Tenemos un Dios de vivos y no de muertos.

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Creemos en ti, Padre porque nos llamas a la vida, nos das la luz de tu hijo y por su voz nos invitas a participar de tu vida eterna. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque conoces nuestras tumbas y ataduras, por eso lloras por nosotros y nos invitas a salir de todas nuestras idolatrías. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque tu inspiración nos hace caminar hacia la vida y permi-tes que busquemos al hermano y quitarle sus ataduras. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN: Padre: Tú quieres que vivamos y seamos felices. Haz que salgamos de nuestras tumbas de pecado, de nuestra mediocridad y de nuestros temores. Que la vida triunfe en nosotros, aun en nuestras pruebas e incertidumbres, y haz que nuestra esperanza sea contagiosa para otros. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal
MONICIÓN: Escuchemos porqué afirmamos que Jesús es el dueño de la vida y porqué también nosotros debemos buscarlo para tener vida. De pie.
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Mateo: En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. Jesús dijo a sus discípulos: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. María salió hacia donde estaba Jesús, cuando llegó donde estaba Él, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”. Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él. Palabra del Señor.
Oración Personal.

1. Durante la cuaresma, se nos ha presentado Cristo como el agua viva, como la luz del mundo y como dador de vida. De esta forma nos hemos preparando para celebrar gozosamente el misterio pascual de Cristo. El pueblo de Israel sabía lo que es el cansancio, la debilidad y la muerte, sobre todo en la experiencia del destierro. Y es ahí, en una situación de desesperanza, cuando escuchamos al profeta: “Yo pondré mi espíritu en ustedes y vivirán”. También nosotros tenemos experiencia de dolor, de cansancio y de muerte, sobre todo de la muerte, que con su misterio, nos entristece y no lo sabemos explicar. Hoy también a nosotros nos llega el mensaje: el destino que nos tiene preparado Dios es un destino de vida, no de muerte, más allá de nuestra experiencia de impotencia o de fracaso, creemos que Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, que redime y salva.
Oración Personal.

2. “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. Estas son las palabras que dice Jesús a las hermanas de Lázaro, quien había muerto desde hacía ya tres días. Para quienes creemos en Jesús y lo aceptamos como “mí Señor”, sabemos que después de la muerte será transformada nuestra vida, será plena e inmortal. Como Jesús ha resucitado con su propio cuerpo, pero no ha vuelto a la vida terrena, así nosotros resucitaremos con nuestros cuerpos que serán transfigurados en cuerpos gloriosos. Él nos espera junto al Padre, y la fuerza del Espíritu Santo, que lo ha resucitado a Él, resucitará también a quién está unido a Él.
Oración Personal.

3. El gesto y el grito que Jesús da ante la tumba de Lázaro: ‘¡Lázaro, sal fuera!, es el grito y el llanto que Jesús tiene por ti, que vives atado por el pecado, tus vicios e idolatrías, así como el muerto salió, los pies y las manos atados con vendas y el rostro envuelto con un sudario. Este grito está dirigido a cada hombre, porque todos estamos marcados por la muerte, y que el dueño de la vida te llama porque la quiere dar en abundancia. El papa Francisco dice: “Cristo no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras elecciones de mal y de muerte, con nuestros errores, con nuestros pecados. ¡Él no se resigna a esto! Él nos invita, casi nos ordena, que salgamos de la tumba en la cual nuestros pecados nos han hundido. Nos llama insistentemente a salir de la oscuridad de la prisión en la que estamos encerrados, conformándonos con una vida falsa, egoísta, mediocre. Una invitación a dejarnos liberar de las “vendas”, de las “vendas del orgullo. Porque el orgullo nos hace esclavos, esclavos de nosotros mismos, esclavos de tantos ídolos, de tantas cosas”.
Oración Personal.

4. No hay ningún límite a la misericordia divina ofrecida a todos, por parte de Dios. Con la salida de Lázaro del sepulcro, Jesús nos muestra hasta dónde puede llegar la fuerza de la Gracia de Dios, y por lo tanto, donde puede llegar nuestra conversión, nuestro cambio. Muchos no lo saben o no lo entienden, porque la diferencia no está solamente entre vivo y cadáver, porque hay muertos caminando hoy por la calle, o mirándose al espejo, o sentados frente a la computadora. Son cuerpos huecos, vacíos. O con el hueco del alma lleno de las víctimas de su comodidad y su egoísmo, como una fosa común de cementerio. Personas como zombis, maquilladas con su falsa ilusión, como el rubor o el colorete cosmético sobre su palidez de cadáver. El muerto que camina disimulado entre los vivos verdaderos puedo ser yo mismo o tú. Es desde aquí nuevamente que, reflejándote como Lázaro debes preguntarte: ¿Cómo hago para revivir? ¿Cómo le hago para salir de mi tumba? ¿Cómo le hago para desatarme de todas mis vendas que me atan?
Oración Personal.

5. Hoy que estás frente a Jesús, en la Hostia consagrada, desde tu conciencia -esa rendija abierta a Dios aun cuando las puertas y ventanas del alma clausuradas me transforman en un sepulcro- y sabiendo que Jesús está presente en el mundo; que está vivo; que puede revivirte aunque, por los pecados estés en el proceso definitivo de descomposición, escucha las palabras que Jesús pronuncia con tu nombre: “¡sal afuera de la tumba!” Pídele a Jesús que te reviva, porque no quieres ser más un muerto que camina, no es vida la del alma hueca o la clausura total del egoísmo. Que te despierte del sueño, que te cure de la anestesia permanente. La resurrección comienza desde aquí: cuando escuchas a Jesús y decides obedecer a esta orden de Jesús saliendo a la luz, a la vida; cuando de nuestro rostro caen las máscaras – tantas veces nosotros estamos enmascarados por el pecado, ¡las máscaras deben caer! – y nosotros encontramos el coraje de nuestro rostro original, creado a imagen y semejanza de Dios.
Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
Por la Iglesia, “Señor, si tú hubieras estado aquí”, dijo Marta, “mi hermano no habría muerto”. Señor, haznos conscientes de tu presencia y de tu llamado a vivir tu vida, mientras te pedimos:
R/ Señor, danos vida eterna.
1. Señor da nueva vida a tu Iglesia y dale valor, para que nazca una Iglesia mejor a través de los difíciles dolores del cambio y la renovación. Oremos.
2. Señor, derrama tu vida de manera rica y profunda en los adultos y en los niños que se preparan para el bautismo, para que vivan muy cerca de ti. Oremos.
3. Señor, sostiene a los ancianos y a los moribundos en la esperanza de que resucitarán contigo, para que se confíen a ti con toda serenidad y con fe profunda. Oremos.
4. Señor, sigue inspirando, con el valor y la dignidad de la vida, a los que sufren, a las víctimas de la injusticia y de la desgracia, para que no se desalienten ni se rindan ante las dificultades de la misma vida. Oremos.
5. Señor, mira con amor a nuestra comunidad cristiana. Haz que apreciemos la vida como un don y una tarea, de forma que podamos usar todos nuestros talentos para enriquecerla y perfeccionarla en beneficio nuestro y de los demás. Oremos.
Señor Jesús, álzanos por encima de nuestra mezquina autosuficiencia hacia una esperanza más fuerte que la muerte. Quédate con nosotros ahora y por los siglos de los siglos. Amén
6. También yo, Señor, quiero salir. Cuando me digas “sal de ahí” quiero dejar la fría losa que me inmoviliza que me detiene en la oscuridad y me recuerda que Tú ya no existes que pregona que, la nada o el absurdo, serán mis acompañantes para siempre. Quiero salir y, al verte conmovido porque ya no estaré muerto sino vivo darte las gracias porque, ante todo, me darás la vida Señor. Porque, tus promesas, son más fuertes que la misma muerte porque tu fama, Señor, desde siempre me ha impresionado. Quiero salir, abandonando las vendas de la tiniebla y del llanto para, después de resucitar, cantar eternamente tu gloria y con el resto de los que creen y esperan como yo, enterrar las dudas y las desesperanzas sabiendo que Tú, Señor, tienes palabras de vida eterna Quiero salir, pero, mientras no llegue ese momento, guárdame en tu corazón, Señor, no olvides que, mientras estuve y caminé en la tierra, pensé en Ti, di gracias por haberte conocido, cerré los ojos al mundo con el sueño de poder escuchar un día: ¡Amigo, sal de ahí! Haz, Señor, que mientras asoma ese instante de partir cuando algunos lloren y otros recen por mí te siga amando con todo mi corazón, fuerza y afecto Amén.

BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo.
Que contiene en sí todo deleite
OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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