Mensaje de Año Nuevo 2015

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Muy queridos hermanos y hermanas, al llegar un año más, desde el nacimiento de nuestro Salvador, es muy conveniente hacer una evaluación personal del año que hemos terminado, un valiente, sincero y humilde examen de conciencia delante de nuestro Padre misericordioso, que nos haga soltar ante Él todo el peso de nuestros pecados, y llenos de paz y alegría por esta reconciliación, hacer nuevos propósitos para el año 2015. Pero que sean propósitos que valgan la pena, de modo que nos humanicen y cristianicen más y más.

El panorama de nuestra Patria se contempla lleno de nubarrones desde el punto de vista político, económico y social. Pero, al mismo tiempo, yo tengo la esperanza de que esto que hemos vivido, especialmente en los estados de Guerreo, Michoacán y el mismo Tamaulipas, haya sido un tocar fondo para despertar todos a un compromiso para sacar a flote a nuestro México. Por eso creo que más que nunca es necesario orar por nuestras autoridades civiles, para que el Señor les conceda la sabiduría y la fuerza del Espíritu Santo, necesarias para cumplir con su gran responsabilidad.

Llenos de  la alegría del Evangelio, daremos gracias este 10 de enero por el aniversario de bodas de plata de nuestra amada Diócesis de Nuevo Laredo. Los invito para buscar nuevas formas de manifestar el  amor cristiano, hacia dentro de nuestra Iglesia, viviendo en plena comunión todos con todos desde el ejercicio de nuestro Plan de Pastoral; y hacia afuera intensificando nuestras obras de caridad, nuestras buenas relaciones ecuménicas y un trato amigable y cordial hacia nuestras autoridades civiles y demás instituciones de la sociedad.

El año 2015 ha sido señalado por el Papa Francisco como el Año de la Vida Consagrada, y en nuestra Iglesia Diocesana no ha de ser la excepción en acompañar a nuestros hermanos y hermanas consagrados y consagradas, contemplando de cerca el don maravilloso que el Buen Pastor obra por su medio entre nosotros. Ojalá que en este año Dios quiera llamar a muchos y muchas jóvenes a este género de vida, especialmente para agrandar las familias religiosas que evangelizan en nuestras tierras. Que todos y todas demos pruebas de que hemos sido consagrados al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María.

Les expreso mis mejores deseos para este nuevo año: que los niños no tengan otra cosa de que preocuparse más que de obedecer a sus papás, ir a la escuela y hacer sus tareas; que los estudiantes puedan concentrase en sus estudios y, más allá de sacar buenas calificaciones, aprender mucho para la vida; que los trabajadores y trabajadoras pongan todo su esfuerzo por realizar su trabajo con amor y calidad, pensando en sus familias, en todos los destinatarios de su labor, y, por supuesto, en Dios, nuestro Señor; que quienes no tienen trabajo encuentren pronto un empleo digno y estable; que haya paz en cada corazón, paz en cada familia, y que esto se proyecte a toda la sociedad.

Les pido su oración por este humilde servidor y que me manden su bendición, así como yo se las envío, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

+Gustavo Rodríguez Vega

Obispo de Nuevo Laredo

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