Con la Virgen de Guadalupe no somos ni seremos nunca huérfanos, subraya el Papa Francisco

Una multitud de fieles, principalmente provenientes de las comunidades latinoamericanas y filipinas presentes en Roma, acudió a la basílica de San Pedro en el Vaticano para asistir a la Misa presidida por el Papa Francisco en honor de la Virgen de Guadalupe.

Se trata del tercer año consecutivo en que el Papa Francisco celebra esta Misa en honor de la Patrona de México, de todo el continente americano y de las islas Filipinas.

La celebración eucarística estuvo precedida por el rezo del Santo Rosario en español y la entrada en la Basílica de las banderas de todas las naciones devotas de la Virgen de Guadalupe. En la Misa participaron numerosos Cardenales, Obispos, religiosos, religiosas, miembros de la Curia Romana y del cuerpo diplomático.

Entre los fieles estuvo presente Alan Holdren, jefe de la oficina del Grupo ACI y EWTN en Roma, y su familia, quienes llevaron parte de las ofrendas al Papa Francisco.

En su homilía, el Santo Padre afirmó que en medio de los sufrimientos, es bueno recordar que siempre está la Virgen presente. “Celebrar a María es, en primer lugar, hacer memoria de la madre, hacer memoria de que no somos ni seremos nunca un pueblo huérfano. ¡Tenemos Madre!”, exclamó.

Donde está la madre “hay siempre presencia y sabor a hogar. Donde está la madre, los hermanos se podrán pelear pero siempre triunfará el sentido de unidad. Donde está la madre, no faltará la lucha a favor de la fraternidad”.

El Pontífice recordó a “esas madres luchadoras” de América Latina, “que, a menudo ellas solas, logran sacar adelante a sus hijos. Así es María con nosotros, sus hijos: Mujer luchadora frente a la sociedad de la desconfianza y de la ceguera, frente a la sociedad de la desidia y la dispersión; Mujer que lucha para potenciar la alegría del Evangelio. Lucha para darle ‘carne’ al Evangelio”.

“Mirar la Guadalupana es recordar que la visita del Señor pasa siempre por medio de aquellos que logran ‘hacer carne’ su Palabra, que buscan encarnar la vida de Dios en sus entrañas, volviéndose signos vivos de su misericordia”.

Francisco se refirió a la escena evangélica en la que la Virgen María va a visitar a su hermana Isabel, y en el momento del encuentro, María relata cómo “el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti porque has creído”.

El Papa señaló que esta “escena evangélica lleva consigo todo el dinamismo de la visita de Dios: cuando Dios sale a nuestro encuentro moviliza nuestras entrañas, pone en movimiento lo que somos hasta transformar toda nuestra vida en alabanza y bendición”.

Hoy más que nunca, afirmó el Papa, es necesario ese encuentro, porque “la sociedad que estamos construyendo para nuestros hijos está cada vez más marcada por los signos de la división y fragmentación, dejando ‘fuera de juego’ a muchos, especialmente a aquellos a los que se les hace difícil alcanzar los mínimos para llevar adelante su vida con dignidad”.

El Pontífice lamentó la actitud de “una sociedad que le gusta jactarse de sus avances científicos y tecnológicos, pero que se ha vuelto cegatona e insensible frente a miles de rostros que se van quedando por el camino”.

“Una sociedad que termina instalando una cultura de la desilusión, el desencanto y la frustración en muchísimos de nuestros hermanos”.

En concreto, el Obispo de Roma se planteó lo difícil que es presumir de una sociedad del bienestar “cuando vemos que nuestro querido continente americano se ha acostumbrado a ver a miles y miles de niños y jóvenes en situación de calle que mendigan y duermen en las estaciones de trenes, del subte o donde encuentren lugar. Niños y jóvenes explotados en trabajos clandestinos u obligados a conseguir alguna moneda en el cruce de las avenidas limpiando los parabrisas de nuestros autos…, y sienten que en el ‘tren de la vida’ no hay lugar para ellos”.

“Cuántas familias van quedando marcadas por el dolor al ver a sus hijos víctimas de los mercaderes de la muerte. Qué duro es ver cómo hemos normalizado la exclusión de nuestros ancianos obligándolos a vivir en la soledad, simplemente porque no generan productividad; o ver –como bien supieron decir los Obispos en Aparecida–, ‘la situación precaria que afecta la dignidad de muchas mujeres”.

“Algunas, desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas de violencia dentro y fuera de casa’. Son situaciones que nos pueden paralizar, que pueden poner en duda nuestra fe y especialmente nuestra esperanza, nuestra manera de mirar y encarar el futuro”, denunció también el Papa Francisco.

La Misa en honor de “La Morenita”, que en el año 1531 se apareció en el cerro del Tepeyac a San Juan Diego, estuvo acompañada por algunos cantos litúrgicos muy antiguos compuestos en lenguas indígenas.

En concreto, se interpretó un himno compuesto en lengua náhuatl, que contiene el relato de las apariciones de la Virgen a San Juan Diego. Además, se cantaron otros himnos en quechua, mapuche y guaraní.

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