Reconstruir nuestra ciudad desde la política

En estos primeros días de Julio, tuve la gran oportunidad de participar en un Curso de Doctrina Social Cristiana para estudiantes posgraduados en Roma de América Latina en las instalaciones del Instituto Católico-Social de la Arquidiócesis de Colonia, Alemania. Ahi, uno de los ponentes, el Dr. Josef Thesing, politólogo catedrático en Bonn y en la Xaveriana de Colombia,  compartía la gran experiencia de su vida ligada a América Latina, cuando vivió en Guatemala y Colombia durante los 70’s y 80’s.
Con un español conciso, presentaba la política como el ejercicio del poder en cuanto a organizar la convivencia social y solucionar los conflictos existentes. Todo aquel que pretende cambiar cambiar algo en su sociedad, quien quiera implantar estructuras mejores, condiciones mejores de vida social y económica tiene que actuar políticamente.
Refiero a esta experiencia y a estas ideas expuestas porque me han referido inmediatamente a la situación que en semanas pasadas nuestra ciudad vivió en torno al proceso electoral del 7 de julio pasado. Para cuando usted hermano este leyendo estas letras, seguramente habrá ya una planilla elegida para Presidente municipal y Cabildo, así como las diputaciones que representan a Nuevo Laredo en el Congreso del Estado.
Sin duda no hay mejor oportunidad en reconsiderar nuestra responsabilidad como ciudadanos en construir políticamente nuestra ciudad como cada ocasión en que se presentan las jornadas electorales, sean federales o locales. Todas ellas, son la oportunidad primordial donde, mediante el proceso democrático, es decir, el de nuestra participación en la elección de quienes servirán a la Ciudad y al Estado en el ejercicio político, manifestamos nuestra responsabilidad en la construcción de nuestra sociedad.
No es ajeno a nosotros el daño social, para muchos quizá irreversible, que afrontamos como Ciudad. Ya hemos experimentado que un Gobierno no es quien soluciona “inmediatamente” una ruptura en el equilibrio social. Aquí la primera reflexión:

-Organización de la convivencia Social.
Un primer paso es la conciencia de la responsabilidad común. El Político o quien ejerce la política tiene la obligación de garantizar un entramado social sostenido por los Valores que dan identidad a un determinado pueblo. Piensa en todos aquellos Valores que has aprendido desde tu infancia, en la intimidad del hogar, en la escuela, en la Iglesia. Todos y cada uno de ellos caracterizan la cultura propia, es decir, la forma de ser y quehacer de un pueblo y como este entra en relación con otros.
Quien aspira al ejercicio de la política ha de tener en su conciencia bien fija ser un Guardián de esta identidad, garantizar la convivencia social, sea por una legislación en la construcción del Bien común, sea en la ejecución de acciones que favorezcan el desarrollo de esta identidad. Cuando existe el desorden social, además de ejercer la Ley que proteja la integridad de la comunidad, esta la evaluación conjunta de gobierno y sociedad en la búsqueda de perfeccionar el elemento fundante e identificador de toda sociedad, la Educación. Un pueblo sin educación esta condenado a autodestruirse porque ya no se conoce a si mismo, es decir, no existe ya una plataforma de Valores que le permitan un camino de desarrollo y, mucho menos, habrá en el una preocupación por los demás. Esto propicia estructuras de injusticia que genera, a su vez, el ejercicio de la violencia social, primero anónimo, después permitido a todas luces.

-Solucionar los conflictos existentes.
A lo anterior, se agrega la acción que busca la política: propiciar la participación ciudadana para la solución de los conflictos. Entendemos que no se van a solucionar conflictos ajenos, sino los propios, los de aquella sociedad que, siendo consciente de las carencias en las que ha venido cayendo o de haber puesto en un segundo lugar los valores que la identifican, es un imperativo ponerse manos a la obra en la solución de estos conflictos. De tal manera que, quien aspira a este ejercicio político, ha de ser un amante de su propia sociedad, de su propia identidad como un ciudadano más que se siente llamado al servicio en la animación, coordinación y guía de la solución. Si el conflicto social a llegado hasta las manifestaciones como las que hemos vivido desde hace varios años en nuestra ciudad, quiere decir que el desgaste ha sido muy grande, o en el peor de los casos, porque simplemente solo nos hemos quedado contemplando la crisis social, como viéndola de lejos, como si no nos afectara.
Seguramente tu, como yo, no estamos conformes con la ciudad en la que estamos viviendo. Hemos visto como enfrente de “nuestras narices” el tejido social se he venido destruyendo con la plaga que todo lo pudre, sobre todo en la convivencia social: la corrupción. Y no me refiero solo a aquella que nos encanta denunciar o señalar, la de los otros,  la de aquellos que elección tras elección les confiamos el poder político para que cumpla con estas tareas y cuando se falla, sólo nos resignamos a esperar una Campaña más. Comenzamos a experimentar el cansancio de no hacer nada por cambiar. Aquí esta el reto.
¿Cómo responder?
El Dr. Josef Thesing afirmaba: el valor fundamental de la política es el poder, entendido como la posibilidad de tener influencia para conformar y cambiar la realidad social. Esta se ejerce mediante recursos intelectuales y materiales, a través de sus comportamientos y acciones concretas, que se basan a su vez en valores y mentalidades. Dicho de otro modo, todo aquel que esta llamado a ejercer el poder, debe hacerlo desde su propia escala de Valores y opciones de vida y, más aterrizado en las instituciones que tenemos, en los ideales de un determinado Partido político.
Con esto, tenemos delante de nosotros una primera gran responsabilidad:
– la persona que aspira a este ejercicio ha de tener esta calidad humana esencial;
– ha de estar integrado congruentemente en su vida Valores y Opciones por el bien común;
– la institución política al que esta afiliado ha de responder a la identidad de la mayoría del grupo social, a la integridad de la Ciudad .

Ya hemos elegido, ya tenemos personas a quienes hemos confiado la tarea tan delicada. Pero no harán nada a favor de la construcción de nuestra ciudad sin nosotros, sin nuestra participación, y si podrían llegar hacer poco bien cuando no somos protagonistas de la transformación. Como católicos tenemos la grave responsabilidad de no dar la espalda a quienes hemos elegido, de abandonarlos a su suerte, por el contrario, asumamos este protagonismo de la búsqueda del bien común. Vayamos más allá de nuestro voto. Eso es solo el principio, no los dejemos solos. No tengamos miedo de ejercer la política desde nuestras propias células de relaciones, pues “aunque la política no lo es todo, pero si esta en todo”.

Por Pbro. José Salvador Rojas Sáenz

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