JMJ: los jóvenes sois la esperanza para solucionar la crisis de valores

Bienvenidos aquellos que deben construir puentes en vez de muros y obstáculos

Alvaro Real

Con la llegada de la Cruz Peregrina y el Icono de Nuestra Señora, símbolos de la JMJ, a la Playa de Copacabana daba comienzo la Jornada Mundial de la Juventud de Río. Jóvenes de los cinco continentes rezaron el rosario: el primero un joven de África; el segundo un joven de Argentina; el tercero un joven de Alemania; el cuarto una joven australiana y el quinto y último misterio un joven de China.

Canciones dedicadas a la Virgen María, el rezo de la salve y actuaciones del grupo “Son by four” amenizaron la espera de los jóvenes para el comienzo de la ceremonia, que finalmente empezó con veinte minutos de retraso. Esperanza e ilusión de los jóvenes, que pronto inundaron el escenario con banderas blancas y amarillas (colores vaticanos) y que junto al himno “Emmanuel” hacían entrega de la cruz y el icono de la Virgen.

Y es que los jóvenes, su ilusión y esperanza de un mundo mejor, marcaron la ceremonia de bienvenida. El arzobispo de San Sebastián de Río de Janeiro comenzaba mandándoles un mensaje esperanzador: “El mundo entero, a través de vosotros, presente en esta ciudad precisa dar testimonio de la solidaridad, el compartir y la acogida del amor de Cristo Redentor”.

“Tenemos muchas barreras e injusticias que superar”, afirmó, añadiendo inmediatamente: “Vamos a construir puentes en vez de muros y obstáculos”.

Monseñor Orani Joao Tempesta comenzó su homilía dando gracias al Papa Benedicto XVI “la elección y las orientaciones, por el tema de la JMJ y por su apoyo” y mostró su alegría porque este lugar sea la acogida del primer viaje apostólico del primer Papa latino-americano de la historia: “Río se convierte en el centro de la Iglesia, viva y joven”.

“Venís de diferentes partes del mundo para juntos compartir la fe y la alegría de ser discípulos”, continuó el arzobispo de Río de Janeiro en alusión a los cientos de miles de jóvenes presentes en el acto, a quienes invitó a ofrecer “el mejor regalo que podemos dar: la presencia de Cristo”.

Dos años han pasado desde que los símbolos de la JMJ fueron entregados a la organización de Río de Janeiro, un momento que quiso recordar monseñor Tempesta: “Cuando estos símbolos nos fueron entregados en Madrid, España, en agosto de 2011, la conmoción se apoderó de los jóvenes de nuestro país, que los ha acogido con entusiasmo en sus comunidades durante este tiempo”.

“Estamos llamados a ser protagonistas de un mundo nuevo. Tengo la certeza de que haréis eso en vuestras ciudades y países. ¡El mundo necesita de jóvenes como vosotros!”, les expresó el arzobispo de Río de Janeiro justo antes de comentar el Evangelio que se acababa de escuchar, “Jesús llama a Mateo para ser discípulo”.

Fue el momento en el que el arzobispo anfitrión hizo el llamamiento más profundo a los jóvenes en esta ceremonia de bienvenida: “Estamos llamados a vivir profundamente la fe en este tiempo plural y de tantos cuestionamientos, en este cambio de época, pero con el entusiasmo y la coherencia de quien se deja llevar por la acción del Espíritu Santo”.

Una llamada que “transforma nuestra vida” y que exige “discernimiento, utopía, sueño, pero también la ayuda de alguien a nuestro lado que nos ayude a reconocer la voz de Dios”, explicó monseñor Joao Tempesta.

¡El otro es nuestro hermano!

“Existe una revolución de amor en este momento: ¡el otro es Cristo para nosotros! ¡El otro es nuestro hermano! ¡Que esto resuene por el mundo! ¡Estamos llamados a vivir construyendo un mundo de hermanos!”, afirmaba el arzobispo de Rio de Janeiro, en una llamada para “sembrar fraternidad por donde pasemos”.

Un pistoletazo de salida para dar testimonio por toda la ciudad de Río: “sois el presente esperanzado de una sociedad que espera que su crisis de valores tenga una solución. Estáis llamados a formar una nueva generación que vive la fe y la transmite a la generación siguiente”, continuó en su homilía, en la que no dudó en pedir a los jóvenes superar las barreras e injusticias.

Los comentarios están cerrados