“La Transfiguración es escuchar y seguir a Jesús, nuestro Señor”

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
Creemos en ti, Padre porque nos anunciaste a tu Hijo amado, para nuestra salvación que manifestaba la ley y los profetas. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
Creemos en ti, Jesucristo porque nos llevas al monte para mostrarnos el camino de tu cruz, fundamento de nuestra salvación. (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
Creemos en ti, Espíritu Santo porque nos animas a reconocer a Jesús como el único camino que nos da la vida eterna . (Padre Nuestro, Ave María, Gloria)
ORACIÓN: Padre: Transfiguraste y glorificaste a tu Hijo en el monte Tabor para animarlo a su misión y fortalecer a sus discípulos. Que la presencia de Jesús aquí con nosotros, en la adoración eucarística y las palabras que nos dirige, nos transformen y nos den luz para tomar con responsabilidad nuestra misión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Adoración personal
MONICIÓN: La Transfiguración del Señor señala la dirección en el camino del seguimiento, cruz y luz. De pie.
LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS
Del evangelio según san Marcos: En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos». Palabra del Señor.
Oración Personal.
1. El evangelista san Marcos busca que el hombre se dé cuenta de la presencia de lo divino que existe en cada uno de ellos y con esto, despertar en su conciencia que la presencia de lo divino es constante en toda la realidad creada y, de esta manera, el hombre descubra esa cercanía y la viva en comunión. Por eso a Dios nunca podemos llegar por los sentidos. Dios está en cada ser acomodándose a lo que es como criatura, no cambiando o violentando nada de ese ser. Es más, la llegada a la existencia de todo ser es la consecuencia de la presencia divina en él. Esto no quiere decir que la experiencia de Dios no sea real. Quiere decir que Dios no está nunca en el fenómeno, sino en lo interno, en los llamados sentidos internos que cada uno de nosotros posee y que son la base del entendimiento, del conocimiento, del juicio, de la idea de uno mismo como individuo.

Oración Personal.
2. Jesús, por ser hombre verdadero, tuvo que luchar en la vida por mostrar su plenitud como Dios verdadero. Marcos insiste una y otra vez, en que ese Jesús vivo, es el mismo que caminó con sus discípulos por las tierras de Galilea, por eso entendemos que la Transfiguración es la manifestación de Jesús glorificado. No es que Jesús haya sido Dios después de su muerte, sino que lo fue durante su vida terrena, solo que el pueblo de Israel no fue capaces de reconocerlo. En Pedro, Santiago y Juan Jesús quiso manifestarnos su persona en distintas ocasiones: En la oración de su agonía en el huerto. En la resurrección de la hija de Jairo. Pero, igual que nosotros, testarudos, Pedro que escucha a Jesús sobre su pasión y muerte, no quiere saber de ello. Santiago y Juan piden a Jesús ser los primeros en su reino, cuando Jesús muestra cuál es su reino. Los tres y nosotros no entendemos nada del mensaje de Jesús.

Oración Personal. 

3. Sin embargo, Dios habla, se manifiesta en la montaña, en la nube, en la luz, con su voz, pero el hombre se llena de miedo, son todos elementos que aparecen en las teofanías. Ahora vemos a Moisés y Elías conversando con Jesús. Además de ser los testigos de grandes teofanías, representan todo el AT, la Ley y los profetas, claves para descubrir la voluntad de Dios. Por eso Pedro dirá: ¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que antes les había anunciado Jesús, algo que sucederá. Pedro vive el mismo afán de gloria que todos buscamos. Con las “tres chozas”, está en la gloria y pretende retener el momento. Pero manifiesta su falta total de comprensión del mensaje de Jesús y no lo acepta como Dios entre nosotros, sino como un profeta más, no ve que se ha cumplido lo que estaba esperando el Pueblo de Israel, sólo la voz es quien le corrige esta visión errónea que tiene Pedro.

Oración Personal. 

4. ¡Escúchenlo! Significado fuerte que denota: «escúchenle sólo a él». A Moisés y Elías los han escuchado hasta ahora. Llega el momento de escucharle sólo a Jesús. Es curioso que el pueblo de Israel siga siendo el mayor obstáculo para escuchar a Jesús. Hoy tam-bién lo es la estructura religiosa y los prejuicios que nos han inculcado sobre el mismo Jesús. Escuchar, es la actitud básica del discípulo. En el Éxodo, escuchar a Dios no es aprender de Él, sino obedecerle. La Palabra que «escuchamos» nos compromete y nos arranca de nosotros mismos. Lo importante no es que Jesús sea el Hijo amado. Lo determinante es que, cada uno de nosotros somos el hijo amado, es decir, Dios nos ama como si fuéramos únicos. Dios nos está comunicando en cada instante su misma Vida y habla en lo hondo de nuestro ser en todo momento, no en lo externo, sino en lo interno Esa voz es la que tenemos que escuchar. La conclusión no es, que tenemos que aceptar la cruz porque es el único camino para la gloria. La conclusión es darnos cuenta de que no se llega a la vida a través de la muerte, sino que en lo que llamamos «muerte» está ya la vida eterna.

Oración Personal. 

5. El Papa Francisco nos dice: escuchar a Jesús, es escuchar al salvador, es seguirlo, es asumir la lógica de su misterio pascual, es ponerse en camino con Él para hacer de la propia existencia un don de amor para los demás, en dócil obediencia a la voluntad del Padre, con una actitud de desapego de las cosas mundanas y de libertad interior. En otras palabras, es necesario, estar listos a “perder la propia vida”, donándola para que todos los hombres se salven y nos encontremos en la felicidad eterna. El camino de Jesús nos lleva siempre a la felicidad. Habrá siempre en medio una cruz, pero al final siempre nos lleva a la felicidad. ¡Jesús no nos engaña! Nos ha prometido la felicidad y nos la dará, si nosotros seguimos su camino. Con Pedro, Santiago y Juan subamos también nosotros al monte de la Transfiguración y permanezcamos en contemplación del rostro de Jesús, para recibir el mensaje y traducirlo en nuestra vida; para que también nosotros podamos ser transfigurados por el Amor.

Oración Personal. 

ORACIÓN UNIVERSAL (de pie)

El amor del Padre por nosotros se muestra en la entrega de su propio Hijo, por eso nos atrevemos a decirle: 

R/. Padre, escucha el grito de tu pueblo 

Por nuestra Iglesia universal, para que la fortalezcas en la confianza y se entregue al servicio de los hermanos, oremos.

Por nuestros gobernantes, para que con valor y constancia sigan obrando lo que es recto y bueno, aun cuando les exija dolor y esfuerzo, oremos.

Por las familias, para que viviendo en la paz que proviene de ti, puedan donarse y alejar todos los miedos y vacilaciones a la hora de su entrega testimonial, oremos.

Por los jóvenes, para que teniendo manos y corazones abiertos, estén dispuestos a ayudar a todos los que sufren, oremos

Por nuestra comunidad, para que viviendo en solidaridad y cooperación busquemos la comunión y la buena voluntad entre nosotros, oremos.

Por los que estamos presente en esta hora eucarística, para que busquemos la resurrección y la salvación traída por Jesucristo, oremos.

Padre, tú siempre estás de nuestro lado. Escucha nuestra oración que ponemos en manos de tu Hijo, que vive y reina, por todos los siglos. Amén. 

6. Quiero subir y bajar, Señor, contigo y contemplar, cara a cara, el misterio que estando escondido, habla, se manifiesta y te señala como Señor. Quiero subir para contemplar tu gloria y bajar para dar testimonio de ella, en la vida de cada día, en los hombres que nunca se suben a la cima de la fe, al monte de la esperanza, a la montaña donde Dios, siempre habla, nunca defrauda y siempre dice que nos ama. Quiero subir, Señor, para que no me quede en el sentimentalismo, vacío, y bajar para que no quede crucificado por una fe cómoda, donde reniegue de la cruz de cada día. Que entienda, Señor, que para bajar es necesario, como Tú, subir primero a la presencia de Dios, para vivirlo ante la voz de Dios, para escucharlo ante la fuerza de lo alto, para que la vida brille luego con el fulgor y el resplandor de la fe. Quiero subir, Señor, al monte Tabor y contemplar cara a cara, ese prodigio de tu brillante divinidad sin olvidar que, como nosotros, también eres humano. Muéstranos, Señor, tu rostro y, que para bajar al día a día, no olvide nunca de buscar y anhelar los signos de tu presencia. Amén.

BENDICIÓN 

Les diste Señor, el pan del cielo.

Que contiene en sí todo deleite

OREMOS: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. /Amén.

ACLAMACIONES: *Bendito sea Dios. *Bendito sea su santo nombre. *Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. *Bendito sea el nombre de Jesús. *Bendito sea su sacratísimo Corazón. *Bendita sea su preciosísima Sangre. *Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar. *Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. *Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima. *Bendita sea su santa e inmaculada Concepción. *Bendita sea su gloriosa Asunción. *Bendito sea hora-santa-interiorel nombre de María, Virgen y Madre. *Bendito sea San José, su castísimo esposo. *Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

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