que te perdona, que siempre está contigo, que aunque tú lo olvides Él no se olvidará de ti….
Oración Personal.

4. Dijimos que el que se entrega es porque confía, porque ama. Dios nos ha amado tanto que por no perdernos nos entregó a su HIJO JESUS. El amor de Dios por nosotros es infinito porque aun sabiendo que somos pecadores su Hijo Jesús llegó a la muerte en la cruz por nosotros. Otro obstáculo para que realicemos la consagración y la entrega total de nuestras personas y nuestras vidas a Dios es nuestro orgullo. No queremos admitir que somos solamente criaturas y que no podemos controlar todo. Mucho del estrés del que se habla en todas partes se debe al deseo del control total. La vida es una lucha, pero lo que muchas personas ignoran es que la nuestra, como la de Jacob, es en realidad una ¡lucha con Dios! Queremos leerle la plana a Dios y decirle que no se meta en nuestras decisiones “Light” que Él no aprueba (aborto, inseguridad, pornografía, sexualidad desenfrenada, droga, violencia, bodas entre homosexuales, eutanasia, deterioro del planeta). Seguimos confundidos aún hoy a más de 2000 años de distancia de la presencia de Jesús en el mundo.
Oración Personal.

5. De nuevo retomando la pregunta ¿Qué significa rendirse? ¿Consagrarse? La rendición a Dios no es algo pasivo, no es fatalismo, no es una excusa. No es aceptar el estado actual de las cosas. Todo lo contrario: es sacrificar nuestra vida y sufrir para cambiar lo que se debe modificar. Dios suele llamar a las personas consagradas a luchar por Él. La entrega no es para que reprimas tu personalidad. La entrega, la consagración de tu ser potencia tu personalidad. C.S. Lewis, medievalista, apologista cristiano, señaló: “Cuanto más dejamos que Dios tome nuestra vida, más verdaderamente nos convertimos en lo que somos, porque Él nos creó. Él inventó todas las distintas personas que hemos sido destinados a ser… Cuando me vuelvo a Cristo, cuando me rindo a su personalidad, recién entonces comienzo a tener mi verdadera personalidad”. La auténtica consagración se demuestra con la obediencia y la confianza. Diciéndole “Sí Señor”. Decirle no, sería una contradicción. No podemos llamar Señor a Jesús si nos negamos a obedecerle. Las personas consagradas obedecen a su Señor, obedecen la Palabra de Dios, obedecen a la Iglesia y a su representante el Papa. Incluso aunque piensen que no tiene sentido.
Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
El Señor nos ha invitado a su banquete. Nos ha traído de los caminos y nos ha hecho entrar. Al participar de este banquete, miremos hacia el mundo y sus necesidades y presentemos nuestras peticiones al Padre, diciendo:
R/: Escúchanos, Padre.
1. Por la Iglesia, los hombres y mujeres de todos los pueblos, especialmente de nuestra Diócesis convocados a participar y a consagrar su vida a los sagrados corazones. Oremos.
2. Por nuestro obispo, los hermanos del movimiento “la Misión por el amor de Dios en todo el mundo”, que nos ayudan a consagrarnos, que el amor que brota del corazón de Jesús y María les recompense. Oremos.
3. Por los gobernantes y los políticos, por los que tienen poder en este mundo, que puedan ejercerlos, siguiendo los latidos amorosos de los sagrados corazones. Oremos.
4. Por los jóvenes, llamados también a participar del banquete preparado, que consagren su vida y se dejen transformar por el amor de Jesús y de María. Oremos.
5. Por los pobre, los migrantes y los marginados, que encuentren corazones generosos en su diario vivir, que les hagan agradecidos y descubran el amor de Jesús por María. Oremos.
6. Por los que estamos reunidos en esta hora eucarística, presencia del amor, que aprovechemos la oportunidad de seguir celebrando al consagrar nuestra vida. Oremos.
Escucha, Padre, nuestra oración, y haz que la humanidad entera pueda participar del banquete de tu vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

6. Señor, quiero consagrarme, porque si me asomo al aparador del consumismo, me convertiré en objeto. Si me adelanto al mundo de la moda alguien se encargará de poner un precio. Si miro al mundo, corro el riesgo de hacerme algo temporal. Si miro al cielo, siento que es un vestido que me viene grande. Si me miro a mí mismo, creo sentirme desnudo de lo que tú quieres, Señor. Si te miro a Ti, Señor, creo haber encontrado la mejor tela y la mejor prenda para sentirme reconfortado. Dime, Señor, dónde y cómo consagrarme. Dime, Señor, a qué precio. Dime, Señor, si mi consagración será mi nuevo traje, a la medida de mis posibilidades. Un traje con el tono de la esperanza. Un traje adornado por la caridad sin límites. Un traje que sea tan largo como tu mano prodigiosa, Señor. Un traje que irradie la alegría que, por arriba y por abajo, desgrana el Evangelio. Un traje, mi Señor, que me recuerde constantemente lo mucho que me quieres. ¡Dímelo, Señor! Porque, si me invitas a tu banquete no puedo acudir sin antes tener un traje de consagrado. ¡Dímelo, Señor! ¿Dónde y cómo adquirir un traje para tu fiesta? ¡Ya lo sé, mi Señor! Tu voz, tu Palabra, tus sacramentos, la oración, la caridad y la justicia, el amor y el perdón, la paz y la reconciliación, será mi consagración. Ese será mi traje perfecto para la fiesta de tu amor. Amén.

BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo.
Que contiene en sí todo deleite

OREMOS:
Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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