Vivir con el Espíritu Santo

Creemos en ti, Padre porque dejaste tu Espíritu sobre nosotros que nos impulsa a entendernos, a apreciarnos y a apoyarnos mutuamente. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Jesucristo porque dejaste tu Espíritu sobre nosotros que nos libera de los miedos y nos mueve a servirte con alegría en los hermanos. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

Creemos en ti, Espíritu Santo porque viniste sobre nosotros y quieres unirnos en un mismo amor. Haz que ese amor sea inventivo y creador . (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)

ORACIÓN:
Padre: Haz que tu Espíritu Santo nos sorprenda con el don del ardor y nos renueve como lo hizo con los miembros de la Iglesia recién nacida. Que tu Espíritu renueve nuestros días, nuestro amor y nuestra vida; que nos traiga ternura y alegría junto con apertura y acogida para todos; que nos fortalezca con valentía y coraje para defender y apoyar todo lo que es recto y justo. Que el mismo Espíritu nos una en tu amor y nos lleve a ti. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal
MONICIÓN: Jesús cumple su promesa y se realiza con potencia en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos. De pie.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Juan: Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les per-donen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar” Palabra del Señor.
Oración Personal.

1. La promesa de Jesús a sus discípulos, se cumple. Promesa de enviarles el don del Padre, o sea el Espíritu Santo. Promesa que se realiza con potencia el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos a puerta cerrada, por miedo a los judíos. Aquella gracia extraordinaria, no permaneció única y limitada a aquel momento, sino que es un evento que se ha renovado y se renueva todavía. Cristo glorificado a la derecha del Padre continúa realizando su promesa, enviando sobre la Iglesia el Espíritu vivificante, que nos enseña, nos recuerda, nos hace hablar. Espíritu que es el Maestro interior. El que nos guía por el camino justo, a través de las situaciones, busca al hermano que se encuentra sin Dios para darle vida. A seguirlo, a caminar sobre las huellas de Jesús. “Espíritu Santo ven sobre nosotros para caminar por las periferias que ha marcado este mundo.”
Oración Personal.

2. Los dones son muchos, pero uno es el Espíritu. Estos dones son habilidades permanentes que hacen al hombre obediente para seguir los impulsos del Espíritu Santo. Es decir, que el que se deja guiar por estos dones, obedece con prontitud las inspiraciones divinas y alcanza la perfección de las virtudes. Con estos dones, dejamos que el Espíritu Santo nos recuerde todo aquello que Jesús dijo y reconocemos que en la Iglesia uno se encamina al Reino, al entender la palabra del Señor. En ella está la presencia de Cristo y que nosotros somos su Cuerpo Místico. Por eso, el Espíritu de verdad y de caridad nos recuerda todo aquello que Cristo ha dicho, nos hace entrar cada vez más plenamente en el sentido de sus palabras. Esto es, nos hace dar una respuesta más generosa, donde nos vamos transformando, de tal manera que en nosotros se desarrollan actitudes, elecciones, gestos y testimonio. En esencia, el Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor, y nos llama a vivirlo. Con el mayor fervor y con la mayor humildad posible debemos repetir hoy: “Ven Espíritu Santo y enciende en nuestros corazones el fuego de tu amor.”
Oración Personal.

3. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. En cada uno de los dones del Espíritu Santo, se entiende. Estos dones del Espíritu Santo deben producir en nosotros unos frutos encaminados siempre al bien común. Los frutos del Espíritu, son perfecciones que forma en nosotros el mismo Espíritu Santo. Nosotros debemos estar siempre dispuestos a poner estos dones, estas perfecciones o frutos del Espíritu, al servicio del bien común. Cuando nosotros no estamos dispuestos a poner nuestros dones al servicio del bien común no actuamos dirigidos por el Espíritu. Los frutos del Espíritu son innumerables, pero la tradición de la Iglesia ha enumerado, siguiendo a San Pablo, doce: amor, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad (Gal 5, 22-23). Toda persona que ponga al servicio de la comunidad los dones y frutos del Espíritu que él posea está haciendo un gran servicio a la comunidad cristiana y a la comunidad en general, porque está haciendo presente y visible en el mundo la vida de Cristo. “Espíritu Santo derrámate sobre nosotros para que los frutos que procedan de ti muestren nuestra alegría de ser cristianos.”
Oración Personal.

4. La paz que Cristo desea a sus discípulos, como don y fruto del Espíritu, no es la paz de los cementerios, sino una paz valiente y dinámica, una paz que sea fruto de la justicia y del amor. Es muy importante que los cristianos sembremos en el mundo este don de la paz, predicando con nuestra palabra y con nuestro ejemplo la justicia y el amor de Dios. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. También el discípulo misionero debe mostrar en el mundo el don de su alegría, alegría de personas que nos sabemos salvadas por el Espíritu de Cristo. Un cristiano triste y habitualmente malhumorado no manifiesta en el mundo la vida de Cristo. Se trata, por supuesto, de una alegría interior, de la alegría del espíritu, pero una alegría que debe ser visible exteriormente. Como dice el papa Francisco: ¡No hay cristianos mudos! No hay lugar para ellos. El Espíritu nos hace hablar con Dios en la oración. La oración es un don que recibimos gratuitamente; es diálogo con Él en el Espíritu Santo, que ora en nosotros y nos permite dirigirnos a Dios llamándolo Padre, Papá, Abba; y ésta no es solamente una “forma de decir”, sino que es la realidad, nosotros somos realmente hijos de Dios. «Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios». Dejémonos conducir por el Espíritu.
Oración Personal.

5. El cristiano, discípulo misionero, conducido por el Espíritu, habla con Dios desde la fe. Nadie puede decir Jesús es el Señor, sin el Espíritu Santo. Y el Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociendo en ellos a hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura, comprendiendo las angustias, las esperanzas, las tristezas y las alegrías de los demás. El Espíritu Santo nos hace también hablar a los hombres en la profecía, o sea, siendo humildes y dóciles, de la Palabra de Dios. La profecía es hecha con franqueza para mostrar abiertamente las contradicciones y las injusticias, pero siempre con docilidad e intención constructiva. Por eso, penetrados por el Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que dona la vida. Cristo envió a sus discípulos a predicar, a ser testigos de su presencia y a administrar el perdón como Él lo otorgó. Los cristianos debemos estar siempre dispuestos a llevar su palabra y a perdonar todo y a todas las personas. Un perdón revestido e impregnado de amor, un perdón que quiere salvar y perfeccionar a la persona perdonada. Cristo se pasó la vida perdonando a todas las personas que buscaban su perdón. El cristiano que se niega a perdonar y a aceptar el perdón no es verdadero discípulo de Jesús. “Espíritu Santo que el amor esté en nuestros corazones para que podamos vivir la paz siendo generosos y pacientes con los demás.”
Oración Personal.

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)
Oremos a Dios Padre que derrame sobre nosotros y sobre el mundo entero el Espíritu de amor y de unidad, diciendo:
R/ Renuévanos, Padre, con tu Santo Espíritu.
Sobre el Papa y sobre los obispos, pastores de la Iglesia. Oremos
Sobre las iglesias locales, especialmente nuestra Iglesia de Nuevo Laredo, con sus sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos, sobre los Movimientos Eclesiales, Pastorales y sus Dimensiones. Oremos
Sobre los gobernantes, políticos y quienes buscan obtener una posición de poder. Oremos
Sobre los cristianos perseguidos por su fe, sobre los que dudan, sobre los enfermos, sobre todos los que buscan a Dios y esperan al Espíritu Consolador. Oremos
Sobre los jóvenes que están extraviados, los que buscan su lugar en la Iglesia y los que quieren seguir a Jesús en el sacerdocio, matrimonio o vida consagrada. Oremos
Sobre todos los que estamos reunidos aquí, sobre aquellos que han abandonado nuestra comunidad, sobre los nuevos bautizados en estos días pascuales. Oremos
Padre, envía tu Espíritu a cada uno de nosotros; que él nos inflame con su amor siem-pre, todos los días de nuestra vida, y por los siglos de los siglos. R/ Amén.
Vivir con el Espíritu Santo. Sabemos que Él, nos acompaña aunque no nos demos cuenta; nos habla, aunque no lo escuchemos; nos conduce, aunque elijamos el camino contrario; nos transforma, aunque pensemos que, todo, es obra nuestra. Vivir pentecostés es pedirle a Dios, que nos ayude a construir la gran familia de la Iglesia. Es orar para sacar lo mejor de nosotros mismos. Es leer la Palabra y descubrir que lo dice Jesús para mí. Es comer la Eucaristía, y sentir el milagro de su presencia real. Es rezar, y descubrir el rostro de un Padre que nos ama. ¡Pentecostés es el Dios invisible! El Dios que nos da nuevas energías e ilusiones; que nos levanta cuando caemos; que nos une cuando estamos dispersos; que nos atrae cuando nos separamos de Él. El Dios que nos rodea con su silencio; que nos indica con su consejo; que nos alza con su fortaleza; que nos hace grandes con su sabiduría; que nos hace felices con su entendimiento; que nos hace reflexivos con su santo temor; que nos hace comprometidos, con el don de piedad; que nos hace expertos, por el don de la ciencia Pentecostés, entre otras cosas, es valorar, vivir, comprender y estar orgullosos de todo lo que nos prometió Jesús de Nazaret. Vivir con el Espíritu Santo es dejarse guiar por Él. Amén.

BENDICIÓN
Les diste Señor, el pan del cielo.
Que contiene en sí todo deleite
OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.
ACLAMACIONES:
*Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.
ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DEL PAPA Y POR EL OBISPO

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