“Diluir la identidad católica de una universidad no genera respeto”

Se ha desdibujado el papel de las universidades católicas en el debate nacional, dice el historiador mexicano Jorge Traslosheros

Jaime Septién.

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El investigador mexicano Jorge Traslosheros acaba de participar, como invitado especial, en la 30ª asamblea de la Asociación Mexicana de Instituciones de Educación Superior de Inspiración Cristiana (AMIESIC), es decir, de las universidades que se consideran vinculadas a la Iglesia católica.

En la siguiente entrevista a Aleteia, afirma que la universidad católica se encuentra en una verdadera crisis en México, el segundo país con mayor número de católicos del mundo y donde se fundó la primera universidad de América, la que actualmente es la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución en la que trabaja Traslosheros.

Usted está en una de las universidades más laicas del mundo, me refiero a la Universidad Nacional Autónoma de México. ¿Qué les dijo a las que están vinculadas a la Asociación de universidades “de inspiración” cristiana?

Bueno, en realidad en mi conferencia compartí algunas reflexiones que surgen desde un punto de observación extraño. Soy católico de a pie, un laico del común que trabaja felizmente como investigador en la UNAM. Desde aquí, se les observa sumidas en una crisis de credibilidad por falta de identidad y por una mentalidad centrada en la eficiencia. Es decir, por un frágil testimonio.

Pero, ¿no es cierto que su matrícula no ha sufrido merma?

Yo hablo de su credibilidad, no de su matrícula. Y su credibilidad no depende de números, eficacia administrativa o calidad académica. Son elementos importantes, pero en manera alguna decisivos. Si tal fuera el caso, hace mucho hubieran alcanzado su objetivo. La excelencia es condición necesaria, pero no suficiente. La eficiencia no las justifica.

En México todavía hay mucho miedo a poner el apellido de católico a cualquier institución… Un pasado muy reciente nos amenaza, ¿no es así?

Mire, la verdad es que tanto los católicos como las instituciones tenemos frente a nosotros un dilema cotidiano, una tensión que marca nuestras vidas. La palabra católico puede ser usada como adjetivo calificativo y así decimos “un historiador católico”, “la universidad católica”; pero al hacerlo la transformamos en algo contingente y, por ende, en simple ideología que se puede abandonar, cambiar o manipular. Por el contrario, cuando católico se torna en sustantivo, entonces define nuestra identidad, constituye nuestra persona, nuestro ser en el mundo y la relación con los demás. Se transforma en el suelo firme que sostiene nuestros pasos.

Se suele decir que los católicos en México hemos perdido u olvidado, prudentemente, nuestra identidad… ¿Pasa lo mismo con las universidades de “inspiración” cristiana?

Sí. Esta falta de identidad se hace muy notoria por su escaso involucramiento en los grandes debates nacionales. El espacio natural de la universidad son las ideas, lo que hoy significa articular el diálogo entre fe y razón. Así, a falta de buenas razones, la fe se desdibuja. Su voz es débil. Se deslizan, en tobogán, a la irrelevancia. Para quien está llamado a anunciar con razones la Palabra, resulta grave.

La persecución religiosa del siglo XX nos sumió en un gueto y seguimos en el gueto, decía el maestro Gabriel Zaíd. Usted, ¿extraña algo?

Extraño un esfuerzo consistente y duradero para integrar el concierto de voces católicas, cual sinfonía diría el Papa, entre católicos profesionistas, académicos e intelectuales. Nos urge dar la batalla en el espacio común de la razón contra la dictadura del relativismo y la cultura del descarte que, en México, tiene el desfigurado rostro de la violencia.

¿Puede cambiar el Papa Francisco este ostracismo de la universidades católicas que se enmascaran en el tema de la eficacia y crecen al amparo de una ambigüedad tremendamente ligada a las formas políticas del México oficial, llamándose esa cosa de “inspiración” cristiana? Perdone lo largo de la pregunta, pero es decisiva…

Ante el muy valiente magisterio del Papa Francisco, suena por lo menos extraño observar universidades vinculadas a la Iglesia que prefieren llamarse “de inspiración cristiana”, en lugar de confirmar su identidad con serena firmeza. Diluir la identidad, por el pretexto que sea, no genera respeto alguno. Provoca ironías y burlas pues sólo quien se toma en serio puede ganarse el respeto de los demás. Lo lamento, pero así se ven las cosas desde la UNAM.

Sin embargo, el asunto es más sencillo de lo que parece. ¿Se imagina usted a Francisco diciendo que él no es un Papa católico, sino tan sólo de “inspiración” cristiana? Su firme testimonio –como digno hijo de Loyola– debe llamar a reflexión.

No me lo puedo imaginar, pero ¿y las universidades mexicanas de “inspiración” cristiana lo podrán capotear, es decir, podrán jugar al gato y al ratón en ese llamado a la coherencia que hace a diario en Santa Marta el Papa Francisco?

Francisco acaba de emplazar a las universidades católicas para sumarse a la nueva evangelización como discípulos de Jesús. Con su acostumbrada claridad, afirmó: “En mi reciente exhortación apostólica […] he reiterado la dimensión misionera del discipulado cristiano [el cual] tendría que percibirse de forma especial en las universidades católicas que, por su naturaleza, están comprometidas en demostrar la armonía entre fe y razón y en evidenciar la importancia del mensaje cristiano para una vida plena y auténtica”. Al buen entendedor, pocas palabras.

Pastoral Educativa

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