Significado del escudo de Mons. Enrique Sánchez Martínez

Escudo Mons 23 dic-02
Escudo de Mons. Enrique Sánchez Martínez

Obispo de la Diócesis de Nuevo Laredo

Contexto del escudo:

El escudo tiene un contexto netamente trinitario. En la parte superior se encuentra representada la santísima Trinidad misterio central de la fe y de la vida Cristiana. Es fuente de los otros misterios de la fe y la luz que los ilumina. No fuera de la Trinidad encontramos la creación y el ápice de ésta: el hombre. Creado a imagen y semejanza de Dios por un designio de amor para que fuera consorte de la naturaleza divina. Apartados de su Creador, Dios no los abandonó sino que envió a su Hijo nacido de la virgen María para redimir y salvar a los que estaban bajo la ley.

Explicación de cada una de las partes del escudo:

En el ángulo superior izquierdo está el Hijo, con la imagen del Señor de Mapimí. Esta imagen se encuentra en el templo parroquial de Cuencamé, Durango tierra natal del Sr. Obispo Don Enrique.

En el ángulo superior derecho se encuentra una paloma que simboliza al Espíritu Santo. Hace referencia a la Catedral de Nuevo Laredo, diócesis a la que llega el Sr. Obispo.

En el centro está el Padre. (Tomado de la pintura del hijo pródigo del pintor holandés Rembrandt). Simboliza la misericordia de Dios Padre que acoge a todo el género humano. El Obispo lleva la misericordia de Dios a sus hermanos y los confirma en la fe. Además, al iniciar el año de la misericordia en toda la Iglesia, la Diócesis de Nuevo Laredo debe ser testigo fiel del amor de Dios sobre todo para los que más sufren y para los más pobres.

En la parte inferior aparece una familia cruzando el Río Bravo. Esto simboliza el contexto principal de la Diócesis de Nuevo Laredo ya que es pasada de emigrantes a los Estados Unidos. Aunque también, la familia simboliza a todas las familias de la diócesis, puesto que, la familia es la célula vital de la Iglesia y de la sociedad. Está presente la Virgen de Guadalupe quien protege a todos los mexicanos y de manera especial a los que emigran a tierra extranjera. La Virgen María no puede faltar en la vida y en la misión del obispo como en la vida de la Iglesia que preside.

El lema es tomado del evangelio de San Lucas 10,33, que está en la narración de la parábola del buen Samaritano: «et videns eum, misericordia motus est». El significado literal es: «y viéndolo con misericordia se conmovió». Este “motus est” indica movimiento. Es una clara invitación a ponernos en marcha. Como obispo y presbiterio, los fieles laicos y todos los hombres de buena voluntad no podemos vivir pasivos, no solo conmovernos, sino movernos como el buen samaritano a curar las heridas de los más vulnerados.

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