Pastoral Penitenciaria; llevamos a cabo el Encuentro Provincial

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Una Iglesia en salida. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe. (EG 49).

El pasado mes de marzo, en Piedras Negras, realizamos uno de nuestros dos encuentros anuales de la Pastoral Penitenciaria, donde participaron representantes de la Provincia Monterrey. El tema: La Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”

Aunque el documento no menciona expresamente a los presos, su mismo llamado a no ser insensibles a los excluidos y alejados.

Entre algunas de las ideas que nos impresionaron, contenidas en el capítulo cuarto, destaco las siguientes:

“La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe, necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra… La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención privilegiada y prioritaria” (200)

“Nadie debe decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Esta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, incluso eclesiales” (201)

“Cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas y con recursos vacíos” (207)

Y, ¿qué decir del inquietante llamado con el que termina la primera parte del documento?:

“Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma con el encierro y comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupare nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe… Mas que el temor de equivocarnos, espero que nos mueva el temor de encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos dice sin cansarse: ¡Denles ustedes de comer!” (49)

Todos concordamos que en nuestras diócesis encontramos sacerdotes y comunidades que son un ejemplo de servicio y dedicación al servicio de la Iglesia, pero que también, desafortunadamente, en algunos no hemos encontrado el mismo empuje y que sus prioridades muchas ocasiones no están concorde al Evangelio.

Ya nuestro Obispo nos ha sugerido en este año de preparación al Jubileo, que cada uno de nosotros asuma un compromiso hacia los excluidos. Ojalá tengamos unas palabras de aliento que decir y compartir con los presos. ■

 

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